quentinxfontaine:
– No quieres comprobarlo, Alaska. – indicó, aunque una sonrisa rápidamente se apodero de su rostro ya que no tenía la menor intención de ofenderla, pero era muy competitivo. – Podrías amenazarlo con algo y así jugar con su pobre cabeza.
“ No es necesario, Q, ¡soy la reina! “ respondió antes de acomodar su pelo hacia un lado de su cabello. Si el contrario buscaba hacerle creer lo contrario, tardaría siglos. La chica era caprichosa y terca de primera. “Y obviamente hacerle un poco de daño, sólo para mostrarle la punta del iceberg de lo que puedes hacer.”














