Zombie life/ Cuentos que contar
Regalo para miksvanilla por su cumple. Es terrible, pero lleno de afecto ♥ Se te aprecia dear.
En un mundo donde los zombis habían reemplazado al hombre en la cadena evolutiva, María había sabido adaptarse.
—¿Vene? —llamó Gregorio al verla detenerse en seco y mirar a sus alrededores. Nunca era buena señal cuando en medio de un patrullaje, la chica hacía eso.
—Ssshhhh —respondió esta, levantando la mano cómo señal para que el dominicano no la distrajera.
María tomó la pistola de su cinturón, y sin muchos preámbulos, disparó tres tiros a la espesura del bosque.
Se oyeron un par de sonidos de cuerpos cayendo al suelo y ambos guardaron silencios por unos segundos.
—¿Cuántos? —preguntó Gregorio.
—Exactamente tres —contestó María, satisfecha.
—Es increíble que logren pasar el rio —comentó Gregorio, meneando la cabeza—. Ojalá llueva pronto, no me gusta gastar balas en estos.
El rio formaba la defensa natural más efectiva entre su campamento y los zombis. Pero en estaciones secas, cuando el cauce se volvía menos fuerte, alguno que otro lograba cruzarlo.
La visión de María y su oído eran geniales para eliminar zombis perdidos en el bosque –su segunda defensa natural-, por lo que era una regla no escrita que la chica saliese en casi todos los patrullajes. Luego de un par de revisiones mas, decidieron llamarlo día trabajado y volvieron al campamento.
—Um, ¿quieres manosearme un rato antes de llegar? —propuso Gregorio, al notar que se había formado un silencio entre ellos, cosa extraña.
—Nah.
—¿Jugar un poco de beisbol cuando lleguemos?
—Nah.
—¿Bailar la misma vieja canción que tenemos gravada desde hace más de un año?
—Quizás…
—¿Qué tienes?
—Estoy harta de los zombis —confesó María en un suspiro. Últimamente había tomado la mala costumbre de imaginar que tipo de vida habían tenido los no-muertos, y eso era terrible para su humor. Lograba ignorar esos pensamientos la mayor parte del día, pero de tanto en tanto le asaltaban de forma inesperada, cómo en ese momento.
—Si quieres puedes pedir un descanso y quedarte trabajando en el campo cultivando cosas.
—Creo que eso haré… ¿te quedas conmigo?
—¡Claro!
María sonrió y Greg hizo lo mismo al verla hacerlo. El resto del camino, se la pasaron comentando que iban a cultivar.
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Cuentos que contar
—Vene ha estado desaparecida desde el viernes, ¿y no te preocupas? —cuestionó Martín a un calmado Francisco quien bebía su café. Había tratado de contactar a la venezolana, pero no podía hablarle y menos sentirla. Era obvio que ella no quería ser encontrada.
—Hablamos de Venezuela, Marti —le recordó Francisco tranquilamente—. Debe estar desmantelando alguna banda criminal o algo así.
—¿Todo el fin de semana? —cuestionó Argentina.
—Le gusta tomarse su tiempo.
Un golpe se oyó a la puerta, y cómo si hubiese sido invocada, Venezuela se hizo presente en un segundo. Caminó por la sala, sacudiendo sus ropas de polvo con dignidad, aunque eso no ayudaba en nada a su apariencia. Parecía salida de la boca de un dragón.
—Hola Pancho, hola Martin. Con permiso.
Los chicos miraron en silencio cómo Venezuela subía las escaleras, probablemente a darse un baño.
—Seguro encontró algo en alguna mina abandonada —informó Francisco encogiéndose de hombros.
Marín pensó que aun tenía mucho que aprender sobre María, y que estaba dispuesto a escuchar atentamente sus aventuras.
FIN
Bueno, algo hecho a prisas pero no quería pasarme porque hard week. Se te quiere dear, gracias por las conversaciones y butts. Se aprecian xD ¡Besos!











