Añañucas
Colectiva Biodiversas Instalación. Escultura, pintura y antotipia sobre tela. Año: 2025

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Añañucas
Colectiva Biodiversas Instalación. Escultura, pintura y antotipia sobre tela. Año: 2025
Ornamento y delirio
Antotipia sobre papel. Cada flor fue impresa sobre su misma emulsión. Año: 2023-2024 120x125 cms.
La carne y la grieta
Video poema. Animación stopmotion a partir de cianotipia sobre papel. Año: 2025 Duración: 1.22 minutos Créditos Video: Piedad Aguirre Poema y voz: Ashle Ozuljevic Música: Ignacio Viera
La Carne y la Grieta es un viaje y nos recuerda, como los cuentos antiguos, que los tesoros se encuentran escondidos, en lo subterráneo, descendiendo hasta tocar tierra para escuchar lo que siempre pulsa bajo las suelas de nuestros zapatos. En una constelación de imágenes que honran lo pequeño, y en una actitud a la vez rebelde y amorosa, contraria a los grandes discursos, defensora de las voces inaudibles.
1992 - 1995 - 1997
Libro textil Cianotipia sobre papel y bordado sobre papel y tela 31 x 23.5 cms
Jardín Secreto
Cianotipia intervenida sobre papel. Año: 2022-2024
Jardín Secreto es un proyecto visual que se organiza como un sistema estacional y simbólico. La obra se despliega en cuatro capítulos vitales —Favores sobrenaturales (verano), Sobre los signos y ciclos de la naturaleza (otoño), Malezas internas (invierno) y Happiness is a butterfly... (primavera)— que funcionan como cosmologías conectadas dentro de un mismo territorio, atravesado por procesos de crecimiento, florecimiento, descomposición, insistencia y pérdida.
Plantas, insectos, aves, un perro, cuerpos celestes y el cuerpo de la artista son recurrentes y operan como signos que aparecen y se transforman según el ciclo en que se manifiestan. Rodean la imagen, la dilatan y la vuelven habitable. En este sentido, la obra se distancia de una interpretación simbólica directa y se aproxima a un proceso de emergencia del signo: el sentido emerge de la repetición, de su ritmo y de la convivencia de temporalidades.
Mis Jardines Secretos
¿Cómo capturar lo efímero y lo eterno a través de los pigmentos? ¿Habita el territorio en el cuerpo y el paisaje?
Son un gesto de reencuentro y una extensión de la naturaleza. Las piezas de Maria Piedad Aguirre honran el entorno a través de Mis Jardines Secretos. La artista transforma la técnica del cianotipo y da vida a un universo cromático inspirado por el desierto florido y los atardeceres de la región de Coquimbo.
Cada obra establece un diálogo entre territorio, cuerpo y paisaje, donde la impermanencia se manifiesta tanto en la evolución de los colores como en el cambio inevitable en los ciclos de la naturaleza. Esta exposición nos invita a contemplar el paso del tiempo como parte de un proceso orgánico y vital, en el que cada imagen es un homenaje simultáneo a lo efímero y lo eterno.
Sofia Pucher _ artista visual.
Texto postcuratorial de "Mis Jardines Secretos" en Galería Flach.
(No) Malezas
Cianotipia y antotipia intervenida sobre papel. Año: 2022-2024
(No) Malezas es un proyecto que se sitúa en el cruce entre botánica, experiencia emotiva y procesos fotosensibles, proponiendo una lectura de lo vegetal como un campo de resonancia afectiva y temporal. A partir de la observación de especies que habitan el norte de Chile, la obra se articula en torno a la lógica de la latencia.
En este contexto, el fenómeno del desierto florido opera como una matriz conceptual. La aparición repentina de una biodiversidad oculta en uno de los territorios más áridos del mundo tensiona las nociones de permanencia, visibilidad y valor, abriendo una reflexión sobre aquello que es clasificado como residual o marginal.
La propuesta formal se construye a partir de una serie de piezas verticales suspendidas que configuran un montaje instalativo. Inspirada en el poema I’m Vertical de Sylvia Plath, la obra explora la verticalidad como eje de inscripción del cuerpo y de la imagen en la Tierra.
El proyecto se desarrolla mediante técnicas de cianotipia y antotipia, integrando procesos de experimentación material como virados, intervenciones químicas y aplicaciones pictóricas. A través de la fotografía sin cámara se propone una ecología de la atención hacia aquello que insiste en aparecer, incluso en condiciones adversas.
(No) Malezas
María Piedad, con sus manos tintadas en hexacianoferrato(II) de hierro(III), nos invita a un viaje visual y emocional a través de la cianotipia, técnica que trasciende el arte para convertirse en un lenguaje del alma. En su taller, rodeada de las “mal llamadas malezas” y las flores del desierto, revela la belleza inadvertida y la fortaleza de estas especies resilientes.
Las fotografias de María Piedad son más que imágenes; son historias de supervivencia y resistencia. Cada impresión es un testimonio de la importancia vital de estas plantas, a menudo ignoradas o despreciadas por su apariencia. Sin embargo, para María Piedad, representan la esencia pura de la vida en las condiciones más extremas, un reflejo de la tenacidad del espíritu humano.
A través de su arte, María Piedad descubre un patrón común entre los procesos biológicos de las plantas y los procesos psicoemocionales internos. La forma en que una planta se adapta y prospera en un ambiente hostil es paralela a cómo nosotros, como seres humanos, enfrentamos y superamos los desafíos emocionales. La cianotipia se convierte en un espejo que refleja nuestra propia búsqueda de crecimiento y adaptación.
Pero María Piedad va más allá de la mera observación científica o emocional. Ella explora la conexión espiritual con la madre tierra, viendo en cada planta una extensión de la vida misma, un vínculo sagrado que nos une a todos. Sus fotografias son una meditación visual, una oración azul impresa en papel, que busca despertar en nosotros un sentido de unidad y reverencia hacia la naturaleza.
Con una sensibilidad extraordinaria, María Piedad nos muestra que su obra no solo es atractiva para la vista, sino también para el corazón. Cada pieza es un diálogo entre la artista, la planta y el espectador, invitándonos a sentir y a reflexionar sobre nuestra propia existencia y nuestra relación con el mundo natural.
Cuenta La Garza _ radio comunitaria con foco en la educación medioambiental del Limarí.
Comunicar desde el oficio
Más de cien años han pasado desde la publicación del libro botánico de Anna Atkins, producido con cianotipias y reconocido mundialmente como el primer libro de fotografías. Desde entonces, el inminente y muchas veces tormentoso avance de la tecnología nos ha permitido reproducir imágenes técnicamente impecables, e incluso hoy, en plena vorágine de la inteligencia artificial, imágenes deslumbrantes.
Me pregunto entonces, ¿cuál es la finalidad del proceso artesanal en la creación fotográfica moderna? María Piedad, mediante su obra "No malezas", nos propone una respuesta: la creación en el taller es una práctica que habla de los tiempos.
Cuatro minutos de sol directo son necesarios para ver una imagen en una cianotipia creada en el Limarí. Si te pasas, tu imagen muere velada, perdida en el azul intenso; si te apresuras, tu imagen no se crea.
La dimensión del tiempo solo se logra mediante el ensayo y el error. Podríamos llamarlo un ejercicio porfiado, de intentar más o menos tiempo, simplemente con agua o sumando químicos que alteren el proceso. Aquí podemos notar el nacimiento de la obra. Esta analogía de lo que sucede en el taller es parte de la creación espiritual, el espacio donde se enlaza el acto disciplinado de experimentar con la intención de comunicar, de manifestar una narración mediante el dispositivo artesanal.
"No malezas" representa entonces una práctica íntima de la artista, resultado de tiempos de preparación, divagaciones en torno a la vegetación, implicaciones con la práctica artesanal y, finalmente, una invitación a reconstruir nuestra mirada del paisaje.
Sol Jiménez _ gestora cultural y coordinadora de Encuentro Fotolimarí.
Texto postcuratorial de "(No) Malezas".
(No) Malezas; la belleza de la resistencia natural
María Piedad Aguirre es una artista que recolecta memoria natural y una narradora visual cuya inspiración surge de la observación de su entorno, afectado por la sequía, el desarrollo urbano y la expansión de lo digital. Su relato se construye a través de pequeños fragmentos, piezas forjadas por la infinita alquimia de la reacción mineral afectada por la luz solar y la fotografía en su estado más analógico. Su experimentación con la cianotipia nos ayuda a comprender el comportamiento de la hierba en un contexto adverso, desestigmatizando la errónea concepción de la ‘mala hierba’, a menudo despreciada y vista como un signo de abandono o negligencia. Bajo su prisma estético, esta flora obstinada se transmuta en una manifestación de belleza y resistencia. Piedad nos invita a reconsiderar estas plantas, no como intrusas no deseadas, sino como agentes esenciales en el ecosistema, capaces de adaptarse y prosperar donde otras especies no pueden. Las herramientas que ha adquirido en su formación y trayectoria artística, como la perspectiva desde la arquitectura, su dominio de la fotografía y la espontaneidad de sus expresiones gráficas, se suman a su visión sensible, convirtiéndola en una prodigiosa laboratorista visual de la botánica, de lo silvestre, del oficio análogo de hacer arte con raíz en la observación natural. Como resultado de su trabajo, logramos reconocer su transparente relación con la naturaleza, siendo su propuesta una respuesta al avance de lo digital en el arte. ‘(No) Malezas’, su propuesta artística, es la comunión de la luz y la fotografía en un diálogo primigenio, pero no por eso carente de sentido estético. Por el contrario, cada pieza contiene la riqueza propia de la naturaleza, esperando manifestarse por encima del concreto, de la construcción racional de lo que conocemos como sociedad desarrollada y, sobre todo, de lo que creemos que es el desarrollo humano. En este sentido, la propuesta de Piedad es un testimonio de la arqueología futura de quienes priorizaron la belleza y mística del paisaje natural por encima de las falsas promesas de la teorización artística. Piedad refleja a una nueva generación de artistas que dirigen su investigación hacia el territorio, la desertificación y la constante preocupación por destacar los elementos básicos en la construcción de la obra: la luz, el color, la forma y el modelo de representación natural.
Fernando Tapia Marzal_ licenciado en arte y gestor cultural. Coordinador de gestión cultural de la Universidad de La Serena.
Texto postcuratorial de "(No) Malezas".
Registro exposición (No) Malezas en Centro Cultural Gabriela Mistral de Villa Alemana. Marzo del 2024.
(No) Malezas en la Universidad de La Serena.
Visitas mediadas con:
5° básico Colegio German Riesco.
3° básico A y B Colegio Japón.
Alumnos de 1°, 2° y 3° medio Liceo Técnico Marta Brunet.
NO LLAMES LA ATENCIÓN INNECESARIAMENTE
Lean también a Chéjov y Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado el siglo. Roberto Bolaño.
Chéjov tuvo dos sabuesos que se llamaban Bromuro y Quinina, con los que se le ve en las escasas fotografías que existen del escritor. La autora judía de una de sus biografías, Irène Némirovsky, murió en los campos de Auschwitz junto a su familia décadas más tarde, legando un texto dedicado al cuentista y dramaturgo ruso tratado con la más honda admiración. (Podríamos hablar de amor; pero al tratarse de Chéjov quién no puede sentir amor.) La autora describe de manera impecable y detallada la miseria de una infancia sórdida, las adversidades económicas de una familia comerciante pobre, el ascenso y desventuras del mejor escritor de relatos breves de su tiempo, diseminados en periódicos de toda índole cuando la lectura importaba mucho más de lo que vale hoy. Tanto hay que decir de Chéjov, pero lo más importante a mi gusto, la moral, de quien conoce el dolor, la maldad, la estupidez y el egoísmo humano. Impasible, cauto, con sentido del humor y sentido del gusto, de mente libre, austero. Murió bebiendo una copa de champán mientras una polilla revoloteaba extraviada a su alrededor, en la habitación de una ciudad de paso alemana, junto a la mujer que tardíamente apareció en su vida y por quien profesó su amor.
En Tres rosas amarillas, Raymond Carver relata los últimos días de su lejano precedente literario. Se trata de un cuento al que no le sobran ni faltan palabras. Cada frase, cada descripción, cada adjetivo ingresa a un orden primordial, caracterizado de comienzo a fin por la naturalidad simplificada e incorregible de las cosas necesarias. Carver instala al protagonista de su historia bajo un lenguaje que desciende sin peso ni filosofías artificiosas sobre algunas de las circunstancias biográficas marcadas por el estado de salud del artista −la tuberculosis que acabaría finalmente con su vida−, así como su entorno y posición social como figura de renombre (adorado, entre otros, por el mismo León Tolstoi). La muerte como verbo justiciero en la voz de quienes no permiten la ausencia clave: el silencio ingobernable del final, la imposibilidad humana socorrida por la propia magnitud de la obra. Chejov es la materia de una sustancia escrita, su muerte es narrada en detalle como la versión del mundo correcta. Son las otras perspectivas las que se acomodan y esto, si lo pensamos con detención, es uno de los pocos logros elevados que existen: sepultar con la tierra sembrada a la sombra del propio jardín.
Diego Maureira _ licenciado y magister en Historia del Arte. Fundador de Aceleracionismo y parte del equipo del Departamento de Estudio de los Medios (DEM).
Texto curatorial de "Tres rosas amarillas".
Revista Daga N° 12, Septiembre 2016.