liferuiners meme: favourite photos of adelaide kane [12/15]
CBS Watch Photoshoot (2014).

#interview with the vampire#iwtv#amc tvl#sam reid#jacob anderson




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liferuiners meme: favourite photos of adelaide kane [12/15]
CBS Watch Photoshoot (2014).
She is the sunlight, the sun is gone. [x]
No hay miedo ni comprensión en aquellos ojos azules, que se le clavan de forma hiriente y acusadora. Sólo rabia. Ira. Incluso un leve deje de dolor. Katherine entiende al vuelo por qué. Es una mirada similar a la que él le dedicó cuando, en el salón de la mansión Salvatore, ella le confesó que siempre había sido Stefan; sólo que más... enfurecida. Colérica. De pronto, Katherine recuerda por qué no tiende a decir la verdad. Porque a nadie le gusta oírla. Y aquella era la suya, sin cura, sin remedio, sin nada que pudiera hacerla cambiar. Porque quinientos años con una misma mala costumbre te impide mejorarla de buenas a primeras. Lo quisiera Damon o no, Pierce es plenamente consciente de sus limitaciones. Y, aunque sea extraño, no se avergüenza ni arrepiente de ellas. Vivir siempre ha sido siempre su prioridad. Vivir, vivir, vivir. Pero entonces, ¿por qué tiene aquella desagradable sensación al mirarle a los ojos? Por qué no puede aguantarle la mirada como antes: altiva, serena, impasible. Indiferente ante lo que él pudiera pensar. Consciente del daño que le hizo, e incapaz de sentirse culpable por ello. No había pasado tanto tiempo. ¿Qué había cambiado? De pronto, el mayor de los Salvatore nombró a su hermano. Aquella es la segunda vez que Stefan entra en la conversación, pero ahora su nombre remueve algo en su interior. Y no le gusta aquella sensación, como su nueva actitud ante Damon. Vulnerable. Frágil. Y, como aquellas muñequitas de porcelana, ahora rota. Sabe de sobra por qué lo ha dicho. El rencor se denota en su voz. Odio. Y de nuevo, rabia. Y una parte de ella quisiera reparar lo que acababa de decir. Suplicarle perdón y confesarle, aun sabiendo que no le creería, que el único motivo que le había llevado a buscar a Zelinda, la única razón que, contra todo pronóstico, parecía conducirla a la boca del infierno… Estaba justo delante de ella. Pero entonces, algo en su interior se rebela. Si terminarás huyendo... hazlo ya.. Katherine Pierce despierta como de un sueño. O, aún peor, una pesadilla. Y se percata entonces de en qué se ha convertido. De en qué le han convertido aquellos sentimientos, aquellos meses de separación, de búsqueda, de esperanzas. No es más que una sombra de la Katherine que se marchó de Mystic Falls, dos meses atrás. Sin miedos, sin ataduras, sin remordimientos. La Katherine incapaz de mirar por nada ni nadie que no fuera sí misma. La Katherine que no habría buscado a Zelinda, ni traído de vuelta a Stefan… Ni siquiera, se hubiera molestado en curar a Damon. Esa Katherine que, durante aquella conversación, había desaparecido, hasta el punto de llegar a convertirse en una caricatura grotesca y degradada de sí misma. Una vil imitación de Katerina Petrova. A punto había estado de humillarse de aquella forma… Y ni siquiera él, Damon Salvatore, quien tanto la odiaba, iba a conseguir semejante logro. Y quisiera echárselo en cara. Espetarle, sin más, ¿Por qué Por qué le había hecho aquello. Por qué le había convertido en algo que no era. Pero, sobretodo, por qué le había obligado a darse cuenta tan tarde de cuán importante podía ser él para ella. Pero no lo hace. No sólo porque, muy probablemente, Damon no tenga respuestas a aquellas preguntas. Es una cuestión de orgullo. No está dispuesta a arrastrase. Mucho menos aún teniendo en cuenta que él no dudaría en aprovecharse de su situación. Él hace ademán de marcharse, y el corazón de Katherine –aquel que se negaba ya a escuchar – dio un repentino vuelco. En un nuevo intento de rebelión, se le cruza por la mente abalanzarse sobre él. Retenerlo como él había hecho con ella. Devolverle el golpe por la espalda. Pero Damon es más rápido. La estaca se clava, rápida y feroz, en su vientre, sin darle tiempo a reaccionar. Le devuelve una mirada cargada de odio y desprecio. ¡Te salvé la vida, malnacido!, hubiera querido recordarle. Pero en su lugar, sus labios tan sólo emiten un grito ahogado, a causa del dolor. Le fallan las piernas y cae, con su espalda resbalando por la pared, hasta quedarse allí sentada, sola, inútil. Y aún más rota que antes. Pero Katerina está cansada de colocar parches sobre los agujeros. Porque ya no van a haber más agujeros. Se queda allí, observando cómo el vampiro iba a marcharse, y siendo ella incapaz de hacer nada por retenerlo. Aunque, tal vez, no deseaba hacerlo. Cansada de colocar parches en los agujeros. La morena se arranca de cuajo la estaca, reprimiendo un gemido de dolor. Y entonces, la nueva Katherine –aquella débil, frágil, vulnerable, la absurda sombra de sí misma– flota a la superficie una última vez antes de sentenciar: – No, Damon –apenas es un leve susurro, pero la vampiresa sabe que lo ha oído perfectamente–. No lo he hecho por Stefan –no hay ni lástima, ni ternura, ni rabia en su voz. Habló en tono monocorde e indiferente, como quien habla del tiempo o de cualquier otra cosa insustancial. Y la nueva Katherine se sume en un profundo sueño, del que Katherine, la Katherine de verdad, la que ha sido siempre, espera que jamás despierte. Y con una nueva mirada de recuperado odio y rencor, se queda allí, sin mover un solo músculo, a la espera de que Damon desaparezca, y de volver a encontrarse sola en el piso de Saltzman.
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Image by Stalkthemall *_*
mary alice brandon cullen.
*-*
Granger.