Un pasado imperfecto e irregular.
A veces también sentía esas incontrolables ganas de destruirlo todo, que el mundo colapsara, que el fin de los tiempos llegara, que el terror y la desesperación se apoderara de cada corazón existente en el planeta, que se abriera el cielo y los mares se desbordaran, que no hubiera en ningún lugar algún sitio de refugio y salvación; su mundo se estaba acabando, estaba muriendo.
Se ahogaba. Nadaba constantemente hasta una orilla a la que nunca llegaba, y cansado se sumergía; agotado dormir no parece tan malo y el sonido de las olas le mecía, no respira pero ahora puede soñar.
Se rompía. El estruendo de crujidos incesantes en el pecho le ha ensordecido, habla y no le escuchan, hablan y no escucha, el tímpano no soporta las frecuencias del ensordecedor silencio, todo lo no dicho hace ruido, las palabras gritan y mueren, calla para honrarles con respeto existieron pero nadie las conocerá jamás.
Se perdía. La mente puede llegar a ser un laberinto siniestro de ilusiones tenebrosas que adornan al pasado con colores turbios que posiblemente antes no lo teñían, a saber, una vez más camina a la deriva mientras su cuerpo estático proyecta una mirada vacía; a fuera el sol brilla pero por adentro llovizna.
- Oye, ella es rara.
















