Yaimens 7
Ji:
Se equilibra con alegría mi mente perdía, Escribiendo y leyendo Nuestros más bonitos sentimientos, En esta nuestra poesía.
Quien lo diría que un día esto haría. Pues he vuelto a pasar un día lleno de alegría, Pero noto que poco a... Poco Mi inspiración se va colando en un cajón. No quiero perder este don Por no estar de bajón
Quiero subirme al vagón, Pues en este día naciente Yo me considero el sol más ardiente, Brillante, Que vuelve a prender
Aunque nieve Ella ya no teme Que su corazón se hiele Pues con coraza y vendaje Se hizo el mejor ropaje para su reciente brecha Que me acecha como rojo fuego en el juego de mi mente, pero que huye en un afán de proteger su ser del fuerte huracán.
No se, Trapos y trapos, De colores, aunque con manchas y ronchas Ladrillos de la autoconstrucción. . . . O destrucción de la perfección?
Ja:
Trapos de colores veraniegos Van limpiándose con nieve, pues con nieve los riego. Yo sé que a ti el frío no... Pero también hay calor en el invierno (piénsalo).
La destrucción de la perfección es la reconstrucción del yo más profundo.
Porque solo sabiéndonos imperfectos podemos ser quienes somos.
Y a mí me gusta quien soy.
Y a mí me gusta quien eres.
Ji:
A montescorial me dirijo para conseguir un buen alijo de flores silvestres, Pa no regarlas, pa secarlas, deshacer ese polen sabroso, polvo gozoso Mi gozo en un pozo Al ver el calabozo De tu dolores cabezales O mis pitidos infernales En estos bailes sin final Mil vueltas retoricas Mentes pletóricas La tuya y la mia Llenas de alegría En una vida perdía, Vacía, O quizá sólo torcía Anda, como mis vías, Y todavía te fías.
Ja:
Hoy la luna luce llena Pues claro que aún me fío No me da miedo la pena El lobo sigue su camino Estoy curao ya de gangrenas, torniquetes y otros líos, no me da miedo la pena
poseo el frío.
Pues claro que me río. Aunque no haya flores secas en mi tumba, me río. La vida es una rumba y aunque me pueda el hastío, El tiempo, que es todo locura, se ha hecho mío.
Yo amo el árbol, el monte, el río.
Hace ya lo puse todo en un poema La llama, la nieve, las flemas. Ahora pues le escribo a una tal Jimena.
Y claro que aún me fío.






