Sitio específico en el Parque Pedro de Valdivia de la Serena para el Festival de la Artes de Coquimbo 2025.
Añañucas (con colectiva Biodiversas)
La añañuca es una geófita cuya vida permanece gran parte del tiempo bajo tierra. Su floración es breve y estacional. Depende de condiciones ambientales específicas y expresa los ciclos de intermitencia de los ecosistemas semiáridos de Chile. Actualmente, distintas especies del género Zephyranthes se encuentran en estado vulnerable por la pérdida y fragmentación de su hábitat, la expansión urbana, la recolección ilegal y el sobrepastoreo.
En la Región de Coquimbo, diversas especies se distribuyen en sectores costeros e interiores. Particularmente en el área urbana de La Serena, y según observaciones realizadas en terreno e iNaturalist, es posible encontrar poblaciones en el Parque Cendyr, Quebrada de Peñuelas, Parque Coll, Cerro el Jote, Cerro Grande y el bosque de Las Compañías, evidenciando su persistencia en espacios naturales de la ciudad.
Añañucas rojas (Zephyranthes phycelloides) en Totoralillo y Parque Cendyr de La Serena.
La instalación de la obra se realizó en el Parque Pedro de Valdivia, una de las principales áreas verdes de La Serena. Fue diseñado por el arquitecto Guillermo Ulriksen y el paisajista alemán Óscar Prager en el marco del Plan Serena (1948–1952), impulsado por el presidente Gabriel González Videla. En sus propias palabras:
"París me enseñó que el urbanismo, más que una nueva ciencia, era un arte que había nacido para redimir a la ciudad y sus contornos de la miserable, insalubre e inhóspita aglomeración humana en los suburbios y era el antídoto a la fealdad y ofensa a la estética, al confort y ordenamiento de las aldeas, villas, pueblos y metrópolis...
La lucha para llevar a efecto la reconstrucción urbanística de la ciudad, con el nuevo trazado de sus calles, apertura de plazas y parques, fue titánica. Para enfrentar la resistencia, tuve que organizar con tropas del Regimiento Arica un equipo técnico para la toma, ocupación y a la vez mudanza de los afectados, que eran llevados a las nuevas y modernas viviendas que se les tenían preparadas". (González Videla, 1975)
El Plan Serena propuso una relación ideológica entre ciudad y naturaleza, entendiendo las áreas verdes como una herramienta para “rectificar” el entorno y contener el avance del desierto. Sin embargo, esta visión respondía a ideales paisajísticos extranjeros que concebían el paisaje semiárido como una carencia que debía ser corregida, invisibilizando las ecologías preexistentes y desplazando la flora nativa propia del desierto florido:
"Para contener el avance implacable del Desierto de Atacama, que asoma ya en las puertas de la ciudad de La Serena, el Plan contempló la reforestación... Para este efecto, mi Gobierno contrató al técnico italiano de la FAO señor César Pilla y al director del Jardín Botánico de la Universidad de California, señor T. H. Goodspedd... Las plantaciones fueron hechas por la Corporación de Fomento, a base de eucaliptos, pino de las Canarias, pino marítimo, pino piñonero, olivo de Bohemia, algarrobo, mioporo y diversas otras especies". (González Videla, 1975)
Estas tensiones hoy adquieren vigencia frente a la crisis hídrica regional y la persistencia de modelos de espacio público que continúan reproduciendo estas formas de intervención sobre el territorio.
Parque Pedro de Valdivia en 1960 y en la actualidad. Diario El Día.
En este contexto, Añañucas propone volver la mirada hacia aquello que ha permanecido fuera de estas narrativas de progreso y embellecimiento. Más que reconstruir una imagen idealizada del paisaje, la instalación rescata ecologías que persisten en estado de latencia. Si el modelo de desarrollo urbano imagina un territorio que debe ser corregido, la obra propone un gesto colectivo de reparación simbólica que invita a reconocer las relaciones ecológicas que sostienen la biodiversidad local.
¿Qué formas de vida quedan excluidas cuando importamos modelos paisajísticos? ¿Qué significa habitar un territorio cuyos ciclos biológicos se expresan a través de la espera y la intermitencia? ¿Qué memorias ecológicas permanecen bajo tierra? ¿Están todavía bajo el suelo del parque?
Añañucas es una instalación escultórica y colaborativa. A través de estructuras metálicas y textiles, las flores son trasladadas a una escala habitable. La idea del cambio de escala es que la añañuca deja de ser una flor pequeña que se observa a distancia y se convierte en un entorno que puede ser recorrido. Es una inversión de la mirada, no somos quienes contemplamos la flor, sino que entramos en ella. Sobre rocas del lugar se dispusieron acuarelas sólidas y líquidas elaboradas con pigmentos vegetales, con las que el público pudo participar en la construcción de la obra.
La segunda instalación de la obra fue en la Quebrada de Peñuelas (límite natural entre La Serena y Coquimbo) para el día de los Humedales 2026 en colaboración con la Red de Guardianes de la Quebrada Humedal de Peñuelas. Además celebramos el hallazgo de la Zephyranthes sarae o Pascualina en el lugar: una nueva especie de añañuca rosada descrita por los botánicos Jhon Watson y Ana Flores en 2019.
Herbarios de la Zephyranthes phycelloides y la Zephyranthes sarae. Universidad de La Serena.
La posibilidad de instalar nuevamente la obra en un territorio donde aún crecen añañucas permitió resignificar su sentido. En colaboración con la Red de Guardianes de la Quebrada Humedal de Peñuelas, organización que ha impulsado la protección de este ecosistema mediante la solicitud de su reconocimiento como humedal urbano y la denuncia de diversas amenazas (como la extracción de aguas mediante retroexcavadoras, la expansión inmobiliaria y la alteración de los cauces naturales), la instalación adquirió una dimensión situada, vinculada a las problemáticas concretas que afectan a la biodiversidad local.
Quebrada de Peñuelas. Diario elnorte.cl.
















