TW (?) tortura y abuso infantil.
No matter how many times that you told me you wanted to leave, no matter how many breaths that you took you still couldn't breathe…
Los brazos me sangran y las punzadas del dolor son difíciles de ignorar mientras me apoyo en el alambre de púas sin vacilar. No tengo otra manera de escapar que no sea esa y no tengo otra manera de pasar que no sea dejar todo mi peso en el metal. Paso una pierna, escuchando los gritos… debo apresurarme y dejarlos atrás. No llego a pasar la otra antes de escuchar aquel sonido horrible, un instante antes de sentir la bala mi brazo atravesar.
No cedo. Me aferro con la otra mano, clavándola sin temor alguno para intentar pasar.
El siguiente disparo me hace vacilar, y caigo. El golpe me deja sin aire, y sé que tengo suerte de que no sea algo más grave. Aturdido, la cabeza nublada y adolorida, giro el rostro hacia el tirador. Pero mi sonrisa es desafiante y mis ojos no muestran terror.
—Sólo tú podrías ser tan estúpido de intentar huir. La suerte se te está acabando. Terminarás por morir.
Mi risa enloquecida resuena por el patio del lugar, el sonido alto y agudo llenando a todos de incomodidad. ¿Y por qué creen que huía? ¿Piensan que no lo sabía? Me toman del brazo herido, tirando para que me ponga de pie. Sólo por eso tiro con más fuerza, haciendo al imbécil caer.
Río de nuevo, un niño de doce años intensificando el castigo venidero sólo por desafío.
Río bajo los golpes, río mientras me arrastran, poniendo resistencia que sé infructífera, pero a mí ni la muerte me manda. Río en la locura, pero también en la desesperación. Había llegado a lo alto… si hubiera sido más rápido… la próxima vez…
Nunca había estado tan cerca de morir como terminé esa madrugada, pero con los años aprendí que eso no había sido nada.
No matter how many nights that you'd lie wide awake to the sound of the poison rain. Where did you go? Where did you go? Where did you go?
El insomnio se mezcla con el delirio y me hunde más en la locura.
A veces quiero evitar caer. A veces intento sujetarme y salir del martirio, volver a la cordura.
Pero en general, me he rendido. Es lo que me mantiene entero cuando nada más puede hacerlo.
La sangre de mis brazos no concuerda, la sangre que mancha mi mano y el acero se ríe de mí tanto como yo me río de ella. Alzo el cutter una vez más, pasándolo por mi brazo, nuevas líneas rojas surcando mi carne, la lluvia golpeando los cristales de la misma forma que el piso es manchado por mi sangre. ¿Cómo puedo saber si sigo vivo? En esas noches donde ni el dolor ya siento, o cuando nada importa, o cuando la desesperación aumenta a niveles insoportables, ahí es cuando pienso: ¿cómo puedo saber que aún estoy vivo, que aún soy yo? ¿Que no es una ilusión? Y a veces, el caminar al filo de la muerte para mantenerme vivo es la única solución.
Dejo caer el cutter oxidado, levantándome y acercándome a la ventana. La abro. Extiendo mi brazo bajo la lluvia, dejando que se tiña de rosado y lo lave todo. La sangre, el dolor, la locura, la impotencia, y la culpa al verla entrar y notar que entiende lo que pasó.
Lo siento, Lucette. No sé otra forma de lidiar con esto.
—Ven, te pondré alcohol —es todo lo que dice, aunque está triste. Tengo trece, ella diecisiete, será libre el año que viene. ¿Cómo va a irse tranquila si yo hago cosas así?
¿Cómo voy a mantenerme entero y relativamente cuerdo sin hacer algo así?
No matter how many deaths that I die I will never forget. No matter how many lives I live, I will never regret.
Siento los pinchos incrustados en los grilletes hundirse más en mi piel con cada movimiento de mis muñecas y tobillos. Duele mucho más allá del límite de dolor que tengo, pero eso está bien; así lo superaré y terminaré con uno nuevo. El tintineo de las cadenas rompe el silencio de la noche, y aunque no veo nada, siento y huelo la sangre que corre. Plop, plop. Al final de mi codo, gotea y cae contra el suelo de piedra. Tengo apoyada la espalda contra la pared, y miro la puerta que no se abre. ¿Llegarán a la madrugada? En realidad, sería lo esperable.
Ningún tormento es entretenido si no es lento.
Pero ya estoy mareado. Resisto todo lo que puedo, pero sólo tengo catorce años. No puedo perder la conciencia, eso sería darles una victoria y perder el control. Porque si no estoy despierto, ¿cómo puedo saber qué me hacen? Debo permanecer atento a mi alrededor…
Finalmente se escuchan pasos y siento una mezcla de alivio y terror. Desafiante, sonrío divertido; jamás les permitiré saber cómo estoy. Observo cada detalle de ellos apenas abren la celda. Barras de metal, una cámara, ¿una tetera? Me ignoran para prender la chimenea, y entiendo. No me interesa. Me han quemado tantas veces, ¿qué cambio hay si lo filman? Así que me río de ellos, me río a carcajadas y con burla los miro.
—Tan poco originales —coqueteando con la locura que mi rostro muestra—. Hasta a mí se me ocurren más variaciones que a ustedes. ¿Son reglas de su secta? Llega un momento en donde cortar, quebrar y quemar no es suficiente, ¿no creen? —firmo mi propia ruina. Pero tienen que entenderlo, saberlo, confirmarlo.
Hagan lo que hagan, jamás me domarán. Intenten lo que intenten, jamás me ganarán.
Dicen tonterías, que ya voy a ver, que ya me lo mostrarán. Me río más fuerte. No podrán, salvo que me maten, nada mejor se les ocurrirá. Aquel que generalmente me lleva a la escuela se ríe conmigo.
—Un día suplicarás que paremos —dice, y ruedo los ojos. ¿Suplicar? Jamás. Antes me muero.
Enojados y molestos, queman mis brazos con las barras. Mis ojos lloran, no puedo detenerlo, pero me río a carcajadas. Esperable, predecible, aburrido. Ya que de todas formas me torturan, ¿no podrían hacerlo entretenido? Idiotas. Despreciables. Ilusos, estúpidos, ignorantes. Ni para ser sádicos sirven. Ni causar verdadero dolor saben. Acostumbrados a los débiles, no saben reaccionar cuando sólo encuentran risas del otro lado. Río cada vez más alto. No lo entienden, lo provocan y no lo comprenden, cuando el dolor es tan continuo pierde el efecto en quien lo siente. Deberían esperar y darme esperanzas, para que cada vez fuera aún peor, pero son estúpidos y creen que me generan temor. Quizá cuando no sé qué harán. ¿Pero una vez que empiezan? No me voy a asustar.
El agua se calienta, y la arrojan en mi pierna. Mi risa burlona no se detiene incluso si yo sé que eso es peor que otras veces. No está hirviendo, está aún más alto. ¿Pero qué importa? Que su gran idea sea esta me hace reír tanto…
—El día que los agarre… —mi voz suena quebrada. No importa. Que esté llorando no es mi culpa, es casi una respuesta fisiológica—… verán qué poco originales han sido. Ah, si supieran la mitad de las ideas que tengo… No pueden ni imaginar lo que será su martirio…
Y río, río incluso mientras enojados quiebran mis dedos, río abiertamente y sigo resistiéndome, el metal cortando mi vena en algún momento. Y ahí se detienen, porque aún no me quieren muerto.
Me niego a desmayarme incluso cuando me sueltan y el "doctor" me atiende lo indispensable para que no me muera. Que me vaya por mi propio pie, dice, y me limito a rodar los ojos y enfrentarme a las escaleras. El dolor lo invade todo a un nivel insoportable, y mis pasos vacilan, mis manos rotas se aferran a las paredes, caigo de rodillas… y sigo arrastrándome con un solo pensamiento fijo en mente. No van a ganarme. Al menos hoy no debo curarme. Si cada vez que me torturan logro que casi me maten, ¿esquivaré siempre eso?
Me pongo de pie junto al baño, para enjuagarme la boca. Me miro al espejo, la expresión rota. Realmente rota. Media boca sonríe y media boca llora; mis ojos lagrimean, mis manos tiemblan, pero mis ojos tienen esa expresión que supongo es locura. Pálido y ensangrentado, mi mente empieza a descarrilarse, y entendiéndolo, me arrastro hacia mi habitación. Caigo en la cama, delirando…
¿Que me harán suplicar? ¡Quisiera verlos intentándolo!
There is a fire inside of this heart and a riot about to explode into flames. Where is your God? Where is your God? Where is your God?
este y el siguiente no están en rima
Llevo tres meses aquí sin Lucette. Me ha costado aceptarlo, pero he tenido que hacerlo: ella me ha protegido de muchas cosas. Todo es peor sin ella aquí, e incluso me lo han dicho "Ya no está tu hermana para salvarte". Me pregunto cómo hacía...
Tirado en la cama, ruedo el dado entre los dedos, costumbre que he adquirido ya hace un tiempo. Alguien abre la puerta y entra. Es el hombre que me amenazó aquel día, el que nos lleva y trae de la escuela actualmente, Gerard. Soy muchas cosas, pero estúpido no es una. Me levanto y echo a correr a toda velocidad hacia la puerta. Me atraparán igual, pero sólo un idiota se queda quieto esperando cuando hay otra opción. Igual, Gerard es fuerte. Me atrapa del brazo y me arrastra hacia la cama, arrojándome hacia ella entre golpes para intentar inmovilizarme. Yo lo golpeo de vuelta. Me resisto todo lo que puedo, pero él es alto, grande y fuerte; cuando me golpea en la cabeza, quedo mareado y es fácil para él esposarme a la cabecera de la cama y los tobillos a las anillas. Todas las camas del orfanato son de hierro, todas tienen anillos a diferentes alturas para facilitar estas cuestiones, y todos hemos sido torturados más de una vez aquí, así que nada de esto es sorpresa. Tampoco que haya pasado la cadena de las esposas de las muñecas entre los barrotes. Esposarme a los anillos haría más fácil mi resistencia, en cambio, si al tirar de una muñeca lastimo la otra, es más difícil que lo haga. O eso hace la gente normal. Yo no voy a perder por esa tontería.
Pero a pesar de que hasta el momento todo es previsible y habitual, a medida que mi cabeza se aclara del golpe, noto que algo no encaja.
No lleva nada. Ni un cuchillo, ni una pistola, ni siquiera un palo de metal o una de esas prensas para quebrar los huesos. Nada. ¿Es un preludio? Quizás sólo me usará de cenicero un rato hasta que llegue alguien más. O me dejará así, imaginando escenarios, hasta que otro llegue. Igualmente le sonrío con desdén.
—¿Piensas torturarme con las manos vacías?
Sonríe, y no me agrada esa sonrisa, porque es segura y eso significa amenazante. Entonces entiendo, o creo entender, cuando revisa mi escritorio y toma la tijera escolar. Va a electrocutarme. Hay un enchufe cercano a la cama, desarmarlo es sencillo, posiblemente va a cortar las puntas y usarlas. Al tener las puntas redondeadas no me puede apuñalar, y aunque es afilada, tampoco lo es al nivel que pueda lastimarme seriamente.
Al menos electrocutarme es original. Un cambio. ¿Cómo se sentirá?
Pero no, lo que hace es cortar el frente de mi camiseta.
—¿No podías quitarla antes? —protesto. Es lo que suelen hacer al fin y al cabo, y me cabrea más pensar que deberé coserla que otra cosa. ¿Ahorrarme unos golpes a cambio de tener que coser luego lo que rompe? No es negocio para mí. Gerard no habla, pero él siempre es callado, a diferencia de otros. Suspiro, a punto de agregar algo más cuando lanza la tijera al suelo, lejos de mí, y se inclina a morder mi cuello.
No lo proceso. En un momento no entiendo nada de lo que sucede, y al siguiente entiendo mucho más de lo que querría.
—¿Qué mierda haces? ¡Quítate! —me remuevo asqueado sin importarme que se me claven las esposas en muñecas y tobillos, ni siquiera es algo inusual—. Viejo asqueroso de mierda, ¿qué te pasa?
Siento el golpe en el pómulo, pero ni siquiera me importa. Busco su mirada, la mía llena de odio y asco. Y aunque no entiendo su expresión, empiezo a removerme más frenéticamente, comprendiendo que tengo que huir, pero ya. Enseguida.
Aferra mi cabello y me estampa la cabeza contra la cabecera.
Mareado, más inconsciente que consciente y dolorido, parpadeo e intento centrarme, pero pasan varios, demasiados segundos hasta que medio lo logro. Tiempo durante el cual noté un cambio en las esposas de uno de mis pies, pero al medio recuperarme e intentar moverlo lo encuentro sujetado, así que descarto la idea. Al menos durante otros segundos, lo que tardo en entender lo que ha hecho.
Bajo la vista hacia mi pierna desnuda, y la otra con la ropa arrugada a la altura de la rodilla, y entro en pánico.
—N… No, ¿qué haces? —muerdo mi labio forzando una risa desafiante, pero aterrado. El metal de las esposas perfora mi carne como nunca antes, nunca intenté tanto escapar—. Déjame, yo… yo ha… —haré lo que sea pero ya para, quiero decir. Por favor, no hagas nada. Por favor, ¿qué hacen tus manos sobre mí? No… déjame… vete… por favor…
Pero él quiere que suplique, así que me callo, y sigo inútilmente intentando soltarme, o golpearlo. En cierto modo me aferro a la idea de que esto será todo, pero cuando un rato después lo veo llevarse la mano a su propio pantalón, pierdo cualquier orgullo.
—No, esper… yo… por… —ni siquiera entonces puedo completar la súplica—. Haré lo que quieras, ¿vale? ¿Sí? Lo prometo, te lo juro… te lo juro por mi hermana pero no… no… no, de verdad no… yo… basta…
Basta. Detente. Para. Yo… yo no puedo con esto.
¿Qué hice para merecer esto…?
Nada, nada. ¡Nada! No hice nada para merecer nada y sin embargo lo soporto todo. ¿Qué culpa tengo yo de que mis padres hayan muerto? ¿De que el orfanato más cercano haya sido regentado por este loco con dinero y poder? ¿Qué hice tan malo para merecerlo? ¡Nada! No tengo ni quince años… no hice nada… no pude haberlo hecho… no lo merezco… pero puedo soportarlo, pero no esto…
Por favor, es que ni siquiera me importa si duele. Es… es lo que estás haciendo. Es…
Para. ¿Cuánto tiempo llevas? Para…
Déjame inconsciente al menos. Golpéame hasta que me desmaye y no me entere de nada.
Sí, sé que me estoy riendo. Pero para, por favor…
—Tan cagón que ni te atreves a hacerlo conmigo suelto. Tienes que atarme, ¿eh? Tan poco hombre eres que tienes que agarrar a alguien menor y más débil que tú porque —cállate, Julien, ya cállate— no puedes follarte a más nadie. Das asco —idiota—, ¿siquiera crees que te tengo miedo? Ya está, ya lo hiciste, así que para qué intentar evitarlo —por favor, Julien, cierra la boca. No lo mires con desafío—. Venga, a que aguanto más que tú. Condenado hijo de puta, que ni siquiera duele —imbécil, eso es lo que soy, un imbécil, sonriendo y provocándolo porque ya me humillé antes y no sirvió para nada. ¿No puedo sencillamente quedarme callado?
Aterrado por dentro, sólo quiero que pare o que me mate, pero definitivamente no que tome mi estúpido desafío.
En algún momento, la pausa es larga de verdad y me atrevo a enfocar la vista. Esta vez suelta todas mis esposas, pero no tengo fuerzas para hacer algo. Sólo lo miro aterrado. Pero se aparta, se viste.
—En cuarenta minutos salimos para la escuela. No puedes faltar —son todas sus palabras mientras se va.
Sólo intentar moverme me indica que es demasiado poco tiempo.
Tembloroso, es el miedo absoluto a lo que implica ese "no puedes faltar" lo que hace que logre levantarme y moverme hacia el baño. Apenas llego a tiempo para lograr vomitar en el váter, luego me meto en la ducha, aferrándome al grifo para mantenerme de pie. Ni me importa el dolor, pero siento que incluso si pudiera bañarme tres horas seguidas no sería suficiente para quitarme esa sensación de sucio y de asco.
Ni siquiera puedo llorar.
Me quedo hasta último momento, me vendo de cualquier forma, apenas alcanzo a vestirme antes de que nos llamen. Mi cabello aún gotea. Temblando, me dirijo a la entrada. No tengo tanto miedo desde hace años… ¿tengo que caminar dos cuadras y luego dos tramos de escalera? ¿Tengo que sentarme en clase?
Si sólo es hoy… pero como si yo tuviera tanta suerte.
Tell me, would you kill to save a life? Tell me, would you kill to prove you're right? Crash, crash… Burn, let it all burn. This hurricane's chasing us all underground.
Hay un trozo de pintura descascarada en el techo. Lo miro mientras me río a carcajadas. Siento el golpe, no me importa. Azul… azul quedaría bien… el rojo contrastaría bonito. ¿La sangre llegará al techo? No, ¿verdad?
—¡JAJAJAJAJAJA! —ah, esa risa es mía, sale de mi boca, pero la ignoro, mis pensamientos totalmente desligados de mis acciones—. ¡Sigues siendo un inútil! ¡Un completo estú!… arrrgh —el golpe me hace toser. Sí, azul y rojo combinan bien. Es una suerte que el cutter sea azul—. Venga, a que no puedes más que esto —¿es mejor ir preso o lavar las sábanas? Esta semana no pude hacerlo. No tuve fuerzas, incluso si estar aquí me asquea. No, es mejor ir preso. O internado en un psiquiátrico. Hasta yo sé que eso no es tan lejano ya. Si sobrevivo, claro…
Llevo días intentándolo, si hoy no lo logro, moriré o enloqueceré más allá del retorno. Hay límites de cuánto tiempo se puede vivir una pesadilla y yo ya llegué al mío.
Ah, estoy tan cansado y débil, ¿hace cuánto no he comido?, pero tan aterrado que si me lo permitiera a mí mismo lloraría a gritos. Pero llevo una semana sin derramar ni una puta lágrima.
¡Al fin! Se ha cansado, no sé cuánto lleva pero se ha cansado. Mi tiempo límite son dos segundos. Es todo el lapso que tengo para actuar. Ya fallé dos días, hoy no puedo hacerlo. Tengo que ser rápido. Y apenas me suelta una muñeca, esta vez me muevo a toda velocidad. Saco el cutter de bajo la almohada y lo clavo en la aorta, con la fuerza nacida de la desesperación.
Estuve buscando y estudiando en la biblioteca de la escuela todo el sistema circulatorio, hasta que pude identificar en mi propio cuerpo las venas principales.
La sangre brota a chorros, pero yo no me detengo. ¿Cómo sé si es suficiente? Clavo el cutter una y otra vez, incluso logrando impedir que llegue a apartarse, riéndome a carcajadas locas y aterradas. Sigo cuando deja de moverse. Sigo frenéticamente varios minutos después. Y cuando me animo a detenerme y mirar, y compruebo que está muerto, desplomado sobre mí pero muerto, entonces recién me siento aliviado.
Y tembloroso, y aterrado, y con ganas de abrazar a alguien y llorar, pero no tengo a nadie que pueda consolarme o ayudarme.
Dejo caer el cutter y miro hacia la mesita de al lado, donde dejó su teléfono. Gerard pesa mucho y yo sólo tengo una mano libre. ¿Tengo chances de vivir si llamo a la policía? ¿O me matarán luego? Por favor, que me lleven preso, pero que no me dejen aquí…
¿Y si intento lograr un acuerdo con ellos?
Imposible. Pero a la policía la tienen controlada.
Me echo a reír, recordando algo, y agarro el teléfono. Lo desbloqueo apoyando su dedo en la cosita de atrás y marco un número que repiten siempre en la radio. Clement va a acallar todo, pero no me podrá matar así, ¿verdad?
Apenas escucho el sonido del mensaje, hablo.
—Soy Julien Bonheur. Si aparezco muerto, quiero que sepan que la culpa es de Clement Saint-Germain —corto, y entonces sí, marco al 911.
Es tan obvio todo lo que ha sucedido, siendo que aún no se ha vestido y yo sigo atado, que incluso si nada se callara yo no tendré problemas, creo. Una lástima. La cárcel parece más segura…
—Maté a alguien —confieso apenas me atienden. Necesito que vengan, necesito que me ayuden—. Me estaba… —y no puedo ni pensar la palabra—. Está sobre mí. Su cuerpo. Estoy atado, no me puedo mover, sólo tengo una mano libre y la usé —intento explicar, empezando a hiperventilar. Maté a alguien. De verdad lo hice. Por el miedo, por el pánico, pero maté a alguien.
Y no se sintió mal… tengo casi toda su sangre sobre mí y no se siente mal. De hecho es reconfortante. De alguna manera es hasta agradable. La sensación de cómo su vida se iba, de cómo su respiración se alteraba y cómo intentaba resistirse…
Quizás y sí me merezco todo lo que pasa, ¿eh? No soy idiota, ninguna persona normal debería pensar algo así. Así que bien podría empezar a devolverle al mundo lo que el mundo me ha dado… ¿quién sabe más de infligir sufrimiento que quien repite lo que ha recibido? Tanto real, como lo que imaginé pero los poco originales nunca hicieron...
Pero ahora sólo quiero llorar, un abrazo, un doctor y a Lucette. Y estúpidamente, eso es lo que agrego al teléfono.
—Quiero ver a mi hermana…