Era noche/tarde, el atardecer poco a poco se convertía en nubes oscuras y brisas que congelaban los rostros de las personas callejeras. El grupo de amigos caminaba de regreso a su casa después de un día productivo en su colegio.
La pequeña y única chica en el grupo de cuatro, al igual que los anteriores días, se la pasaba en un “rincón” escuchando las conversaciones y chistes que hacían sus compañeros. Ella reía, no hablaba mucho porque prefería escuchar. En ciertos momentos se añadía al diálogo, para dar ideas, pero no pasaba de ahí.
Los demás compañeros de su curso se despedían de ellos brevemente, éstos caminaban rápido para descansar en sus hogares, sin embargo, aquel grupo caminaba lento, disfrutando un poco más de las anécdotas del día. Pero este receso pasaba rápido, en un parpadeo ya estaban en el punto de separarse. Era hora de despedirse.
—Escorpio, no te olvides de pasarme la tarea, por fa’. —Dijo Aries
—Bueno... nos vemos mañana, muchachos. —Terminó Virgo.
—Adiós, Piscis. —Ambos chicos se despidieron de la chica con un beso en la mejilla, mientras que entre ellos con un simple choque de puños. Los dos por su camino, uno por la derecha y otro por la izquierda.
Mientras que los dos restantes que eran vecinos, tenían que pasar unas cuantas avenidas para llegar a su destino.
El silencio perduró un poco, a la chica le era un tanto difícil relajarse y ser ella misma cuando la presencia del otro estaba presente. Éste era un poco serio, intimidante y “duro” con las palabras, por lo que ella tenía que pensar bien lo que decía para no parecer tonta y superficial ante los ojos de él.
Y peor aún cuando ese chico le gustaba tanto.
Para no parecer aburrida decidió empezar un nuevo dialogo. —¿Y... ya hiciste el trabajo de filosofía?
—Si, ya lo terminé. —Caminaban por la acera luego de atravesar las avenidas.
—Qué suerte, yo todavía no lo he hecho y sinceramente tengo mucha pereza en hacerlo. Pero no me preocupo, todavía estamos a principios de año, tendré tiempo de recuperar después.
Dentro de sus corazones sabían bien del porqué de aquella incomodidad. Sencillamente el chico ya sabía de los sentimientos de la chica hacia él, aunque en su momento no dio respuesta, supo que había lastimado a la menor.
Un amor no correspondido pensaba ella.
Se había distanciado un poco del grupo, todo era más incómodo en ese instante, ya no quería ir de regreso con el chico que le gustaba.
Realmente las relaciones cambian cuando los dos tienen presente sus sentimientos.
Pero no lo podía evitar del todo, ya que sus amigos se encargaban de que ella se fuera con ellos, como siempre. Entonces pensaba... “¿Qué podría decir para evitar acompañarlos?” Todo sería muy raro, no tiene una contraparte lo suficientemente aceptada, preguntarían cada vez más y ella no quería responder...
Se iban acercando cada vez más a la casa del mayor, la cual era la primera parada de ambos, ya que la casa de ella eran unos metros más adelante.
Piscis melancólica, pensaba en todos aquellos momentos en los que se imaginó una relación con Escorpio, un mal hábito que tenía desgraciadamente, aquel hábito que tantos momentos tristes le traía por ilusionarse con cosas que jamás pasarían, pero era tan necia que aún esperanzas tenía.
Sintió un nudo en su garganta, recuerda la vez en la que confesó todo, en como al llegar a su hogar se desplomó en los brazos de su madre porque se sentía insuficiente, las inseguridades habían regresado, las comparaciones, la envidia.
Pensaba que ya lo había superado, pero siempre hay alguna que otra recaída.
Divisó a unos cuántos pasos la puerta de la parada.
En este momento, la conversación cesó. Piscis estaba a punto de despedirse hasta que...
—Oye... Espera. —La detuvo. —Quería... quería hablar contigo.
Su instinto la alarmó, ya sabía de lo quería hablar, de aquello. No quería, no quería que le dijera porque la rechazaba.
—¿De qué? —Pero preguntó.
Escorpio suspira. —¿Es... verdad lo que me dijiste aquella vez?
La pisciana baja al instante su rostro sonrojado, intentado distraerse con su alrededor, pero era imposible.
Ya era hora de ser realista y madura, de asumir que a no todas las personas que nos gustan nos corresponderán, porque la vida es así, gustan de ti y a ti te gusta alguien más mientras que a esa persona le gusta otra.
—Pero esta bien, te entiendo, entiendo que no te gusto, sólo... quiero que las cosas sigan igual. —Continuó. —Que no tengamos esta incomodidad, quiero que al menos... seamos amigos.
El chico la escuchaba atentamente. No la podía ver a los ojos ya que ella trataba de evitar todo contacto visual.
—Nunca te dije algo al respecto, Piscis... No te di mi respuesta, ¿verdad?.
¿Qué? Era verdad, el no había respondido, por lo que pensaba que la había rechazado con su silencio.
Confundida levantó su mentón, atenta.
—Quería que habláramos, pero desde ese día me evitabas y no tuve la oportunidad, sólo hasta hoy. Tuve que persuadir a Aries y Virgo para que te insistieran en acompañarnos.
—¿Qué-...? —Fue interrumpida.
—Piscis tú... tú también me gustas.
Sus ojos se observaban con intensidad, con preocupación, con felicidad.
Las manos de la chica empezaron a temblar al igual que sus piernas.
Escorpio sonrió. —Sí. —Dijo moviendo su cabeza.
Los ojos de Piscis se humedecieron, de nuevo aquel nudo en su garganta. El chico se preocupó. —¿Qué pasa?
Al fin, al fin su fantasía se hacía realidad. Al fin estaba viviendo aquello que era amor, un amor correspondido.
Y se sentía tan feliz que lloraba.
Repentinamente abrazó a Escorpio fuertemente. Reposó su frente en el pecho de éste.
Conmovido respondió. —Claro que no. Piscis, es verdad, me gustas.
¡Dios! ¿Estaba en un sueño?
—Entonces... —Limpió sus lágrimas y lo encaró. —¿Sí?
Al momento sus pensamientos se unieron, nunca hubo necesidad de palabras, ellos se entendían telepáticamente.
Y con aquella respuesta ambos se abrazaron felices.
El chico dejó en su casa a la chica que le gustaba y terminaron su encuentro con un primer beso tímido.
Ambos al llegar a casa, con una sonrisa en sus rostros y retorciéndose de alegría en sus camas, pensando en el otro.
Al fin se había hecho realidad.
Que en realidad esto es una fantasía.
Esta no se hizo realidad en mi realidad.
Sólo es real en la realidad de mi mente...