Como ya lo dije, hay muchas maneras de matar una democracia. Pero también quiero decir que hay muchas maneras de matar el corazón y el alma de un pueblo. Hoy, veo con consternación y mucha tristeza que estamos matando al pueblo a través de la injusticia, la concentración de riqueza, las drogas, el alcoholismo, las enfermedades, la violencia permanente, la falta de participación y el débil empoderamiento… Esto refleja una gran pérdida de nuestro sentido común, de nuestro sentido social, y de nuestro sentido de fraternidad. ¿Cómo vamos a tener una verdadera democracia cuando nosotros estamos anestesiados y con una situación que va más allá de la violencia, que anihila a la paz ciudadana, y que pone a la juventud en la situación más vulnerable de nuestra historia? El estrés social, la desesperanza y la incertidumbre, acerca de casi todas las instituciones sociales, forman una nube borrascosa encima de nuestro futuro. El sistema económico y social, que he criticado innumerables veces, ha sido un acelerador de nuevas formas de esclavitud impuestas por la globalización. Un tema a conversar y después decidir en forma unánime el otro camino. Esto no es una exageración. Esto no es pesimismo. Esto no es populismo. Esta es una realidad. El establishment empieza a usar estos términos en forma despectiva –exageración, pesimismo, populismo--para que se mantenga una gramática social que siga diciendo que lo que tenemos es fantástico, que lo que está pasando son detalles, que no hay nada mejor que es status quo, que cambios en el margen son suficientes, y que cualquier alternativa que aparezca en el horizonte, diferente a lo que hay ahora, o es populismo o es una dictadura. Nada más fuera de la realidad. Nuestro pueblo es inteligente y sabe que estamos en problemas. Nadie quiere destrozar a Chile. Eso sería irresponsable. Pero la situación de status quo ciertamente está destruyendo a Chile. Vemos hoy como se matan los jóvenes, y que el crimen en sus barrios está a la orden del día. Ayer en la TV me quedé congelado. La prensa llamada “amarilla” invade nuestro territorio. Hoy, en primera página de un diario se dice que hay grandes mafias del narcotráfico ya instaladas en Chile. ¿Es esto real, o estamos viviendo una pesadilla que desaparecerá sola después de un despertar? Da lo mismo que sigamos peleando por reformas que no van al fondo de nuestra crisis. Más reformas no harán un nuevo Chile. Es el pueblo y su consciencia la que hará un nuevo Chile. Nos hacen creer en cosas o situaciones que nos alejan cada vez más de nuestros derechos y responsabilidades. Abrirle la puerta a la esperanza es indispensable, pero no a una esperanza superficial y mentirosa. Todos queremos paz y tranquilidad. Esto se alcanza con verdad, justicia y reconciliación. Pero para ello debemos realmente desconcentrar nuestra economía y beneficiar a nuestro pueblo. Pienso que hay cambios estructurales que hacer, sí o sí. Aquí, solamente algunos ejemplos, ya que hay más: 1. Definir claramente la contribución del sector privado al bienestar colectivo, donde, y como (social, ambiental). Como pueblo no deberíamos tolerar un aparato productivo cuyos costos sociales afecten a las futuras generaciones de forma innecesaria. 2. Construir un contrato social que entienda que deberíamos tranzar puntos de crecimiento económico (transitoriamente) por la eliminación de aquellas partes que constituyen una economía sucia y destructiva de nuestra naturaleza. Que se expliciten los mecanismos de solidaridad y transición con aquellos afectados para así no generar problemas a nivel de las familias, barrios o regiones. 3. Que el aparato estatal sea un ejemplo en TODO, y que sus empresas sean un verdadero líder de lo social, ambiental y ético. 4. Mandatar a los gobernantes poniendo en perspectiva las prioridades ecológicas y ambientales (ciudades, áreas rurales, montanas…) antes de que la situación sea irreversible. 5. Que se adopte inmediatamente un proceso de descentralización total, comenzando con la elección democrática de intendentes, seguido por el reforzamiento de los municipios, e implementado con la descentralización del presupuesto de la nación. 6. Que se elimine TOTALMENTE las conexiones entre el dinero de las empresas y de las personas de la política. 7. Que el FONASA sea el mejor sistema de salud de Chile. Que los hospitales públicos sean un ejemplo de medicina y de atención a nuestro pueblo. 8. Que la educación estatal a TODO nivel sea el centro neurálgico de la transformación de nuestros niños y jóvenes. Que sobrepase en calidad a todas las otras formas alternativas. 9. Que haya una jubilación mínima ética para todos los jubilados y que el estado la garantice. 10. Que haya un plan de paz y prosperidad con nuestros pueblos originarios en todo el país. 11. Que haya un salario mínimo decente para los que viven de su trabajo. 12. Que existan instancias de participación popular, con un poder de nombramiento de cargos políticos parlamentarios, presidentes…), pero también, que nuestro pueblo pueda sacar a aquellos que no cumplan con las responsabilidades del cargo en cuestión. 13. Un trabajo minucioso con la juventud para que ellos mismos eliminen las drogas, la violencia…. Un programa de inversiones inteligentes en los barrios más vulnerables, diseñados por los que allí pertenecen y administrados por ellos mismos con asistencia del estado. Hay muchos más. Pero, lo importante aquí es que la “unidad de cuenta” con que se debe actuar ahora es el bienestar inmediato y directo de nuestro pueblo. Todos tenemos que asumir la responsabilidad de lo que hemos hecho, aplicar la justicia en su totalidad. Pero después de esta tormenta, tenemos que abrazar un compromiso indeleble de trabajar para un Chile nuevo, y verdaderamente nuestro, con todos los talentos existentes (inclusión), esfuerzos y fraternidad. Llegó el momento de establecer patrones consensuados de equidad con todas las formas de vida que habitan en nuestro territorio. ¡Esto nos dignificará como nación ante el mundo entero!