Quizá, sinceramente, habría preferido no haber escuchado aquellas palabras. Quizá todo hubiera sido mejor si Enzo sencillamente no se hubiera propuesto decir todo aquello. ¿Por qué tenía la extraña sensación de que estaba jugando con sus sentimientos? Es decir, ¿no se supone que le gustaba? ¿Ahora de repente también sentía cosas por su amiga? Presionó los labios con fuerza y sintió cómo poco a poco toda la culpabilidad iba desapareciendo para dar paso a un ceño más fruncido de lo habitual, presa de la molestia que iba creciendo en ella. Debía estar bromeando. Lo peor es que después de todo, se acercó con esa confianza para besar su mejilla y apartar un mechón de cabello, como si aquellas acciones tan cariñosas y suaves fueran a menguar la ira que parecía ir naciendo desde lo más profundo de su ser. Por un instante le pareció estar viendo a su madre, amante de los líos y con una amplia noción del poliamor. “Para empezar” trató de sonar tranquila, pero era evidente que su tono se había elevado del normal. “No creo haberte dicho de mi boca que hay alguien que me guste, así que no digas cosas que ni he pronunciado” tomó una amplia bocanada de aire. Sentía que si no se relajaba volvería a caer en otra discusión incómoda entre ambos. Dio un paso atrás, alejándose de él. “Para continuar. No me entra en la cabeza que te pueda gustar una persona y vayas besando a otra porque sientes algo por ella y no sabes qué. Osea yo no entiendo a la gente que puede querer a varias personas a la vez. Pero independientemente de lo que yo opine o piense, porque es evidente que cada uno tiene su forma de ver y vivir su vida; no me parece justo que ahora, de repente, no te importe lo que vaya a decirte, porque para empezar no te he dicho qué pensaba con respecto a tu confesión. No solo no te lo he dicho, sino que tú has decidido tomar tus propias decisiones y decirme que no te importa si me gusta otra persona porque solo deseas mi felicidad y no sé cuántas cosas encantadoras” poco a poco su tono iba proclamándose sarcástico y, con mucha evidencia, enfadado. Rápidamente el movimiento de sus manos hizo paso a un áuge en su cabreo. “¡Está claro que no sabes ni lo que sientes! Si te gustaba, que lo dudo, se te pasó tan rápido que ya empiezas a imaginarte que me gusta alguien más y estás tan centrado en besarte con mi amiga, que ni reparas en tu supuesta mejor amiga a la que siempre le contabas todo y que ahora, mágicamente, vas a cuidar como si no sintieras nada. ¡Cómo se puede dejar de sentir algo por alguien tan rápido! O mejor dicho. ¡Cómo se puede empezar a querer a la gente tan deprisa! Eso o es que me has engañado. De hecho, me empiezas a recordar mucho a mi madre” y él bien sabía cómo había sido y cómo era la vida sentimental de la progenitora de Diana. Se llevó las manos a la cabeza, sintiéndose estúpida. ¡Y ella tan preocupada todo ese tiempo por no haberse dado cuenta de los sentimientos de Enzo y lo mal que podría haberle hecho sentir! Dio varios pasos atrás, abriendo la puerta de su cuarto. “Sal, por favor.”
¿Qué quería que le dijera? Enzo siempre era una persona sincera, especialmente cuando se trataba de lo que sentía y en esta ocasión se había atrevido hablar con la contraria; sin embargo, parecían que las cosas estaban tomando otro rumbo. Una parte de él se reprimía por confesar lo que sentía por ella, porque la amistad que tenían se encontraba en juego y ahora era capaz de comprender que las cosas se estaban desmoronando frente a él, ¿acaso estaba mal decirle que sus sentimientos estaban en confusión? Jamás trato de llegar a algo más con ninguna de las dos personas que se encontraban en su mente, las cosas que habían pasado con Freya estaban presentes y por ende no quiso tocar a Diana de otra forma que no fuese la correcta, quiso aclarar incluso lo que él mismo sentía aunque esto fuese difícil. Enzo necesitaba a su amiga, la persona que era comprensiva y a quién recurrirían en situaciones como estas; no obstante, se comenzaba a sentir castigado por razones que ni él controlaba por ende retrocedió y la dejo hablar, no ganaba nada con ponerse a excusar. “He dicho que puede haber alguien y de ser así me gustaría que estuvieras con esa persona” soltó ante sus primeras palabras, porque él no quería que se metiera con una persona confundida, no quería exigirle que esperara a que se dejará de confundir eso era egoísta. “Quizás yo soy él que está mal, quizás siento algo por una de las dos solamente y estoy confundido, no sé qué sea pero lo que se dio con Freya fue algo espontaneo, no tenía planeado besarla pero en el momento preciso se dio y no quise evitarlo por ello pienso que no es justo ponerte a considerar las cosas conmigo, cuando pareces no comprender ese aspecto y sí me importa lo que digas, pero siento que te estoy poniendo en una posición que no debería” le aseguró, sintió una punzada por cada una de sus palabras, por supuesto que Enzo siempre iba a buscar la felicidad de ella, la quería y no pensaba en otra cosa más que ayudarla, solo quería ver a la rubia feliz, por eso le fastidiaba que ella pensará de sus intenciones eran negativas. Enzo alzó la barbilla con molestia mirando hacia otro lado y mordió su labio para evitar decir algo mientras ella hablaba. “Sí me gustabas Diana, pero tienes razón quizás ni sabía lo que sentía en ese instante, pero ahora me doy cuenta de muchas cosas. Porque a mí me gustaban tantos aspectos de ti, pero ahora siento que no te conozco porque me estas juzgando y estaba consciente de que las cosas serían complicadas, pero quería terminar con todo esto por un buen camino y no te vine a mentir, decidí que no jugaría con ambas y tome una decisión” Rolo los ojos, Enzo había cometido errores, era humano y estaba en sus venas equivocarse, parecía que la forma correcta de actuar era una porquería. “Sí, Diana me voy como siempre has retirado todo tu pasado antes de comprender, permiso” soltó en dirección a la puerta, ya no serviría discutir acerca del asunto.