Este vacío lo voy a llenar con arena y me voy a construir un castillo con una torre enormísima para esconderme y esperar a que alguien venga a rescatarme. Pero no le avisaré a nadie que estoy ahí. También acumularé mis lágrimas en un frasquito, y luego las regaré junto al castillo, en la arena, como un mar, a ver si en algún sacudidón, alguna levantada, u otro tropiezo, colisionan y se disuelven mis paredes, mi torre, y me caigo. Si me caigo a lo mejor me encuentran incluso sin avisarles. Podría hasta deshacerme de la arena para que me encuentren mejor. Asomarme un poquito por las orillas del vacío, sacar la cabeza, agitar un brazo, alzar la voz. Véanme, me escondí, pero me salí del escondite. Véanme, aquí estoy, aquí adentro. No hay nada, no hay nadie, sólo yo. Mírenme, solita, sin rueditas o flotadores, mamá.