El año pasado, tuve la grata oportunidad de conocer a una profesora que la verdad no me agradaba como debería. Porque siempre la considere muy fastidiosa con sus análisis, criticas y conclusiones que yo tenía que definir de las montañas inmensas de trabajos, tareas e informes de diversos temas en los que era necesario *según ella* opinar al respecto, Por lo tanto, tenía que olvidarme de los compañeros que me rodeaban y simplemente ignorarlos si no quería sacar 0, Por lo que debía esmerarme lo suficiente para tratar de usar las palabras adecuadas y evitar decir una tontería.
Para mí y mis compañeros nos parecía la peor clase, la más aburrida, incluso la más estresante, ¿A quién coño a los 11, 12 o 13 años le gusta analizar los temas de la historia?, Para muchos era una “Pesadilla”, como jóvenes teníamos muchas cosas en la cabeza, algo que nos distraía, un chisme, la gente farandulera, la persona que te llego a gustar, problemas en casa, las primeras decepciones a las personas que por error le llamamos “Amigos”, en fin.
No entendíamos y hasta ahora hay muchos que no entienden el favor que nos estaba haciendo esa señora. Ella nos estaba formando, nos estaba demostrando que no importa el tema, siempre vas a tener algo que decir, algo que opinar, algo que aportar, nos estaba dando el poder de tener un criterio propio. De expresar lo que sentimos lo que creemos, sin importar que estuvieses equivocado, pues ella siempre encontraba la manera de hacernos entender como eran en realidad las cosas, basadas en argumentos, en hechos. Esa señora nos estaba brindando las herramientas, la clave algo muy sencillo, para no pertenecer a alguien más del montón. Esa señora aún vive, y aún está tratando de crear una generación pensante, Fuerte, Capaz de diferenciar la verdad de la mentira, lo mediocre de lo bien hecho, A tener bases. A hablar con propiedad, A impedir que este mundo se vaya tan rápido a la mierda. Y que se le de más valor a lo que en realidad lo tiene, Al arte, A la cultura, a pensamientos que enriquecen, y no a letras vacías, que actualmente invaden las mentes y en ellas sólo se guían de porquería, por pereza a pensar o por simplemente dejarse llevar, lo que ataca a la población más vulnerable, la juventud, la adolescencia. A la generación que puede cambiar al mundo, o llevarlo más rápido a un caos.