Y es que a veces creo que te has ido, que no estás más en mi, pero de pronto apareces como efecto de una alucinación o un recuerdo, siempre al acecho, esperando por mí.
Juro que hay días tan buenos, que los disfruto sin siquiera recordarte, y me digo a mí misma que lo estamos haciendo bien, pero también están esos días en los que me envuelves en un abrazo y me caigo en la cama, donde me susurras todo aquello que me abruma.
Las voces resuenan en mi cabeza de manera alucinante, has vuelto, y no puedo hacer nada para que desaparezca, sería inútil. Una vez más, ganaste.















