De figuras geométricas, fugas y coches
Por Nicaraguo
Todos los partidos y camaradas revolucionarios serán sometidos a prueba ante los campesinos y tendrán que decidir a qué lado colocarse. Mao Zedong
Llevamos casi un mes de dictadura. De los canteros donde antes germinaban las flores de una primavera que osó eternizarse y lo pagó caro, ahora crecen con solemne pacatería las rejas del No.
Del no lo toques, del no lo hagas, del no lo mires.
En algún momento también esta oscuridad pasará, pero andá a explicárselo a una flor, que sólo sabe de cosas bellas.
En esta distopía neoliberal con ribetes policiales que nos ofrece el macrismo, con la cotización de la moneda imperial campando a sus anchas y la obligatoriedad de visibilizar el documento nacional de identidad ante la prepotencia de la fuerza policial, trona en el cuerpo social en descomposición, legítima y claramente, la siguiente interrogante: ¿cómo y dónde terminará toda esta aventura criminal?
Sin temor a exagerar, desde los campos fructíferos del pensamiento de la izquierda popular, siempre presta a poner el pecho a las balas ante la pasividad de las clases medias, adormiladas con el popcorn de los consumos culturales foráneos y las orgías calóricas en el Rey de la Hamburguesa, se prevé en no mucho tiempo la utilización de algún sistema de reconocimiento más precario y acorde a la obtusa mentalidad de esta dictadura: un sistema de figuras geométricas con colores diferenciados y perfectamente visibles que deba coserse en el atuendo de los trabajadores, de manera que las brigadas policiales de la Metropolitana (ahora engrosadas por la mortífera Orden de la Calavera, la Policía Federal) puedan identificar con mayor facilidad a inconformistas y demás artesanos manuales del orbe callejero. El tallerista portará el triángulo azul; el titiritero, el triángulo amarillo; el artesano, el triángulo rojo.
Y así.
La geometría, ciencia perversa y limitante, puesta al servicio, otra vez, de los enemigos del artesanado urbano y alagorrista.
De la Fiebre Amarilla.
A nadie se le escapa la similitud de este sistema, hoy en la abultada carpeta de Heinrich Peña junto a otros decretos violatorios, con el sistema implementado por el primo alemán del macrismo, la horda nazi, históricamente poco afecta al vivir heterodoxo de la mal llamada indiada latinoamericana.
¿Una exageración?
Preguntale a los homosexuales que desmatrimonializó Hitler con su triángulo rosa a ver qué piensan.
La escenificación de la cacería humana de tres supuestos prófugos a través de la extensa y nueva periferia del macrismo –es decir, todo el territorio que excede los límites del coqueto entramado porteño–, está montada para amedrentar: esto es lo que nos sucederá si decidimos escapar del vientre de la ballena. Macri nos invita a participar, como espectadores, de una de esas icónicas pero insípidas películas norteamericanas de persecución a través de inhóspitas carreteras, llena de disparos y violencia, mientras, al mismo tiempo, aprovecha su propia pantomima distractiva para retacear derechos y despedir trabajadores. A pesar de toda la luminosa y bombástica pirotecnia televisiva, debemos tener siempre en claro una cosa: en esta historia nada es lo que parece y la línea que usualmente divide buenos y malos puede no existir.
Especialmente, se sabe, si en uno de sus dos lados está la policía.
Mientras tanto, los enormes mastodontes sobre ruedas del Dakar continúan arrasando y matando por el norte de nuestro país. Pronto, como la punta de lanza acorazada y mecánica de la decrépita Europa, abrirán una brecha en Bolivia y entrarán en territorio aymará. El campesinado, por ahora, observa esta prepotente demostración de fuerza con desinterés.
Pero cuidado. Al igual que su primo beduino en el norte de África, que harto de la arrogancia expulsó al Dakar de sus dunas a los tiros, la paciencia de nuestros campesinos también es limitada. Por eso debemos hacer un llamado público a no dejarse provocar y evitar por ahora la violencia. No vaya a ser que alguno arroje algún cacharro a una de estas tanquetas y eso sirva de pretexto para que el macrismo ocupe y venda los sembradíos del campesinado; que privatice los conucos.
Sin embargo, una advertencia para Macri, pero también para sus amos europeos: si vienen a buscar tiros, tiros conseguirán.
¡Alerta los pueblos!










