rvscvekings:
—En ese caso… Con tu permiso, Abby —dijo el hombre antes de acercarse y levantarle la barbilla para darle una lamida en el cuello, pegando la sal ahí, después agarró la mitad del limón con una sonrisa coqueta—. ¿Podrías abrir la boca para mí, preciosa?
La chica, que ya llevaba algunas copas antes de encontrarse con el mayor, no tardó en reírse al notar lo que hacía en su cuello, quedándose sorprendida ante lo que hacía. No contestó ante su pregunta, solo le miró a los ojos fijamente, asintió con la cabeza y abrió la boca como le pedía.


















