¿Qué quería que le dijera? Enzo siempre era una persona sincera, especialmente cuando se trataba de lo que sentía y en esta ocasión se había atrevido hablar con la contraria; sin embargo, parecían que las cosas estaban tomando otro rumbo. Una parte de él se reprimía por confesar lo que sentía por ella, porque la amistad que tenían se encontraba en juego y ahora era capaz de comprender que las cosas se estaban desmoronando frente a él, ¿acaso estaba mal decirle que sus sentimientos estaban en confusión? Jamás trato de llegar a algo más con ninguna de las dos personas que se encontraban en su mente, las cosas que habían pasado con Freya estaban presentes y por ende no quiso tocar a Diana de otra forma que no fuese la correcta, quiso aclarar incluso lo que él mismo sentía aunque esto fuese difícil. Enzo necesitaba a su amiga, la persona que era comprensiva y a quién recurrirían en situaciones como estas; no obstante, se comenzaba a sentir castigado por razones que ni él controlaba por ende retrocedió y la dejo hablar, no ganaba nada con ponerse a excusar. “He dicho que puede haber alguien y de ser así me gustaría que estuvieras con esa persona” soltó ante sus primeras palabras, porque él no quería que se metiera con una persona confundida, no quería exigirle que esperara a que se dejará de confundir eso era egoísta. “Quizás yo soy él que está mal, quizás siento algo por una de las dos solamente y estoy confundido, no sé qué sea pero lo que se dio con Freya fue algo espontaneo, no tenía planeado besarla pero en el momento preciso se dio y no quise evitarlo por ello pienso que no es justo ponerte a considerar las cosas conmigo, cuando pareces no comprender ese aspecto y sí me importa lo que digas, pero siento que te estoy poniendo en una posición que no debería” le aseguró, sintió una punzada por cada una de sus palabras, por supuesto que Enzo siempre iba a buscar la felicidad de ella, la quería y no pensaba en otra cosa más que ayudarla, solo quería ver a la rubia feliz, por eso le fastidiaba que ella pensará de sus intenciones eran negativas. Enzo alzó la barbilla con molestia mirando hacia otro lado y mordió su labio para evitar decir algo mientras ella hablaba. “Sí me gustabas Diana, pero tienes razón quizás ni sabía lo que sentía en ese instante, pero ahora me doy cuenta de muchas cosas. Porque a mí me gustaban tantos aspectos de ti, pero ahora siento que no te conozco porque me estas juzgando y estaba consciente de que las cosas serían complicadas, pero quería terminar con todo esto por un buen camino y no te vine a mentir, decidí que no jugaría con ambas y tome una decisión” Rolo los ojos, Enzo había cometido errores, era humano y estaba en sus venas equivocarse, parecía que la forma correcta de actuar era una porquería. “Sí, Diana me voy como siempre has retirado todo tu pasado antes de comprender, permiso” soltó en dirección a la puerta, ya no serviría discutir acerca del asunto.
No quedaba ni rastro de aquella Diana sociable, amable y empática. En ese preciso momento estaba siendo simplemente egoísta. Él había errado, se había atrevido a jugar con sus sentimientos, haciéndola sentir agobiada, estúpida y culpable, como una mala amiga por no haberse dado cuenta de todo lo que Enzo había estado sintiendo por ella y que no sabía cómo encararle. Y ahora, que estaba preparada, se encontraba con que repentinamente había pasado de 'simplemente pasó' a 'siento cosas por ella'. La utilización del pasado en el verbo gustar le daba a entender que simplemente había sacado un clavo con otro clavo. Sabía bien cómo era eso, su madre lo hacía siempre. Con suerte su relación más larga (descontando su viudedad) había sido de seis meses, con un empresario Coreano. Mantenía la mano en la puerta, con el ceño fruncido y el semblante más impasible que nunca jamás había mostrado. La única vez que estuvo más enfadada que en ese momento, fue cuando su madre le pedía que llamara Papá a cada hombre nuevo que llegaba a casa. Por supuesto ella no lo hizo, ninguno era su padre y jamás lo serían. "Has dicho que sabes que hay alguien. No intentes dejarme como una mentirosa porque no estoy sorda y sé muy bien lo que acabas de decir" declaró solemne, con un tono de voz firme y decidido. "No tenía conocimiento de que, cuando te gusta alguien, deseas que esté con otra persona. Aunque, oh espera disculpa, se me olvidaba que ahora de repente utilizas el pasado para referirte a los supuestos sentimientos por mi." Llevó una mano a su pecho fingiendo culpabilidad. "No, está muy claro que no sientes confusión alguna. Simplemente creíste sentir algo por mi, pero como no te correspondí en primera instancia, decidiste pensar que quizá lo de Freya sí era algo más que un simple beso que pasó." Era como si escupiera aquellas palabras. ¡Se sentía tan traicionada! Era su mejor amigo, ¿cómo se le había ocurrido siquiera aprovecharse de ella de esa forma? "Me pusiste en una situación que no deberías en el preciso momento que decidiste confesar tus supuestos sentimientos por mi que tan rápido se han desvanecido. Eso se llama capricho." Pero lo peor no había pasado, ya que cuando pronunció aquellas palabras sintió como si la golpearan una y otra vez en la boca del estómago. No había brillo en su mirada, en absoluto. "Entonces estamos a la par, yo tampoco te conozco. Mi mejor amigo desapareció en el preciso instante que me cambié de cuarto." Bramó con tono autoritario, decidido, sin compasión. Cuando él comenzó a salir, ni se molestó en escuchar lo último que dijo, simplemente le cerró la puerta en las narices.