FLORES. CORAZONES. CHOCOLATES. El lège, el único lugar en el que se puede sentar a tratar de olvidar todos sus problemas, ahora decide estrellárselos todos en la cara. En cuanto entra al café, decorado hasta la raíz, lo primero en lo que piensa es en Theo, cosa que, horriblemente, no quiere ni ser recordado en el momento. Cierra los ojos, suspira, y como no conoce muchos otros lugares en Senlis, prefiere adentrarse y simplemente ignorar el hecho de que todo huele a romance-- hasta que se estrella con alguien, y hace que el café ajeno se derrame en un ramo de rosas. “ Genial. ” Musita al notarlos a ambos empapados, y se lleva los dedos a los ojos, frotándolos.












