Accidentados incidentes [fanfiction Kagehina]
Dedidado a xthefighter
Serie: Haikyuu. Pareja: KageHina Género: romance (? supongo.
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La victoria del partido de práctica en la que Kageyama y él consiguieron una compenetración más allá de la que todos esperaban significó mucho más de lo que cualquiera pudiera ver en primera instancia.
Tras la semana intensa en la que practicaron antes del partido, fueron incapaces de ver una aptitud tan magnífica como la que se presentó en la práctica. Kageyama, convencido de que no serviría para ganar. Hinata, frustrado por haber escuchado las palabras tan dolorosas de Kageyama.
En aquellos días que practicaba con Sugawara comprendió que deseaba que Kageyama fuera su armador. Quería demostrarle que tenía las aptitudes para lo que él quería y que no iba a rendirse por unas simples palabras. Admitía que, en ese momento tuvo ganas de llorar pero no por ello pensaba echarse atrás. Sino era necesario, conseguiría serlo. ¿Por qué rendirse cuándo siempre, siempre se podía seguir adelante?
El chico egocéntrico y engreído coronado como rey que siempre tanto le irritaba había alzado la pelota. La había levantado para él a pesar de sus palabras.
Una sonrisa se ensanchaba en su rostro cuando vio en el aire como la pelota se alzaba. Con sus mejillas enrojecidas del esfuerzo que había hecho para parar todos aquellos saques una tras otro. Y finalmente, Kageyama había extendido los brazos y le había levantado el balón. Y si jadeaba aún por el esfuerzo, sentía recorrer por toda su columna vertebral un apogeo que jamás antes había sentido. Su cuerpo, como movido por un instinto incapaz de controlar, fue directo a gran velocidad para golpearla.
Esa sensación, no iba a olvidarla nunca.
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-- Ahora, supongo que somos...-- empezó a decir, incapaz de continuar. Quería explicarle lo que con Sugawara había hablado: su mayor oponente convertido en el mejor aliado.
Estaban el trastero del gimnasio, Por culpa de que él había vomitado en el suelo ahora tenían que ir a por un cubo y una fregona. Así que Tanaka y Sugawara habían ido a por todo el material que no tenían allí mientras que ellos dos recogían los balones y el resto de material para no dejar ninguna pista, antes de que se hicieran la siete y el resto del equipo llegara. El moreno estaba metiendo los balones en uno de los estantes altos, esos en los que él no llegaría.
-- No somos amigos.-- zanjó el chico, intentando adelantar sus palabras visto que no decía más.
-- ¡No iba a decir eso! ¡No somos amigos! -- garantizó, irritado ya tan sólo habiendo comenzado la conversación. Maldita sea, ¿por qué era tan difícil? Ya sabía que una amistad no se construía con tan poca facilidad. Él sólo trataba de mejorar un poco las cosas.
Le pareció escuchar un gruñido desafiante, la mirada del chico agudizó y continuó recogiendo balones.
-- ¿Te vas a quedar ahí parado? No nos van a aceptar en el club como sepan que hemos estado aquí entrenando. -- le regañó.
Frunció el ceño y oprimió los labios, inflando los mofletes y conteniendo el aire. Pensaba que haber levantado aquel balón había significado algo para Kageyama. Lo mínimo que fuera.
-- ¿Es qué no significó nada? -- le preguntó, agachando su cabeza de la frustración. Se mordió el labio y dio una bocanada de aire antes de seguir:-- ¡¿Absolutamente nada?! ¡¿Sigo siendo innecesario?!
Él quería esforzarse para ser como el Pequeño Gigante. Pero lo que no entendía muy bien era porque quería ser necesario para Kageyama. Por qué, teniendo a otras personas, lo quería a él también como armador. Sí o sí, no había una negativa como solución.
-- ¿Qué estás diciendo?
La pregunta fue hecha con calma, aunque llena de incredulidad. Y consiguió que se volteara en su dirección.
Entonces, levantó la cabeza. No negaba que aquellos ojos eran desafiantes y le asustaban a veces. Fue hasta uno de los balones del suelo, lo agarró y se acercó hasta él para mirarle decisivo.
-- ¡Entrenemos por estos días juntos, antes del partido! --pidió, tomando su puño tensado a la altura del pecho. -- ¡No como amigos! ¡Como armador y rematador!
Kageyama quería ganar. Él también quería unirse a aquel club. Se había acercado como en otras ocasiones había hecho, y para variar, debía levantar la barbilla para mirar su rostro.
El Rey de la cancha. Quería entrenar con el Rey de la cancha. Quería tomar el balón que el Rey le alzara. En aquellos momentos, no sabía el por qué de aquel nombre. No entendía su desafiante mirada. Pero antes si tenía el valor para enfrentarlo, ahora era valor y entusiasmo lo que demostró mientras le miraba.
Y no se habría esperado algo así. Como si aquellos ojos se hubieran suavizado por unos segundos. Kageyama estaba incómodo, inquieto por lo que le estaba diciendo. Y como si la incomodidad fuera pegadiza, sus labios temblaron y entonces se sonrojó.
Para romper aquella inquietante situación, decidió dar un paso hacia la estantería y auparse, demasiado confiado en que podría dejar el balón. Como al estirar la mano no fue capaz, dio un pequeño brinco y un paso torpe y equivocado condujo al destino de un trágico accidente. La zapatilla del hiperactivo pelirrojo patinó al bajar del salto, haciendo que su cuerpo descendiera violentamente hacia atrás.
Lo último que vio al cerrar los ojos fue como Kageyama extendía el brazo hacia él. Como si fuera la pelota que usualmente levantaba. Con el mismo control y elegancia, con la misma soltura y sobre todo, en ese momento, con una delicadeza atractiva como cuando un amante abrazaba a su querido.
Un duro golpe y un dolor en el trasero, varios balones disparados y el palo de algún recogedor contra su cabeza fueron los resultados.
-- Mierda. ¿por qué eres tan jodidamente torpe? -- insistió, Kageyama antes de que abriera los ojos de nuevo.
Al abrirlos, lo vio encima suya. Que blanda había sido la caída en la parte de su cabeza. Y entendía el por qué. La mano del chico estaba extendida, tomando su cogote y protegiéndolo del suelo. No le estaba mirando, más bien estaba demasiado inquieto observando la puerta. Se había escuchado el ruido de alguien entrar al gimnasio.
Y la tensión se amplificó cuando notaron la sombra aparecer.
-- así que estáis aquí.-- comentó Tanaka asomando su pelada cabeza.-- ¡Wow, wow! ¿¡Qué está pasando aquí?!
Dieron un suspiro de alivio. Por un momento ambos habían pensado que eran el resto del equipo. Si ahora les vieran, no habiendo sido aún aceptados en el Club, quién sabía qué podía ocurrir. Y entonces, permitieron darse el lujo de analizar la situación.
Con un nudo en su garganta, Hinata no fue capaz de tragar saliva. Notaba como su corazón se aceleraba en su pecho, con unas orejas ardiendo. Veía a Kageyama, igual de imponente que siempre pero más cerca que nunca. De nuevo, esos rasgados ojos de un color oscuro tan frívolo parpadeaban con ese brillo que le obligaba a seguir mirándolos.
-- ¿Puedes quitar tu maldita pierna de mi hombro? -- le exigió, al fin. Entonces entendió por qué no se había apartado antes.
Rápidamente, quitó la pierna de encima a gran velocidad. Con gran bochorno al reparar que habían estado así por tanto tiempo por su culpa. Poco después, ambos estaban de rodillas en el suelo, encogidos de hombros y con un Tanaka que no dejaba de gritar por mucho que Sugawara le exigiera calma.
Kageyama al retirarse volvía a su gran y esplendido control. El mismo que le hacía mantenerse impasible ante las situaciones, exceptuando que tenía unas mejillas sonrosadas como las que ahora se prendían en los redondeados cachetes de Hinata. Eso le incitó a una pequeña sonrisa incomprensible.
¿Significaba finalmente algo para él después de haber recibido su balón? Porque, ahora estaba un poco más convencido de que sí.
Quizá hacía falta algo más para entenderlo. Quizá todo era cuestión de un inicio que debía progresar. Pero tampoco se puso a pensar cuando tuvo aquel impulso, en medio del partido de prueba antes de que ambos pasaran a ser miembros oficiales del club, de que él iba a estar siempre para Kageyama. Siempre dispuesto a recibir su pelota. Saltando, dónde fuera, sólo Kageyama tenía que lanzarla para él.












