Cuesta digerir, aceptar... Aún más "resignarse"
Sólo puedo imaginar como pudo sentirse, no me di la oportunidad de preguntárselo, ni ella la de confesármelo.
Estuve tan, tan lejos...
Ojalá su destino no hubiese sido así de cruel y ominoso.
Creo que jamás tuvo alma de guerrera, sólo se dejó llevar por lo que consideró inexorable.
Siempre se dejó pisotear, nunca empuñó con fuerza la espada para humillar a sus detractores.
Sintió dolor, angustia, cubierta por un enorme halo de impotencia. Dejó su sino en manos ajenas. Buscó donde no había nada que encontrar.
No recuerdo haber escuchado su grito de guerra, no nació para la lucha.
Se dejó opacar por el miedo y la incertidumbre.
Nunca entendió que siempre estuve para levantarla, entregarle la valentía que tanto le hizo falta y que de mí admiraba.
Qué más podía pedir? Qué más yo podía hacer? Que presenciar en calidad de espectadora, el trágico final de la novela de su vida.
No reparó en que ya no podría entregarle flores cada 22 de junio? Qué me sería literalmente imposible abrazarla cuando me hiciera falta? Qué su hermosa sonrisa se tornaría nada más que en un atesorado recuerdo? En su mente trastocada, no hubo espacio para una batalla por la dignidad. Hizo del encierro su cotidianidad y del hastío sus simientes.
Si he de morir, que sea de pie, con la frente en alto, no de rodillas como los cobardes.
Me encargaré de que mi mensaje y legado perduren.
No permitiré que mi carne se pudra, mientras haya un mínimo atisbo de esperanza.
No me cegará el dolor! Lo juro! Porque con tu mal ejemplo, me enseñaste que siempre, hasta el último respiro, existe en todo momento, algo y alguien por quien luchar y mantener la frente erguida.













