Hogar que aún respira.
Olvidados pensamientos en una gran casa, movida por respiraciones que ya no se encontraban presentes. Dolían en la madera y no mentían cuando las lágrimas del hogar se colaban por los tablones viejos, se venía abajo lo que hacía años se había construido, y sería inevitable su suicidio.
Silencioso, pero mortal. Doloroso, pero seguro.
Nadie lloró, nadie gritó, el crujido de un lugar abandonado fue el último sonido de un beso dejado atrás en esas paredes, de dos amantes que en algún momento fantasearon con el amor eterno.












