I can see violence in your eyes.
@tunacatx
Ella le ponía atención al contrario e incluso, se tomó la libertad de elevar una de sus perfectas cejas cafés cuando oyó el comentario de Alec. Ella solo golpeteaba sus uñas rojas contra la mesa sin dejar de ponerle atención, disfrutó cuando él preguntó más sobre la situación que ella vivía, se inclinó hacia la izquierda mientras tomaba el bolso negro para colocarlo sobre sus finas piernas y decidió añadir:
— ¿Sabía que usted y yo tenemos algo en común, señor Gontier? Ambos tenemos sangre de personas en nuestras manos. Ambos, somos hijos de la muerte y del amor.
Al pronunciar la última palabra su sonrisa leve que había mantenido por esos minutos, se borró cuando sacó una gran carpeta para entregársela a él. Dicen por ahí que meterse con una bruja, nunca fue la mejor cosa que alguien con cerebro podría hacer pero ¿Para qué buscar a Alec si ella podía usar algo encantamiento y hacer sufrir a su presa? No podía sola y menos ahora que era una prófuga de aquél lugar en donde la encarcelaron. Sus muñecas tenían vendajes, quizá porque casi pierde sus manos para que ella pudiera revivir humanos que se habían ido para intentar ser entrenada para ser una arma pero ella logró huir.
Elysia quería destruir esa organización, quería fuego, quería sangre y quizá unas cuantas almas para mantenerse viva por más tiempo. Sus ojos volvieron a los del contrario, volvió a sonreír levemente para poder agregar:
— Necesito que me acompañe a buscar a este hombre, destruirlo y quitarle la vida a cada ser de ese lugar. Muy relacionados al ejército, eso sí…Y yo, puedo darle lo que usted desee: Su pasado, dinero o quizá…que remueva esa pequeña especialidad que usted tiene debajo de su piel. ¿No suena justo, señor Gontier?
Finalmente, ella entrecruzó sus dedos de las manos sin dejar de verlo con cierta ansia y le guiñó con unos de sus ojos. En definitiva, el Diablo sabe más por viejo que por Diablo.
Ser desconfiado era lo suyo. Y vaya que desde tener uso de razón aquello le había venido siendo útil de una manera especial. Estar allí, entonces, ante una mujer con demasiado misterio sobre sí misma de alguna manera le recordó a tiempos pasados, años en donde la IPCA era todo lo que tenía. Sólo que aún no estaba seguro qué tan agradable o amargo sería todo al final del día. Sin embargo, y pese a esa incertidumbre interna, Hellsing se las arregló para mantenerse pulcro y sereno. Oyendo y siendo fiel a cada movimiento foráneo incluso cuando no lo parecía.
«Gontier» Cada vez que aquel apellido escapó de los labios femeninos, resultaba familiar a una espina clavándose en su pecho.
—He de decir que estoy de acuerdo con su punto de vista relacionado a la muerte… —Admitió siendo él quien se inclinara ahora, recortando distancia frontalmente. Manteniendo de un tono con tinte privado— Pero no se fíe de lo común, pues he visto como eso traiciona al primer descuido. Considérelo. En cuanto al nacer bajo el amor, créame, he venido desterrado de eso desde siempre.
No, no era una advertencia ni nada similar. Y quizá tampoco un consejo. Ella parecía saber más de lo imaginado, y él simplemente continuaba tanteando terreno para cuantificar el límite de ello.
—Ahora y antes de proseguir —apoyando sus antebrazos en la mesada, su tono sigiloso se acentúo—, acordemos que dejará atrás y olvidado el apellido Gontier. Y cuando digo olvidado, me refiero no volver a mencionarlo ante nadie a partir de ahora. Todo lo que tiene ante usted, es a un detective de homicidios, con sangre en las manos, sí, pero no a un estúpido con aire mercenario al que pueda reclutar. Soy Hellsing, Alec Helling. ¿Estamos?
Sin apartar la mirada de ella, atrajo hacía él del archivo ofrecido para revisar el interior como si fuera un caso nuevo. En cierto modo y desde posicionar sus dedos en la cubierta, supo que ya no habría vuelta atrás. Entonces fue cuando se preguntó: ¿Por qué diablos no podía ser como Jones y enviar todo al demonio?
—Ya hablaremos sobre qué, eventualmente, podría solicitar como recompensa. No olvide que aún no he aceptado. Además, no lo tome a mal, pero entre nos, yo continúo siendo tierra neutra entre usted… —Se silenció un par de segundos, contemplando de una fotografía— Y sus asuntos.














