El maltratador engaña al principio. Te dice lo que quieres oír, y espera a que lo beses, no para convertirse en sapo, sino para mostrarse como el depredador que es. Durante un tiempo ocultará su forma. Pero después, cuando tú se lo permitas, se quedará con el cuerpo del monstruo que es. Y solo te lo enseñará a ti. Para los demás será un hipócrita. El maltratador te quitará tus ropas y te vestirá con las suyas. Te anulará y te hará dependiente. El maltratador te dirá que hace maldades porque tú le obligas a ello; te pegará porque “tú te lo has merecido”. Silenciará tu voz, te amordazará. No dejará que te expreses. Y siempre te tendrá bajo control, y te mantendrá en su prisión, porque te quiere tanto que solo te quiere para él. Todos los que pegan son maltratadores. Pero no todos los maltratadores pegan. Como mujeres hay que abrir los ojos. Ningún acto de represión es bueno. Todos aquellos que te obliguen a permanecer bajo su yugo, bajo su “ala protectora” porque “eres solo de ellos y de nadie más”, no te quieren. En realidad, te desprecian tanto que odian verte brillar lejos de ellos. Así que, si estás pasando por algo parecido, denúncialo. Antes de que no puedas hacerlo. Y si veis que alguien, vecino, conocido, amigo, familiar, está pasando por lo mismo, implicáos y animadlos a denunciar. Y si no sabe o le han arrebatado todo el valor, hazlo tú en su nombre. #vdevalkyria.