Poco a poco entiende que no es el mejor sujeto que pueda estar en Serval pero luego de tantos años manejándose conforme las exigencias de esta institución llegaba a concluir que al menos su estadía era algo permitido, cuando en cierto momento jamás habría pensado volver a pisar, su estadía tenía un motivo y nombre, luego de tres años olvidaba donde estaría como para ir a ese punto exacto a buscarlo. Tenía sentido pensar que iría a la universidad, era un centro de ayuda muy grande y fuera de eso, ambos tenían esa conexión con el lugar por toda la historia, esperar allí, ayudando para no incomodar con su presencia. Esa voz provoca que su piel se altere, sus sentidos se agudizaron y aún con su poder jamás pudo sentir su acercamiento, tan acostumbrado estaba a no temer de él que no pudo sentirlo, lo observó de pies a cabeza y se quedó un poco falto de aire, no se veía nada cambiado, no se movió ni un poco, los primeros meses incluso llegó a figurarse su presencia con ilusiones, no estaba creando ninguna en ese instante, puede tenerlo tan cerca y se sentía tan pequeño, aunque la edad fuera distinta y el tiempo ahora funcione diferente, se continua sintiendo pequeño junto a él —Tom — sus labios de a poco se quedaban congelados, no había palabras ni dudas de que en realidad estaba allí, habían vuelto todos y solo era cosa de tiempo, siempre lo fue, tarde o temprano iba a encontrar la forma de traerlo consigo, o de ir a donde él estaba —No cambiaste nada — Sus manos reposaron en su pecho y de allí a su mejilla, su calor, su piel, cada imperfección perfecta para sus ojos, todo estaba como si apenas hubiese dejado de verlo hace horas, habían pasado tres años desde la ultima vez que lo había tocado, no lo ha notado, pero sus azules dejaron una lagrima, luego de meses de no poder hacerlo, tenerlo cerca le hace volver a sentir que no ha pasado nada —Te busque, por todos lados, entre reinos, intente traerte… intente buscar una forma de traerte antes de que tu… pero era imposible, no podía llegar a ti —
Pudo sentir que todo era realidad cuando por fin sus pieles se tocaron, esa diferencia tan marcada que tenían pero que les encantaba, el frío tacto lo trajo de vuelta a la realidad y esos ojos azules penetraron su alma como tantas veces solo él lograba hacerlo. Su respiración se hacía casi nula, en verdad no podía creer que tenía a Cody frente a él a pesar del tiempo, de que quizás él no lo había sufrido como el Rubio, sin embargo le encantaba volver a escuchar su nombre sobre aquella voz y esos labios. Sabía que lo que le decía Cody era verdad, no lo dudaba ni un momento y si no lo encontró fue por que con las gemas las cosas solían ser muy diferentes, un poder que desapareció a la mitad de la humanidad en un chasquido, -Te creo..- le susurro, llevando sus manos a las mejillas del pálido, dejando claro que todo ahora estaba bien, él estaba bien. -Te creo completamente y se que hiciste todo lo posible en tus manos, yo lamento no haber regresado antes, si hubiera tenido una forma de tan siquiera poder llamarte.- apretó sus labios, no quería que el rubio volviera a sufrir no quería estar separado de él tanto tiempo. Ahora las dudas le carcomían, ¿que había hecho en ese tiempo? esperaba que no recayera, que no buscara de nuevo el mal, quería estar ahí para él para ser su soporte, daría su vida una vez más por el hombre que tanto ama. -Pero mírate, sigues sin tomar color a pesar de que pasaron tres años, eh, ¿donde te metiste? dime que salías de vez en cuando.- se acercó más al rubio sin dejar de mirar sus ojos, pero oh dios, esos labios lo invitaban de nuevo a pecar, de perderse, de fundirse. -Habrá tiempo para que me cuentes todo, ahora al diablo todo lo único que quiero es besarte y sentirte mio.- susurró antes de enredarlo con sus brazos y robarle ese beso que tanto deseaba desde horas atrás.