tiene un fulgor especial tiñendo sus ojos verdes, quizá es verdad aquella fantasía de que la concepción trae algo distinto: un tono distinto en la piel, un aura demasiado atrapante, quizá es la felicidad que brota hasta por los poros la que hace que se vea así, diferente, angelada. conoce la noticia hace días y todavía parte de ella no puede creerlo, dudando de la posibilidad de una ilusión. una manera de empezar a creerlo, de abrazarse a esa noticia bendita, es compartirlo. está tocando timbre con impaciencia, esperando atenta una respuesta. “vamos, brando, aparece ya, no me digas que no estás…” masculla por lo bajo, sus pies dando casi imperceptibles saltitos, abrazada mejor al tapado que cubre su cuerpo del otoño recién empezado. poco es lo que sabe del otro, entre mensajes que tardaban en responder o directamente quedaban sin réplica alguna, la preocupación comenzaba a germinar en su pecho. “¿brando? anda, abre, soy aysun” acompaña el golpeteo de sus nudillos con su timbre de voz, jubiloso, pero también intranquilo. “¿estás por ahí o estás huyendo de mí, eh?” / @tlatoanies
eran un buen ejemplo de opuestos, mientras que aysun estaba radiante como el sol, brando parecía demacrado; cuencos vacíos, ojeras pronunciadas, erupciones en la piel. trataba de mantenerse limpio, de verdad trataba, pero alguna cosa u otra siempre era el detonador para seguir usando mangas largas que alejaran a curiosos y jueces porque evidencia era reciente y notoria. no podría echarle la culpa al juego donde se conocieron pero resultaría más fácil, no tiene una explicación válida del declive de su persona, tal vez estaba marcado desde la concepción y demasiado tiempo libre fue lo llevó a su destino. por un tiempo pensó que podría mejorar, que tenía un propósito, que podía cambiar, la ilusión no le duró mucho y como consecuencia pareciera que todo lo que toca, se pudre. “¿aysun?” repite para sí desde el segundo piso de la vivienda, acelerando el paso para llegar hasta la ventana donde debate mentalmente si debe o no abrir. de repente se siente mal por todos los textos que ha dejado postergados y aunque claramente está feliz de verla, le apenan los términos: una casa sin asear, pocas pertenencias porque han ido desapareciendo conforme sus demandas, mal aspecto físico. al final decide que no quiere preocuparla más, se ha tomado el tiempo de visitarlo, no quiere ser un mal agradecido. “¿cómo podría estar escondiéndome?” entrecierra los párpados al momento de abrir, mueca es suplantada por una sonrisa, acercándose a abrazarla. “no esperaba ninguna visita, ¿puedes hacerme el favor de ignorar el desorden?” trata de parecer despreocupado, pero vista es rápida inspeccionando el salón en busca de cualquier objeto que vocalice sus problemas. “aunque si me hubieras dicho, hubiéramos podido ir a algún otro lugar más lindo, hay un restaurante cerca de aquí que hace desayunos todo el día, ¿no se te antoja algo así?”