Jamás se fué, siempre ha continuado el camino con nosotros, ahora complementa cada palpitar en nuestros corazones, se ha vuelto un mentor para las lecciones de cada uno y por años y décadas vivirán todos los discursos y ésas palabras que ahora son los recuerdos que lo hacen presente, no sólo en mis letras, sino en la vida que nos transmite, desde el punto donde te encuentres, en donde algún día, nos volveremos a abrazar, donde toda la familia estará reunida, lista para sentarse y no sin antes, volver a escuchar sus palabras fuertes en voz atenta, del discurso que lo hace tan especial. Muchas gracias por darle vida, a ésta hermosa familia, y a la gran figura que me cuida y me protege, como mi roble y gran hombre, que es quien lo extraña, pero siempre vive, vive haciéndole el mejor tributo, todos los días.