Uno nunca sabe, me dices.
Uno nunca sabe, te afirmo.
¿Qué pretendía leyendote poesía
si la decisión de enamorarme siempre es mía?
La tortura de ver esa sonrisa tuya.
La sonrisa que hace juego con tus ojos,
con tu cabello,
con todo tu rostro y tu ser,
con toda esta vida.
¿Qué pretendían esos silencios de morisquetas?
Silencios, para ti, incómodos
Para mi, oportunos, puntuales
De duración correcta
Silencios, para ti, incómodos
Tanto me llenaron.
Me vaciaron.
Me dañaron.
Pienso todo el día en ti.
Necesito protegerme y no lo logro.
Angustias de distancia que
rasgan un par de órganos
Tu voz son besos en mi calma
Vaya perfume el de tu cuerpo
que nunca he olido y que creo recordar.
¡Qué peligro la edad de nuestra juventud!
¡Qué peligro resulta hablar de atracción!
No temas hablar de atracción.
Total,
más peligroso es hablar de amor.
Más peligroso es decir
que nuestro tiempo no era para coincidir.
O que, tal vez, no coincidimos a tiempo.
Yo prefiero creer
que en este tiempo
es posible decidir coincidir.
¡Qué peligro!
Porque uno nunca sabe, me dices.
Uno nunca sabe, te afirmo.
Desde la Sultana del Ávila,
sostengo que a las tierras de Dalí
sólo quiero ir de paso,
foráneo, poco bienvenido.
Sentiré de cerca tu fuerza.
Sentirás de cerca mi deseo que
de ser correspondido,
te llamará a esta aventura,
a una última despedida,
cual adolescente se despide de su infancia,
de sonreirnos frente a frente
en las tierras del indomable Rey Garabito.
Donde florecerían esfuerzos.
Donde entenderíamos el peligro de todo esto.
Donde a las luces de un amanecer contigo,
hombro a hombro,
todo quedaría confirmado.
Donde besaría las palmas
de tus manos huesudas
cada vez que no te entienda.
Donde miraría tu naricita
y tus ojos negros
hasta caer de rodillas.
Donde chuparía tus labios
hasta dejarlos sin sabor,
como si eso fuese posible.
Dos decisiones simultáneas
O tal vez, una sola.
O tal vez, ninguna.
Contigo no quiero lo pasajero.
Sólo lo eterno.
¿Algo de todo esto será real?
¿O serán las ganas de querer atrasadas de un par de solitarios?
De cualquier forma,
el calor de mi cuerpo es tuyo
Y lo será por tiempo prudencial
por si decidimos una casualidad.
Por si decidimos un cruce de caminos.
Y porque uno nunca sabe, decimos.