SIR CADOGAN, VEGALOVANIA Y ‘’SIX PACKER KID EL RENEGADO’‘ (Parte 1: Viaje al interior de la Tierra) Año 1870 de nuestro señor, 3 de Septiembre, planeta Tierra. Sir Cadogan (21 años) y el profesor Sigmund (suerte si quieres calcular su edad) caminan acalorados por una recóndita ruta de montaña, rodeados de vegetación y roca madre. Qué pasa chavales. Hacía a penas 3 días que el profesor me había llamado a su mansión, más entusiasmado de lo normal. - ‘’Esta va a ser una gran aventura, Cadogan. Haz tu equipaje en una mochila, que sea lo más ligero posible, salimos mañana de viaje. Ah, y para ésta sí que te traes la espada’’ -. (una especie de espada ‘’gladius’’ que él me regaló, según él de la antigua Roma --probablemente de la herrería más cutre del pueblo-- pues me entrenó desde joven en las artes del combate aunque soy un poco hecho polvo peleando). Todavía no me había contado a dónde íbamos, pero aseguraba que una flor que guardaba en casa le había dado la señal de alerta y debíamos acudir al llamado (wtf¿?). No tengo ni idea de si eso tiene algún sentido pero la flor brillaba que te cagas, excusa suficiente para seguirle el rollo. Resumiendo: cogimos un tren en el pueblo, que nos dejó tras 9 horas de viaje en una zona campestre dejada de la mano de dios, únicamente poblada por 6 casas que constituían (supongo) una pequeña aldea a las faldas de una montaña. Desde allí comenzamos a meternos en zona salvaje y montaña adentro, donde acampamos la primera noche. Al día siguiente continuamos el viaje por caminos serpenteantes, arroyos, acantilados y desfiladeros. Trepamos, descendimos, sudamos, e hicimos la hoguera para pasar otra noche. De la misma forma había transcurrido el día de hoy, hasta que el profesor se detuvo en una zona de espesa vegetación. - ‘‘Es por aquí, ¡estamos llegando!’‘ -. - ‘’¿De verdad? ¿Está seguro? Gracias a Dios’‘ -. - ‘‘Gracias a mí, Cadogan, soy un pro’‘ -. - ‘‘¿Un qué?’‘ -. -’‘Es una expresión del siglo XXI, significa ser el que tiene mejor adn, creo’‘ -. -’‘Ah’‘-. Caminamos durante unos minutos, mientras el profesor ojea un viejo mapa cuyas líneas y dibujos juraría haber visto moverse más de una vez. - ‘‘Es aquí’’ -. Se para delante de una pared de roca cubierta de musgo y rodeada de plantas. Miro la pared. No veo nada impresionante. - ‘‘Qué quiere decir?’‘ -. - ‘‘Que hemos llegado, claro. Es aquí donde empieza lo mejor del viaje, en esta pared.’‘ -. - ‘‘Pero cómo va a ser aquí, hombre, aquí no hay nada..’’ -. le explico con un ligero tono de compasión y preocupación, pensando que quizá el calor y el cansancio han hecho que se le vaya la perola. ‘‘ - Sin mediar palabra y con una expresión de diversión, me levanta cogiéndome de la mochila con fuerza sobrehumana y me lanza contra la pared. No hay nada que hacer, me voy a partir la boca en 3, 2, 1--------------- PUM. Frescor. No me he partido la boca, el ‘’PUM’’ es porque he caído al suelo y el frescor porque hace fresco. Miro a mi alrededor y para mi sorpresa estoy en lo que parece ser una cueva bastante grande. Vegetación, agua... el Sol entra por la entrada de la cueva alimentando a las plantas, que según veo tienen agua de sobra ya que en el interior corre lo que parece ser un río subterráneo. Espera, ¿cómo que el Sol entra por la entrada de la cueva? ¿Entrada? Me giro y veo cómo el profesor se acerca tranquilamente, todavía sonriendo y divirtiéndose con mi cara de asombro. No consigo expresar todas las dudas que hay en mi mente formando un atasco. - ‘‘La pared es falsa, una ilusión. Desde fuera parece que hay roca maciza, pero realmente no hay nada. La ilusión sólo funciona en una dirección, desde dentro no es necesaria, ¿verdad?’‘ -. Me giro y echo un vistazo más de cerca. - ‘‘No deja de sorprenderme. ¿A dónde lleva esto, qué hacemos aquí?’‘ -. - ‘‘Ésto, amigo, es una entrada al mundo intraterreno. Camino directo a una de las ciudades internas, concretamente, llamada ‘’Mense’ Odot-arit.‘’ No sé lo que significa así que la llamo ‘’Mense’‘, y tira que va.’‘ -. - ‘‘Espera, ¿hay gente ahí abajo? ¿En ciudades?’‘ -. - ‘‘Claro, Cadogan. Te lo he dicho más de una vez, igual es que no te acuerdas’‘ -. - ‘‘No, sí que me acuerdo, pero creía que era púa’‘ -. - ‘‘Yo no meto púas Cadogan, pareces tonto. Vamos para adentro, tenemos un largo y sinuoso camino por delante’‘ -. dice el profesor mientras saca lo que parece un trozo de mineral o cristal desgastado de su mochila. - ‘’Todavía no me ha dicho por qué estamos aquí, profesor’’. - ‘’Te lo contaré en el camino, tenemos tiempo de sobra’’ -. Ya casi no puedo distinguir nada más allá de un metro. Me parece escuchar un rugido lejano, como un estremecimiento profundo y calmado... quizá es mi imaginación (pero al igual, sabes jaja). Se pone a frotar el pedrusco con las manos como si estuviera loco y, de repente, éste empieza a emitir una luz blanca y razonablemente potente. Vaya locura. Con una creciente tensión en el estómago y un presentimiento extraño, sigo a Sigmund camino abajo, pasando por al lado del río y adentrándome en la oscuridad. Continuará















