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Aquella chica llevaba persiguiéndole durante toda la tarde creyendo que él no la había visto, pero la verdad era que sabía que iba tras él desde hacía bastantes horas. Comenzaba a sentirse verdaderamente intimidado con su presencia, y su cuerpo estaba en constante tensión como si temiera que en algún callejón oscuro fuera a lanzarse sobre él para violarle o cualquier cosa por el estilo. Al doblar una esquina se topó de frente con alguien conocido y simplemente agarró a esa persona por los brazos con cuidado y la miró con cara de circunstancias. —Por favor, finge que tú y yo tenemos algo para que esa loca deje de seguirme—. Pidió con tono suplicante. Se ponía nervioso en aquellas situaciones; no estaba acostumbrado a que le acosaran.
la fémina iba de camino a su cuarto, pues debía tomar su ordenador para la siguiente clase. así, aprovechó el descanso de media hora hotorgado por su profesor para llevar a cabo esa acción, además de tomar algo de dinero para la cafetería. sin embargo, a mitad de camino, justo cuando iba a doblar la esquina que daba a la puerta de sus residecias, un chico de pálida tez le paró en busca de su ayuda. ni siquiera miró a su alrededor en busca de la chica de la que hablaba, ya que aquello resultaría sospechoso para la misma. simplemente, le dedicó una sonrisa y se acercó rápidamente, posando un beso sobre los labios ajenos. a poco, se separó de él — son cinco euros por la ayuda —. rió, obviamente bromeando. recolocando sus libros sobre su brazo izquierdo, moviendo su otra mano para agarrar la impropia, mirando entonces a su alrededor, viendo como la chica de la que él hablaba se daba la vuelta — oye, a lo mejor solo quería pedirte si querías tomar un café, no sé —. curvó sus labios, observando de nuevo al joven. realmente, ignoraba el hecho de que acabaran de besarse, pues para ella no era apenas relevante, ya que un beso lo daba cualquiera.
Una perfecta tarde para no salir de la cama y procastinar un rato. Las clases de salón comedor comenzaban tarde los martes, vagar un rato siempre eran uno de los ingredientes más indispensables para los días de Arnie. El longplay de Suck it and See resonaba por toda la habitación, mientras que el humo de un cigarro escapaba entre sus labios. Más calma no podía pedir. Sin embargo, la repentina entrada de la muchacha logró perturbar el ambiente. Se enderezó rápidamente, encontrándose con un panorama inesperado.— Woow….— Murmuró observando a la recién llegada de pies a cabeza.— No te disculpes, preciosa…— Se puso de pie extendiendo su diestra con fingida cortesía.— Arnold Kovalenko para servirle, señorita.— No recordaba haber visto a la morena, pero fuera quien fuera, el rubio deseaba conocerla.— ¿Nueva hermana de casa?… ¿De quien huyes, nena? ¿de tu novio? — Cuestionó asomándose hacia la puerta.
la muchacha fruncía aún más el ceño conforme las habladurías de su nuevo acompañante cesaban. realmente, antes de entrar le había parecido distinguir la cada Delta, pero obviamente se había equivocado, ya que ese chico no podía estar en aquella fraternidad. además, parecía el perfecto cliché Omega — huyo de mi hermana, no tengo novio —. le corrigió. si aquella era una especie de táctica para ligar, no creía que le estuviera yendo muy bien. igualmente, dejó que actuara el papel de chico malo, aunque para ella fuera como el Joker de Jared Leto. a pesar de estar muy trabajado, nunca sería bueno — me temo que yo no tengo fraternidad —. admitió — y, ¿se podría saber en cual me he metido? me pareció ver que era la Delta, pero obviamente no es el caso —. añadió, dedicándose a clavar sus ocelos en cada objeto de la habitación. realmente, la morena resultaba ser bastante observadora, y muy curiosa por absolutamente todo.
La castaña solo esperaba dos cosas, llegar a su habitación y dormir. Entonces, eso fue lo que hizo. Apenas entró a su cuarto se lanzó en su cama y empezó a dormir, hasta que sintió el sonido de la puerta abrirse. Pensando que sería su compañera de habitación, no le prestó más atención, pero en cuanto escuchó la voz desconocida sus ambos ojos se abrieron de inmediato y volvió su vista a la chica. “No importa—a menos que estés intentando esconderte de la directora. No quiero meterme en problemas” dijo de inmediato.
la morena le dedicó una sonrisa, negrando con la cabeza — nunca tendría razones para huír de la directora —. avisó, pues era cierto, ya que la muchacha podría salir de fiestas y divertirse muy a menudo, pero nunca haría algo tan horrible como para llamar la atención de su supervisora. observó a su alrededor, posando su vista en cada uno de los elementos de la habitación — creí que había entrado en Delta —. dijo, pues tenía el vago recuerdo de observar aquella casa conforme entraba a la misma. bajó su mirada, posándose en los morenos de la muchacha — pero temo que no —.
era uno de los pocos días que tenía un pequeño tiempo libre y a pesar de que debía aprovecharlo para estudiar pues sus interminables libros de medicina seguían acumulandose en su escritorio conforme los días pasaban, decidió mejor tomar una siesta. estaba a punto de quedarse dormido cuando la puerta de su habitación se abrió repentinamente “Tai espero que hayas venido por algo importante porque acabas de interrumpir mi viaje al mundo de los sueños” enunció con una adormilada sonrisa.
sonrió al reconocer al joven, ya que de sobras sabía con quien trataba — solo huía de mi hermanita, no hay manera de que se vaya si no —. explicó, sin moverse de su sitio, aún apoyada sobre la puerta — ¿es motivo suficiente? —. preguntó, comenzando su caminata hacia la cama del joven, llegando a su altura en pocos pasos. indicó al hombre que se moviera, sentándose en la cama, observando cada centímetro del rostro ajeno — así que... —. se recostó, tumbándose a la misma altura que el chico en la cama, mirando hacia el techo — así se siente estudiar medicina —. y es que, para la morena aquella había sido una de sus muchas opciones, aunque se acabó decantando por bioquímica hacía ya dos años.