Quiero recordarte, ahora que puedo hacerlo, que estoy completamente enamorado de ti. Quiero que sepas que cuando no estoy contigo te pienso, cuando cierro los ojos, te sueño, cuando suspiro me sale tu nombre y que cuando te miro, te siento. En tiempos dónde las palabras no están valorizadas y el tiempo demuestra cómo es cada uno, quiero que sepas que, aunque mi tiempo puede variar, encontraré mil formas de demostrarte lo que mis palabras intentan reflejar. No puedo imaginar una vida sin ti porque ahora mi vida eres tú. Y a la mierda las sentencias, a la mierda la cordura y a la mierda los cuadros que nos dicen que no podemos perdernos en el otro ¿qué es el arte si no puedes explorarlo sin limitaciones? ¿qué es el amor sino otra cosa que el acto más puro que puede entregar un ser humano? Y si está mal, que esté mal. Y si es poco tiempo, tranquilo, demostraremos que esto solo es el comienzo de toda una eternidad. Que veo otras relaciones y todas dan asco y te miro y joder, te miro y me siento tan feliz y orgulloso de lo que estamos creando que las lágrimas inundan mi rostro. Que tú y yo, somos nuestra gran historia de amor, nuestra jodida revolución. Eres la guerra que siempre quiero batallar y la paz que necesito en mi alma. Eres contradicción. Eres razón y perdición. Eres puta locura y cordura. Eres delirio y certeza. Certeza de nunca haber estado tan completo y seguro de algo, de alguien. Que decirte que te amo se queda corto para todo lo que siento por dentro. No hay palabras suficientes en el diccionario para describirte. Eres rabia y templanza. Eres poder y rendición. Eres tantas cosas que solo puedo imaginarte en cada una de ellas. Desde las más normales hasta las más complejas. Eres obsesión. Joder. Obsesión por tus pensamientos y por tu corazón. Obsesión por tu cuerpo y por tus comportamientos. Obsesión por tu vida y por todo lo que te hace sentir vivo. Eres vértigo y hogar. Eres todas las versiones de mí que nunca existieron hasta encontrarte. Eres mi obsesión más tranquila y mi paz más violenta. Eres necesidad y me asfixio sin ti. Te ruego que siempre me afirmes que soy completamente tuyo por si algún día no recuerdo más que tu nombre. Te suplico que me levantes cuando mis muros caigan y me rehagas con tus dedos como si fueras Dios y yo tu fiel creyente. Y si te pienso, no es solo por necesidad, es porque pensarte es un acto sagrado. Es mi condena y es ordenarle al caos que tenga sentido. Es convocar carne viva a la palma de mis manos. Y en ese pensamiento te vuelves herida abierta y regreso. No necesito templos ni altares, ya aprendí a rezar pronunciando tu nombre entre dientes. Te vuelves poema que me respira, carne que me pronuncia, destino que me reclama con la paciencia brutal de lo inevitable. Te elijo incluso cuando no puedes elegirte. Y si tocar tu oscuridad significa perderme, perderme será la forma más divina de encontrarme. El único momento en el que quiero vivir ahora es en tu ‘𝘵𝘦 𝘢𝘮𝘰’. Quiero colgar tu ‘𝘵𝘦 𝘢𝘮𝘰’ sobre cada uno de mis alientos. Ardo por hacer que tu ‘𝘵𝘦 𝘢𝘮𝘰’ se convierta en mi vida, mi historia y, eventualmente, mi muerte.
No sé qué tenía aquel día, pero desde que abrí los ojos supe que iba a ser de los buenos. El sol entraba a raudales por la ventana, el aire olía a verano y a cerveza fría, y Szöke tenía esa cara de calma y sentí una paz completa en mi interior. Nos fuimos a la piscina sin pensarlo demasiado, como si el cuerpo supiera que lo que necesitaba era flotar un rato y dejar de pensar. Me tiré al agua de cabeza, haciendo largos de un lado a otro, buceando, haciendo el idiota. Me encanta esa sensación de hundirme, de escuchar el silencio líquido, de notar cómo todo se desacelera ahí abajo. A veces necesito movimiento, ritmo, dejar que la mente se asiente mientras el cuerpo se cansa.
Cuando salí del agua, con el pelo chorreando y el sol pegando fuerte, lo vi ahí sentado en el borde, los pies sumergidos, una cerveza en la mano, observándome con ternura y nostalgia. Cogí mi cerveza y me acerqué a él, apoyándome en el borde de la piscina, medio cuerpo fuera, sintiendo el contraste entre el calor del sol y el frescor del agua. Le brindé con una sonrisa y un trago largo. “𝐷𝑖𝑜𝑠, 𝑞𝑢𝑒́ 𝑏𝑖𝑒𝑛 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑜. 𝐸𝑙 𝑑𝜄́𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑖𝑑𝑒𝑎𝑙.” Él me miró y asintió, y en su silencio había más palabras que en cualquier conversación larga.
Después me senté a su lado, los dos en el borde, con las piernas dentro del agua. Le di un beso en la mejilla, uno de esos besos tranquilos que no buscan nada más que decir “𝑒𝑠𝑡𝑜𝑦 𝑎𝑞𝑢𝜄́”. Cerré los ojos y me dejé calentar por el sol. El tiempo se estiraba. De pronto, sin saber por qué, le dije eso de que el sol tarda ocho minutos en llegar hasta nosotros, que lo que sentíamos era luz vieja. Me reí al decirlo, porque era una tontería, pero también porque me pareció bonito pensar que lo que fuimos sigue calentando, aunque ya no esté. Y él, con esa manera suya de comprender sin interrumpir, me abrazó por la espalda. Sentí su respiración en mi cuello, su piel húmeda contra la mía, y supe que en ese momento no faltaba nada.
No sé cuánto tiempo pasamos así, hablando poco, riéndonos de cualquier cosa, bebiendo. Hasta que él me abrazó fuerte y, sin avisar, nos tiramos juntos al agua. Caímos de golpe, entre risas, salpicando a lo bestia. Él se subió a ese unicornio hinchable que había traído yo y se tumbó como si estuviera en un hotel de cinco estrellas. Le grité que era trampa y nadé hacia él, intentando volcarle la colchoneta, pero fue en vano. Empecé a jugar con sus pies, a nombrarle los dedos uno por uno como si fueran personajes. Reímos tanto que me dolía el estómago. El agua se llenó de carcajadas, de chapoteos, de besos robados entre carreras de buceo y piques absurdos.
Éramos dos críos grandes, riéndonos a carcajada limpia, empapándonos de sol y de vida. Subirme a sus hombros, caerme, volver a subirme. “¡𝐴𝑙𝑒𝑥𝑎, 𝑝𝑜𝑛 𝑚𝑢́𝑠𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑐ℎ𝑖𝑙𝑙.ᐟᐟ”, grité en mitad de la piscina, y él se partía de risa. Las canciones llenaron el aire y por un momento el mundo se redujo a eso. No había nada que arreglar, nada que temer. Solo estar.
Cuando el sol empezó a bajar un poco, salimos del agua. Él se dejó caer en una hamaca, exhausto, y me pidió una cerveza. Fui a por dos, porque yo tampoco pensaba quedarme quieto mucho tiempo. Le di la suya y me senté a su lado, aun goteando. Le dije que tenía una propuesta, que quería hacerle una sesión de fotos, que le había comprado ropa bonita. No lo planeé demasiado, simplemente lo había hecho porque me dio la gana, porque cuando pienso en él pienso en luz, en belleza, en algo que quiero capturar.
Su cara fue un poema. Se rió, se confundió, me hizo mil preguntas seguidas y luego dijo que sí. Claro que sí. “𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑠𝑖 𝑚𝑒 𝑣𝑜𝑦 𝑎 𝑝𝑜𝑛𝑒𝑟 𝑔𝑢𝑎𝑝𝑜, 𝑡𝑢́ 𝑡𝑎𝑚𝑏𝑖𝑒́𝑛 𝑙𝑜 ℎ𝑎𝑐𝑒𝑠”, me soltó. Y así, sin más, acabamos planificando una cita romántica para esa noche.
Fui dentro a buscar la bolsa con la ropa
que le había comprado. Le enseñé las prendas una por una, emocionado como un niño enseñando sus juguetes nuevos. Camisas blancas, chalecos, guantes de cuero, pantalones ajustados. Todo pensado para él, con su estilo de motero pero un poco más elegante. Cuando salió con la primera combinación puesta, casi me da algo. Era... joder, 𝙚𝙧𝙖 𝙥𝙧𝙚𝙘𝙞𝙤𝙨𝙤. Lo miré desde la lente de la cámara y tuve que respirar hondo.
“¿𝐸𝑟𝑒𝑠 𝑟𝑒𝑎𝑙ᐣ”, le dije riendo. Le hice fotos mientras el sol caía, la luz dorada resbalando por su piel. Le pedía que girara un poco, que mirara hacia mí, que se riera. Me encantaba cómo me miraba. Hablábamos entre foto y foto, y de vez en cuando me acercaba solo para besarle, sin poder resistirme.
Cuando terminó la sesión, nos duchamos y nos cambiamos. Fuimos al restaurante en su moto, el viento secándonos el pelo. No recuerdo haber sonreído tanto en un trayecto. Él conducía con una mano y con la otra me buscaba la pierna, y cada vez que me tocaba, el mundo se hacía más pequeño.
El restaurante era elegante, de esos que tienen luces cálidas y mesas separadas. Nos fuimos a una mesa lejana. Me dejó pedir el vino, y entre copa y copa, subió la temperatura. Sobre todo, a la hora del postre. Precisamente la noche anterior habíamos acabado entre orgasmos por un simple dónut y ahora, por una tarta de oreo y un coulant de chocolate blanco, nos estábamos poniendo cachondos. Que si ‘’abre la boca’’, que si ¿quieres más? Que si ¿te pongo más vino? Me estaba llevando al límite, allí, en mitad del puto restaurante. Sus ojos ardían de lujuria y los míos de pura intensidad. Me tocaba la pierna debajo de la mesa. Me provocaba, me miraba como si tuviera delante una obra de arte.
Entre el vino y él, el calor en mi se desató y la vergüenza salió del chat. Me dijo que me tocara superficialmente y con disimulo y lo hice, pero quería que fuera él. En un momento dado, me tuve que sostener al borde de la mesa de lo mareado que me sentía. Necesitaba algo estable que tocar, algo frío que me mantuviera en el sitio. Le cogí de la mano retorciéndome en mi sitio. Necesitaba explotar y él estaba disfrutando de verme así, en aquella situación. Se nos fue de las manos, lo admito. No sé en qué momento me ordenó que fuera y me sentara encima de él, que no podía más. Y lo hice sin rechistar. Joder. Le rodee con mis piernas y, aunque intentó disimular abrazándome como si de un momento tierno se tratase, nuestras caderas se restregaban solas. Perdí el control. Lo hice. Joder sí que lo hice. No podía parar de gemir en su oído y él me decía que me comportara. Acalló su orgasmo en mi hombro, mordiéndome con fuerza. Tuve que morderle de vuelta el cuello conteniendo un grito. Me advirtió que me iba a tocar para que yo terminase y me recliné un poco hacia atrás para dejarlo hacer. En mi mente estábamos solos, en mi mente no había nadie salvo él y yo pero la realidad es que las mesas más cercanas comenzaron a cuchichear y miraban algo curiosos por la escena.
No nos veían, o eso creía, la iluminación era tenue y romántica y había mucho espacio entre mesa y mesa. Tampoco estaba lleno pero la tensión y nuestro comportamiento, nos delataba. No tardé en sentir la ola de placer apoderarse de todo mi ser. Lo miré a los ojos mientras lo hacía y me puso la mano en la boca para callar mi orgasmo terminando por besarme al final del mismo.
Hubo un momento en que me faltó el aire. Era demasiado. Él era demasiado. Y mi cuerpo solo temblaba bajo sus efectos.
Desde ese momento hasta llegar a casa fue un show. Szöke se encargó de todo. Menos mal que tengo a un hombre que resuelve al lado. Dejó suficiente dinero en la mesa como para pagar dos cenas de esas.Szöke me abrazó fuerte. Me cubrí en su pecho, intentando recuperar el aliento. Aún temblaba, de la misma adrenalina. Él cogió su chaqueta y la colocó de una forma tan torpe como adorable, y entonces me miró y dijo: “𝑉𝑎𝑚𝑜𝑠, 𝑎𝑏𝑟𝑎́𝑧𝑎𝑚𝑒, ¿𝑣𝑎𝑙𝑒.ᐣ”.
Nos fuimos casi a la carrera, entre risas contenidas, como dos críos que acaban de hacer una travesura. Afuera,
el aire fresco nos golpeó la cara y fue como despertar de un sueño. Me agarró de la mano y echamos a correr sin razón, solo porque podíamos, porque estábamos felices. Szöke me levantó en brazos, dándome vueltas, y me besó una, dos, mil veces. Me sostuvo la cara entre las manos y me besaba con frenesí.
Luego condujo él. Yo estaba medio tumbado, con la cabeza apoyada en la ventanilla, mirando las luces de la ciudad que pasaban rápidas. Sentía el cuerpo ligero, el alma desbordada. El vino me hacía flotar un poco, pero sobre todo era él, aquel día y todo lo que acababa de suceder en el restaurante. Su voz, su risa, la forma en que me dijo: 𝐹𝑖𝑛𝑛, 𝑚𝑖 𝑛𝑖𝑛̃𝑜… 𝑡𝑒 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜. 𝐽𝑜𝑑𝑒𝑟, 𝑡𝑒 𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟𝑜. ¿𝑄𝑢𝑖𝑒𝑟𝑒𝑠 𝑑𝑒𝑠𝑐𝑎𝑛𝑠𝑎𝑟 𝑢𝑛 𝑝𝑜𝑐𝑜 𝑦 𝑡𝑒 𝑎𝑣𝑖𝑠𝑜 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑢𝑒𝑚𝑜𝑠. ᐣ
Solo pude asentir, con una sonrisa cansada y el corazón latiendo tan fuerte que parecía querer salirse del pecho. Cerré los ojos, y mientras escuchaba el motor y su respiración al volante, pensé que, si el mundo se acababa en ese momento, me daba igual. Porque ya lo tenía todo.
Aquella noche lo que experimentamos no fue algo normal. La conexión psicológica que tenía con él sobrepasaba cualquier tipo de expectativa que pudiera tener. Eran las 2:00 de la mañana y seguía tentándome su sonrisa. Aquella tarde habíamos follado como completos animales todo por culpa de un donut, suena estúpido, pero, es que cuando le tienes tantas ganas a alguien hasta por algo tan simple como ver quien se come el último trozo de la merienda, puede llevarte por senderos inesperados. Le había follado con ganas, marcándolo, haciéndolo mío en cada embestida. No obstante, todo ese deseo venía marcado de antes, desde el principio del día, a causa de nuestras charlas y nuestra mente. Me excitaba el hecho de verle pensar y de verle explicar sus pensamientos. Me encendía la forma en la que hablaba, en la que sus valores cobraban vida propia una vez que él los expulsaba de su cuerpo. Por la noche, no fue diferente. Él ya me había comentado que era capaz de llegar al orgasmo solo con la estimulación mental, pero una cosa era advertirme y otra muy diferente vivirlo.
Estábamos en la cama, tumbados a punto de irnos a dormir. Nos acabábamos de fumar un porro a medias. Se escucha el viento chocando con los árboles en las afueras de Charming y teníamos una luz tenue que alumbraba la habitación lo justo para vernos las caras. Comenzamos a hablar como de costumbre y nos empezamos a poner cachondos. No sé ni cómo. De repente, las 3:00 de la mañana volvieron a dar las 2:00 (cambio horario nacional) y me dijo que la vida nos había regalado otra hora para poder estar juntos. Y joder, ya te digo que la aprovechamos.
Nos empezamos a tentar. Le empecé a abrazar por detrás y a decirle que teníamos que ir a dormir mientras mi polla comenzaba a sentirse un poco más dura en su muslo. Me dijo que no le mandara a la cama y yo le contesté que es cierto, que hoy estaba muy mandón. Joder. Aquella frase le encendió y se giró sobre sí mismo para mirarme a los ojos seriamente. Me dijo que era un cabrón y un hijo de puta que encima…sí, 𝘦𝘯𝘤𝘪𝘮𝘢 𝘦𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘺𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘩𝘢𝘤𝘦 𝘶𝘯𝘢𝘴 𝘩𝘰𝘳𝘢𝘴 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘦́𝘭. Pensé. Lo dije. Noté como su respiración chocaba con mis labios y cerró los ojos con el ceño fruncido. Parecía estar mareado, pero no era eso. Se estaba conteniendo. Me mordí el labio inferior mirándolo con admiración. No quería que se contuviese. Quería que explotase, y lo hizo.
Le respondí que quería follarle, otra vez. Que lo quería follar todo el rato. Mi voz sonaba como un hilo musical ronco. Mis manos descendieron hasta su costado acariciando su cuerpo. Notaba su polla chocaba con la mía, pero no quería hacer nada. Solo quería observarlo hasta el límite. Le agarrare del brazo tirando hacia mi cuerpo, acercándolo. Él seguía con los ojos cerrados y pude descifrar varios gemidos estallando desde su respiración profunda. Terminar y seguir, follarte, terminar y seguir le decía en un susurro mientras observaba todas las facciones de su rostro. Como su cuerpo se tensaba ante mí, como me pedía más sin hablar. Le dije que era capaz de comerle entero de nuevo y de volver a hacerle mío. Joder. Recordar lo apretado que estaba me hizo dar un respingo sobre mí mismo. Entonces como pudo me dijo: Quiero que me ames y quiero que me duela, quiero que me des placer y se me salten las putas lágrimas.
Joder. Gemí ahora yo de escucharlo. Estaba a mil por hora de nuevo. Me sobraba todo. Me ardía la piel y lo único que pude hacer en respuesta es pegarme más a él. Inconscientemente, comencé a mover la cadera en su dirección. Me dijo que casi no podía abrir los ojos de lo cachondo que estaba y yo lo sabía. Me agarró de la cabeza, apoyándose en mi nuca con los dedos, pero sin abrir los ojos, solo gemía y se retorcía de placer bajo las sábanas. La tenía dura y él empezó a decirme que le encantaba. Que quería verme todo el día empalmado y que lo haría en público. Que me susurraría al oído lo mucho que disfruta cuando se queda de rodillas y me la
come poniéndomela dura como una piedra. Volví a gemir, esta vez más fuerte. Me dijo contra mis labios y sin llegar a besarlos que no sabía su nombre, ni quien era, que se le olvidó todo, todo salvo la imperiosa necesidad de que le penetrase. Joder. Noté como mi polla erecta dio un impulso involuntario de adentrarse en él.
Y entonces se perdió. Comencé a decirle a regañadientes como me ponía, que quería follarle con todas mis putas ganas. Que le follaría mil veces. Que soy insaciable. Y ahí fue cuando me agarró con más fuerza de mi cabeza y me confesó que iba a tener un orgasmo en su cabeza. Solté el aire contenido a punto del infarto. Verlo de aquella forma tan pasional me hizo ver lo real que era nuestra adicción. Nuestra mente se conectaba entre sí haciendo que tuviéramos un placer inmediato con tan solo excitarla. Quería que explotase. Gemí sobre sus labios de nuevo haciendo un gran esfuerzo en no besarlos. Mi cadera iba por libre haciendo movimientos rápidos, chocándose con su pelvis. Él me respondía de igual forma al vaivén. Su frente estaba contraída, estaba concentrado en dejarse llevar. Joder. Me dijo que se iba a correr y no parase de hablarle, de decirle lo cuán mío que era. Primer intento, casi llegó dejándole con la oleada de placer al filo del precipicio, pero el segundo intento, oh joder, el segundo intento si fue real. No quería tocarle demasiado porque no quería desconcentrarle, más bien, dejaba que él se agarrara a mi como impulso para poder llegar a hacerlo. Me agarraba con firmeza de la cabeza y su frente se apoyaba en la mía mientras gemía y reclamaba más, reclamaba que no parase. Le dije que era mío, que me pertenecía y que le iba a marcar el resto de mi vida. Le dije que estaba empapado y era verdad, notaba como el líquido preseminal salía de mi cuerpo, sabía que con tan solo un poco de estímulo en mi polla también podría correrme, pero no quería, quería ver como él lo hacía y todo esto sin tocarlo. Le dije que no iba a parar de follarle la puta mente, de follarle porque era mío. Que me pertenecía, le repetí y que me volvía demente. Y él gimió con ganas, gimió y gritó. Me dijo que se corría y lo supe por cómo estaba llegando al orgasmo. Gemí con él notando como me humedecía entero la entrepierna. Su cuerpo daba espasmos y convulsionaba. Joder. Lo había conseguido. Lo había vuelto tan loco que se había corrido con la mente. Mi respiración se entrecortó y mis pupilas se dilataron observándolo de cerca. Poco a poco fue recuperando el sentido, aunque le costó hacerlo. Se había corrido muchísimo, incluso después de llegar al clímax, seguía mojándome. Mojándose. Mojando las sábanas. Se atrevió a abrir los ojos por primera vez y me dijo que se le había ido la puta cabeza y que se había quedado en la gloria. Yo seguía atrapado en la situación cayendo en la cuenta de lo que acaba de suceder. Era algo tan físico como mental y ahí entendí que no solo Szöke tenía el poder sobre mí, también supe con certeza que yo tenía un poder sobre él sobrehumano. Inexplicable. Saber que nuestras mentes estaban diseñadas para hacerse el amor cada día y experimentarlo por primera vez fue algo excitante y placentero. Tenía hasta ganas de llorar por la emoción de ver como a alguien le gustaba tanto mis pensamientos que se corría por ellos. Joder. Era algo extremadamente fuerte que jamás había sentido y sabía que él tampoco lo había hecho.
Después de correrse, me pidió que lo abrazara, que ahora sí podía dormir y aunque yo estaba cachondo y tenía la polla pidiéndome auxilio, lo hice. Este era su momento, y verle de aquella forma, en cierta manera, también me hizo llegar al orgasmo a mí también. Le dije que le daría besos por toda la cara hasta que se quedara dormido y lo cumplí. Lo último que recuerdo fue besarle el lunar de su rostro y apoyar la cabeza sobre su pecho escuchando el latido de un corazón desbocado y jodidamente enamorado.
Finn: Eres parte de mi. A veces no sé dónde acabo yo y dónde empiezas tú. Y no en modo perdido, no, al contrario, es que contigo me encuentro y me siento completamente a salvo. E incluso a veces siento que, por razonamientos y emociones como hemos expresado antes, realmente siento que tenemos el mismo corazón por eso me cuesta ver dónde acabo yo y dónde empiezas tú. No se si me explico. Es algo....es como....es como si estuvieras hecho a mi medida. Como si el mundo hubiera unido las piezas finales de un rompecabezas y ahora aunque se desmonte, sabría mil formas de volver a unirme a ti.
Siento que mi sonrisa se llena de ganas de cada una de tus palabras, que mi aliento se detiene y que bien podría haber caído muerto cuando me deleitas con un mensaje de infarto