Cuando me tomas de la mano en un determinado punto de la noche, se que todo estará bien pese a que todo tiene un final. Quiero que nuestro final nos haga lo suficiente capaces de vernos y seguir aflorando, de saber que nuestras raíces bien asentadas llegarán a donde las proezas que hacíamos sobre el cielo nocturno crezcan. Quiero que nuestro final pese al inevitable desgarre al alma que representa pueda hacernos recordar, saborear, sentir lo que tanto amamos en el momento. Quiero que cuando sea nuestro final ames a otras mujeres pero no más que como me amaste a mi. Y que nuestras cartas que ya anunciaban ello, y nuestros regalos, nuestro arte jamás deje de hacernos pensar “demonios, que buenos tiempos”.













