Imagino esos fríos días de invierno, lloviendo, el viento azotando los árboles, encendiendo la estufa y dejándonos caer en un sofá suave y amplio; tú sentada de espaldas a mí, entre mis piernas, con el gato mirándonos de lejos, despreocupado y obeso. Y claro, tomando unas copas de vino antes de ir a la cama, intercambiando historias, risas, besos. Muchos besos. Joder. No me cansaría nunca de besar y lamer esos hermosos labios que tienes, maldita sea.
¿Cómo dejo de soñarte de esta manera? No es que quiera, en todo caso. Si me voy a permitir soñar con alguien, quiero que ese alguien seas siempre tú.
Te quiero, amor. No sabes cuánto.
De esos mensajes que no quiero publicar porque no deseo verlos desaparecer entre imágenes que, en comparación, no significan nada. Mensajes que guardaba con cariño, con mimo...
No hay ninguna historia inconclusa más allá de esto, de lo que fuimos, tampoco ninguna historia más importante, es imposible. Si mis palabras ya no son importantes para ti, siendo lo que más pude compartir con vos desde que te conocí, ¿qué te puedo decir entonces que te alcance? ¿qué siempre fuimos una mentira te haría sentir más satisfecha? es tan absurdo que pensarás que sí, un insulto a las veces que me tuviste lamentando por los rincones como la mierda llorona que sabes que fui.
"No soy la única historia inconclusa".
No, por supuesto que no, por eso nunca dueles y nunca formas parte de mi memoria, por eso fue tan sencillo olvidarte, por eso eliminé tu número hace años y no te volví a escribir. ¿no? Una historia más.
Eres imbécil, una jodida imbécil.
Y yo, para variar, lo sigo siendo más por dejar que todo esto me acabe jodiendo así para que a ti, a estas alturas, te dé exactamente igual y me dejes caer en la indiferencia.
Una historia más, sí, vamos, tan fácil.
Lo siento, yo sí me voy a permitir seguir soñando un poco más. Eso no me lo puedes quitar.