EL MOMENTO DE LA SENSACIÓN INCÓMODA, O LA VOZ DESDE LA GRIETA
notas para una conversación sobre “La dimensión política de la materia autobiográfica” / Jerez de la frontera, octubre 2018
En Yo misma, supongo traté de componer una autobiografía ficticia; una invención tan particular y concreta como la de Morel, salvando las distancias de los géneros literarios y, sobre todo, del género en cuestión que la actualidad nos conmina a no dar por supuesto, y como tantas otras autobiografías que aunque no se proclamen o no reconozcan su proporción ficticia, en cierto sentido la poseen por el hecho de resultar de unas cuantas elecciones: punto de vista, distancia, tono; suma de coordenadas desde las cuales alguien se lanzó desde el otro lado del papel al ejercicio del exhibicionismo por vía retórica.
Páginas finales de Yo misma, supongo, Rata, 2016
Breve comentario sobre el pacto narrativo-autobiográfico de la novela.
La novela parte de una máscara, personaje con su propia biografía imaginada por la autora, la cual incluye que en un momento de su vida “se adentre en una grieta” y desde ese lugar “de caída”, o de toma de conciencia sin licencia para llenarla de mentiras, se proponga realizar un ejercicio que consiste en mostrar en orden cronológico los textos que resulta que escribió en momentos críticos anteriores al presente. ¿Descubre entonces que siempre habitó en la grieta, que su impulso escritor, la única voz de la que es capaz parte de ese lugar que casi es un no-lugar?
En ese movimiento de exposición de los materiales narrativos de y sobre su vida, Valentina Cruz, casada, dos hijas y sin trabajo remunerado, revisa y organiza sus escritos de urgencia, sus disparos o desajustes contra el mundo. Va dando cuenta, y se va dando cuenta a un nivel más amplio de la conciencia, más allá de sí misma, de que el sistema heteropatriarcal donde se inscribe todo lo que puede y no puede contar, o no consigue contar y precisamente por eso le resulta más atenazante, no es ni de lejos tan maravilloso como adoctrinaba la educación recibida y asumida hasta límites insospechados, espectacular regalo envenenado.
La vida en grietas, página de Yo misma, supongo gráficamente intervenida
En adelante, Valentina Cruz, debe ser militante de la paciencia para ir desmontando esa educación tan sesgada como hipócrita. Habrá que ir desmantelando sus esquemas fijos y consolidados por los intereses del capital con su egoísmo, concentración más beneficio y, sobre todo, del dueño de todo el tinglado, el hombre blanco de tez bronceada, con sonrisa y camisa narcotizante, cegadoramente blancas. Cuidado, también escribe la protagonista de esta autobiografía ficticia, que no nos seduzcan más allá del momento justo de la diversión, del escarceo liberador de tensiones acumuladas. Que si es diversión vaya seguida de su porción aún más suculenta de venganza. Mantengamos la alerta, mujeres y demás personas que alguna vez fuimos desconectadas, desposeídas de la visión del conjunto desigual, de la fuerza de la unión y no de la disipación; no perdamos el control de nuestra vida junto a las de quienes, como nostras, también desearían que el sistema cambiara, reaccionara a nuestras llamadas de atención; sigamos desestructurando novelas, escribiendo mal, torcidas y dislocadas las letras de la canción de amor con su política intrínseca.
Adrienne Rich cuenta que para ella y quienes leemos desde esa zona de la rabia, la incomodidad y la disidencia, no es posible escribir sobre el amor sin escribir de política. “El momento en que una sensación llega al cuerpo es política. Este toque es político. Con eso quiero decir que la política es el esfuerzo de lidiar humanamente con las y los otros —como grupos o como individuos—, es simplemente un proceso: la ruptura de las barreras de opresión, tradición, cultura, ignorancia, miedo, autoprotección.”*
*(Traducción de Yolanda Segura.)