“Oh,” comenzó, asintiendo un par de veces. “Bueno, en realidad no es mucho. Pensé que podías estar aquí desde secundaria o algo así,” sin saberlo, por alguna extraña razón, siempre asumía que todos se encontraban ahí desde pequeños a excepción de él. “¿Entonces entraste a estudiar hace poco?” cuestionó, quizá la respuesta era obvia, mas bien pudo haberse cambiado de carrera o haber conseguido la beca en la mitad de una. “Me arriesgo a invitarte al jardín si tú lo haces. Me parece una soberana estupidez, pero creo que prefiero el aire fresco a encerrarme en el comedor,” admitió, aún así en su rostro se mantuvieron rasgos pensativos, dudosos. “El problema del jardín es que apestará a plata, pero podemos soportarlo, creo yo.” Medio bromeó, obsequiándole una efímera sonrisa a su contrario mientras cambiaba la dirección rumbo al nuevo sector mencionado.
“Oh, no, la secundaria la hice en otra institución” respondió, con un encogimiento de hombros. Aunque, pensándolo bien, pudo haber entrado en la academia actual antes de quererlo, después de todo, fue un becado toda su vida. “Algo así, aunque comencé la carrera universitaria apenas finalicé los estudios básicos” informó, respingando el puente de la nariz. “No sé qué tan diferente puede sentirse el jardín a comparación al comedor, pero confiaré en tu criterio... si es que estás seguro de querer ir allí” su mirada se desvió a las características del contrario, cuestionándose internamente si el otro se sentía obligado de alguna forma a acompañarlo luego de haberlo ofrecido. “Oh, claro que podemos” aseguró, una sonrisa trazando sus carmines mientras trataba de ocultar la emoción que comenzaba a verse reflejada en sus facciones. “¿Puede ser en un lugar que no pegue demasiado el sol? No te burles, pero mi piel es muy sensible y no me gustaría parecer un tomate andante los próximos días...”









