Segunda carta: Perdón, me canse de tus disculpas
“Lo siento”, esa se convirtió en tu palabra favorita. Solías disculparte por no estar, por irte, por llegar tarde, por simplemente ir convirtiéndote en un espejismo cuando antes habías sido la mejor realidad que pude tener. “Lo siento”, recuerdo que cuando comenzó a aparecer esa frase, no parecía tener mucha importancia, hasta que ésta se volvió más habitual que un “te amo” o “te extrañe” y se convirtió en algo similar a un “hola”.
No sé cuántas veces pasé frente a la pantalla del móvil esperando un mensaje tuyo durante el día, así como tampoco imaginas las ocasiones en las que corrí pensando que eras tú, para descubrir que incluso mi compañía de teléfono me escribía más que quien decía “amarme como a nadie más había amado”.
“Lo siento”, solías escribir cada vez que intentaba mantener la plática y no encontrabas otra manera de irte, que esa. La vía rápida para no dar explicaciones, para evitar preguntas o para simplemente evitarme a mí. Pero no te disculpabas por tener tiempo para todos tus amigos y redes sociales, menos para mí.
“Lo siento”, me decías cuando estaba hasta las 3 o 4 de la mañana despierta, porque sabía que esas eran las horas en las que me solías responder. Muchas veces me cuestioné si lo hacías pensando que dormiría y así podrías esquivarme. Otras tantas intente justificarte, pero dime ¿qué persona no tiene al menos un minuto para comunicarse con alguien que le importa?. Dicen que el que no te respondan, es una respuesta también y vaya que me costó meses entenderlo. Entender que hasta la persona más enamorada se cansa de dar todo, por alguien que solo se limitaba a recibir.
Fueron tantas tus excusas y disculpas que me acostumbre a tu ausencia, me acostumbre a la idea de que esta relación siempre fue solo mía, porque jamás tuviste el mismo interés que yo para sostenerla. Por eso una tarde me disculpe contigo, así como tú solías hacerlo, me disculpe porque el amor no bastó para mantener mi corazón intacto. Me disculpe por todo el tiempo que me aferré a algo que tu cobardía no fue capaz de terminar y yo aún deseaba que siguiera. Me disculpe porque ya no quería más excusas, pretextos o disculpas, porque me canse de eso. Y entendí que un “lo siento”, no bastaría para suturar todo el daño que yo misma me había hecho al cegarme por tu “amor”.
—Una chica cualquiera











