A principios de este mes se cumplieron cien años del nacimiento de Rosa Parks una mujer que con sólo un gesto, eso sí lleno de coraje y valor, fue capaz de cambiar el destino de un pueblo.
Puede parecer increíble, pero es cierto, que en, Montgomery, Alabama, y en un buen número de ciudades y estados, en EE.UU, hasta pasada la mitad de los años 50 del pasado siglo las personas de color, negro, no podían sentarse en los asientos destinados a las personas de color, blanco, en los autobuses urbanos.
El 1 de diciembre de 1955 una costurera, negra, se negó a cederle su asiento a un hombre, blanco, por lo que fue detenida. Este hecho llevó a la convocatoria de un boicot a los autobuses cuyos propietarios, tras 13 meses de conflicto, tuvieron que ceder y las personas negras ya nunca más tuvieron que entrar por la puerta delantera pagar el precio del billete al conductor y salir nuevamente del vehículo para entrar por la puerta trasera.
Estaba harta de ceder fue la respuesta que Rosa Parks dio cuando le preguntaron el por qué de su comportamiento y también dijo “No tenía miedo, había decidido que de una vez por todas tenía que saber cuáles eran mis derechos como ser humano y como ciudadana”, al igual que ella, miles de ciudadanos negros, hartos también de las humillaciones a las que eran sometidos, y librando una batalla al miedo, durante más de un año se manifestaron por las calles de Montgomery, y otras ciudades norteamericanas, hasta que consiguieron cambiar la situación que padecían.
Todavía tuvieron que pasar unos años hasta que se aboliese la Ley de segregación racial, pero, el acto de insumisión de Rosa Parks había señalado un camino que se reveló como irreversible.
Seguro que en los años 50, en Alabama, la vida para una mujer, trabajadora y negra no debía de resultar fácil, el hecho de no levantarse del asiento para que fuese ocupado por un blanco te llevaba a la cárcel, y al despido laboral, otro tipo de actitudes que no gustasen a las personas de color blanco podía llevar a la degradación, al sometimiento y a la muerte.
Sin embargo Rosa Parks hizo suyos los versos de Bertolt Brecht, aquellos que dicen “No/ No aceptes lo habitual como cosa natural/ Porque en tiempos de desorden/ de confusión organizada/ de humanidad deshumanizada/ nada debe parecer natural/ Nada debe parecer imposible de cambiar”
Este pasado miércoles el presidente de los EE.UU Barak Obama descubrió en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio una estatua, a tamaño natural, que representa a Rosa Parks sentada volviendo del trabajo.
En su intervención, al descubrir la imagen, el presidente habló del poder de sus principios y señaló que la antigua costurera tiene ahora “el lugar que le corresponde entre quienes han dado forma a la trayectoria de esta nación” añadió, además, que “gracias a hombres y mujeres como Rosa hoy yo estoy aquí, gracias a ellos nuestros hijos crecen en un país más libre y más justo”
Vivimos, en todo el mundo, tiempos confusos, corrupción, desempleo, pérdida de derechos, pobreza, desesperanza… y sin embargo como Rosa Parks en su momento, o las trece rosas, españolas, en el suyo, es el conjunto de la sociedad quien tiene la palabra, usémosla y exijamos que la regeneración democrática, la redistribución de la riqueza, la justicia social, dejen de ser conceptos y se conviertan en una realidad porque eso también contribuirá de manera decisiva a que los reconocimientos a quienes luchan por conseguir un mundo mejor no lleguen más de medio siglo después de sus acciones.