Sol y agua salada: Los dos ingredientes para curar el alma
Como es usual en nosotros: no lo planeamos pero aquí estamos.
Ir y venir escucho las olas, la marea lenta y segura va subiendo.
El violento sol de mediodía paciente colorea nuestra pálida piel.
Cuerpos casi desnudos que se mezclan en el va y ven de las olas,
nos miramos, hablamos, coqueteamos… no hay tabúes, no se emiten juicios,
nada se puede llamar ‘raro’ entre nosotros o ¿acaso todo lo es?.
Dormir en hamaca, hacer el amor sobre la arena, cantar, reír...
Puedo sentir como cada vez más la felicidad invade mi ser.
Las llamas de la fogata calientan nuestro rincón,
escenario divino, lleno de amor, lleno de ti, lleno de mí.