minseok tampoco comprendía qué pretendían con la celebración de los orbona. le parecía completamente innecesario, pero tampoco haría una escena al respecto. simplemente prefería no ir. se vuelve hacia la joven, ladeando ligeramente la cabeza, mostrando curiosidad en su rostro, hasta que comprende. asiente con la cabeza, pensando que era una buena táctica de su parte. tamara era, definitivamente, una persona mucho más observadora que él. el tutor tenía más la tendencia de quedarse inmerso en sus pensamientos, alejándose de la realidad. probablemente no notaría nada, o terminaría haciendo alguna estupidez como intentar atacar a alguien de nuevo. “por favor, ten mucho cuidado.” le pide, genuinamente preocupado. nadie le aseguraba que no pasaría algún desastre en esa reunión, y pensar en los hecho que habían ocurrido en gowdie le provocan una sensación interna, junto con una serie de pensamientos negativos, inclinados hacia la ira. tal vez sí quería venganza, y tal vez la idea de acabar con todxs aquellxs que estaban involucrados con las muertes y los desastres le causaba un placer inconmensurable. ¿en quién diablos se estaba convirtiendo? ¿no se estaba rebajando al nivel de lxs asesinxs? pero es que no podía evitarlo, y se nota en el endurecimiento de su expresión facial. ella tenía razón. era un ser humano. no podía ser correcto toda la vida. “… yo también.” admite entre dientes. frunciendo el entrecejo, deja que la joven vea ese lado que no desea mostrarle a nadie, todas las emociones negativas que busca embotellar están comenzando a destaparse. “quiero saber quiénes son,” añade, relamiendo sus labios, en un intento por calmarse a sí mismo, pero sus puños se cierran, producto de la tensión en su cuerpo. “quiero acabar con ellxs.” aniquilarles. quedaba claro que él también buscaba venganza. quería hacerles pagar por destrozar su aquelarre. “tamara, no descansaré hasta dar con sus nombres.” suelta casi en un gruñido, y cierra sus ojos rápidamente para buscar en su cabeza algún lugar feliz para no tener que seguir actuando de manera irracional. “si llegas a ver algo en esa fiesta… por favor, dímelo. te ayudaré en lo que pueda.” asegura, dispuesto a colaborar con ella por un bien común. si el consejo no hacía nada, la única opción que quedaba era que ellos mismos actuaran. y rápido. “tienes mi palabra.” dicho esto, estira su brazo para que la morena tome su mano, en una especie de pacto.
Escucha su petición y sus músculos se tensan, pero intenta no demostrarlo. Siempre ha creído que si se muestra fuerte entonces, eventualmente, podrá volverse más dura. “Me ofendes, ellos no lograrían derrotarme, estoy hecha de acero.” Vuelve a mostrar su cara mas audaz, esa que está dispuesta a enfrentar a cualquiera. Es verdad que han podido con la Suprema, que no debe subestimarlos, sin embargo sabe que llegado el momento daría pelea, no los dejaría ganar sin más. “Ellos son los que deben tener cuidado esta noche.” Porque no solo está enojada, sino que está totalmente decidida. Tiene que hacer algo, tiene que descubrir algo. Nadie más lo hará. Observa al chico, quien por su expresión le da a entender que está librando una batalla interna consigo mismo. No interviene, simplemente espera su respuesta. Cuando por fin habla y le hace saber que comparten el sentimiento, asiente con la cabeza. Levanta su brazo y coloca una mano encima del hombro masculino. Una vez allí sus dedos le dan un pequeño apretón, en realidad no tiene palabras para responderle, las encontrará cuando se pueda hacer justicia. Entonces simplemente le brinda su apoyo silencioso. Los dos están en una misma batalla y quieren un mismo resultado. “Conseguiremos sus nombres, te prometo que no descansaré hasta que los tengamos.” Por la Suprema, por Yago, por Gowdie. Hay tantos motivos que ni siquiera logra distinguir cual de todos le enfurece más, está cegada por la ira y la frustración de siempre estar un paso atrás. “Detesto que me hagan sentir vulnerable, impotente, estoy harta de este maldito ciclo que no acaba.” Porque no es una muerte lenta, claro que no, es morir poco a poco todos los días, con cada desgracia y tragedia. “Te lo diré... y nadie sabrá que me ayudaste. Nadie” Deja caer su extremidad, la que antes estaba en cuerpo ajeno, y observa los ojos del chico con fijeza, esa es su forma de dar su palabra también, haciéndole saber que no lo piensa exponer, que no pondrá en juego su vida. El Consejo está repleto de personas egocéntricas que no tomarán bien que un tutor lxs cuestione. De todas formas, y ya habiendo dejado en claro su lealtad, sus dedos ahora libres toman la mano contraria y sellan aquel pacto en un apretón de manos. “¿Seguro no quieres venir a Orbona?” Pregunta por última vez, por si decide cambiar de opinión, a fin de cuentas acaban de convertirse en una especie de equipo.