La lluvia repicaba sobre los salientes del nuevo edificio, y se dejaba oír por los rincones del piso que estaba en absoluto silencio. Cuando Kyle despertó de su siesta, se encontró a Winter apoyada en el alfeizar de la ventana, con un pie subido al mismo mientras el otro no tocaba el suelo, que a esas alturas de la noche ya estaría frío, por un par de centímetros. No hizo falta que dijera nada para que la adolescente supiera que ya se había levantado. — ¿Sabes? Nunca había estado tan cerca. Del exterior. Los ojos entrecerrados de Kyle titubearon antes de hablar. — ¿Cómo que no? ¿Es que te han tenido encerrada en un zulo todo este tiempo o qué? Un par de golpes secos provenientes de la puerta de entrada pausaron la conversación que apenas se había iniciado. Veronica apareció ante los ojos de los dos una vez le permitieron el paso, con el pelo negro goteando a ambos lados de su rostro. — Siento el retraso, pero su base está más lejos de lo que creía — observó con atención al hombre y a la niña, y una divertida sonrisa apareció de manera fugaz —. Veo que por suerte aún no os habéis matado. — Muy graciosa. ¿Has visto el material? — Sí, y hay bastante más de lo que necesitábamos. La mujer desvió su mirada hacia Winter, que no les quitaba el ojo ahora de pie junto a ellos. No le importaba que la escuchara, pero aún así, bajó el tono de su voz. — ¿Sigues queriendo participar? — ¿No te es raro que nos haya encargado hacer su entrega? — Lo quería hacer Marlene, pero no puede dejar su puesto. No éramos su opción favorita, ni la segunda tampoco. Y.. — Sí, y necesitamos las piezas. Ya. No hace falta que lo vuelvas a repetir. Kyle también miró a Winter, y sacudió la cabeza mientras resoplaba. Iba a ser un viaje largo, pero la recompensa lo merecía. — Vamos, tengo el coche en el garaje, así iremos más rápido.











