🌱 . . . hola! soy annie, me gusta escribir por amor al arte, al fandom y al ser una fangirl de corazón ♡ ⋮ +20 ⊹ ella ⊹ infp ⊹ latam .ᐟ
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Luego de una tarde a tu lado, inmerso en la cercanía y el calor de tu cuerpo, la imaginación de Kentin lo lleva a explorar deseos que hace mucho se esfuerza por reprimir.
ꕤ nota de autora 💬 : esto es canon porque yo lo dije 🤓☝️ (sean amables porfis, es mi primer smut aAA).
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Kentin no podía dejar de pensar en ti.
Ciertamente, era algo normal en él. Soñador nato y romántico empedernido, estaba acostumbrado a que invadieras su mente incluso en los momentos más banales de su existencia. Eras su musa, la principal motivación para salir y enfrentarse al mundo cada día. Dueña de sus deseos más sinceros y puros, protagonista de todas sus ensoñaciones.
Pero también eras su perdición.
Siempre lo habías sido, no había caso en negarlo. Pero Kentin se avergonzaba mucho de ello, y de lo obsesionado que había estado contigo en el pasado, sus actitudes tan desconsideradamente pegajosas y agobiantes. Así que, resuelto a obrar mejor tras su regreso, y buscando encontrar una forma más sana de relacionarse contigo, se castigó a sí mismo prohibiéndose pensar en ti de esa manera.
Porque dejar de pensar en ti por completo le era físicamente imposible.
Así, al menos, conseguiría mantener sus viejos hábitos a raya. Sería más cuidadoso, procurando no dejarse consumir por la tentación de desviar sus ojos un poquito más abajo, esos días calurosos en los que llegabas al instituto mostrando más piel de lo normal; ni tampoco por la vergüenza, ante el recuerdo de sus fantasías más indecentes.
Solo así podría, en su cabeza, tenerte presente lo justo y necesario para hacerte creer que se había olvidado por completo de ti.
El problema era que, últimamente, y cada vez más seguido, estos pensamientos que con tanto esfuerzo había conseguido evitar en los primeros meses tras el anhelado reencuentro estaban empezando a volver. Incontrolablemente. Y más pecaminosos que nunca.
Cuando antes se contentaba con pensar en la suavidad de tus manos sobre las suyas, ahora se preguntaba cómo se sentiría el tacto de tus dedos deslizándose por su piel… y por sus zonas más sensibles. Cuando antes conseguía deleitarse solo haciéndote sonreír, ahora se descubría a sí mismo observando tus labios, embobado, imaginando qué tal se sentiría besarlos… morderlos… o, incluso peor, cada uno de los deliciosos actos que podrías hacer con ellos.
Estaba en problemas.
Pero no se iba a dar por vencido, Kentin era mejor que eso. Su determinación y fuerza de voluntad se habían convertido en sus mejores cualidades. Siempre que estuviera en su mano, se esforzaría por ser lo más opuesto posible al patético y obsesionado Ken de antes. No iba a permitir que regresara. Así que, cada vez que sus pensamientos empezaban a deambular hacia terrenos impuros, contenía el aire y se alejaba. Sacudía la cabeza. Se lavaba la cara. Salía a correr.
Era una estrategia que le venía funcionando bastante bien… hasta que dejó de hacerlo, una fatídica tarde de verano, en la que tan cerca estuvo de hacer realidad una de sus mayores fantasías.
Kentin había intentado besarte. Y fracasó estrepitosamente en el proceso.
Conejos o no, se maldijo a sí mismo por siquiera haberlo intentado. ¿En qué estaba pensando? Evidentemente, en cosas que no debía, pues tan pronto como se quedó a solas contigo, encerrado en el aula de ciencias, sentado a tu lado en el suelo, había saltado sobre ti como un animal salvaje. Hiciste bien en detenerlo, se dijo. Era humillante lo fácil que sucumbió ante sus impulsos más primitivos, unos deseos que creía ya superados, pero que claramente estaban lejos de estar bajo su control. Un roce y un leve sonrojo por tu parte fue todo lo que necesitó para perder la cordura.
Las cosas no podían seguir así.
Tan pronto como llegó a su hogar esa tarde, se encerró en su cuarto y se tiró en la cama, boca abajo, ahogando su frustración con su almohada. Quería gritar. Desaparecer. O dejarte ir. Pero incluso en esos momentos, mortificado como estaba, seguía sin ser capaz. Así que solo le quedaba repasar lo sucedido, una y otra vez, deseando haber actuado de forma diferente, odiándose por no ser capaz de controlarse a sí mismo cuando se trataba de ti.
Con los ojos cerrados, aún podía ver tu rostro. Tu lindo, lindo rostro. La forma en la que te congelaste ante su cercanía, cómo tus labios se entreabrieron y empezaron a temblar ligeramente, tus ojos a intentar escapar de su mirada… y el calor a invadir tus mejillas.
Kentin sacudió su cabeza, intentando borrar esa imagen de su mente, pero la fricción en aquel inocente movimiento tuvo consecuencias palpables en otra zona de su cuerpo. Ahogó un gemido contra la almohada y, entonces, se dio cuenta de algo que en realidad ya sabía, pero que comenzaba a ser dolorosamente obvio. Estaba duro. Muy duro.
Tan duro como solo eras capaz de ponerlo tú.
Levantó la cabeza, apoyándose sobre sus codos, con la intención de levantarse. Pero sus caderas lo traicionaron y, antes de detenerse a pensar en lo que hacía, volvió a buscar esa deliciosa fricción con una estocada hacia delante. Los brazos casi le fallaron. Dejó caer su frente en la almohada una vez más, su mente repentinamente nublada por el placer. Quería más. Kentin no podía seguir negando que quería más, de ti, de tus miradas escurridizas, de tus labios tan perfectos como hipnotizantes, de tu rostro sonrojándose a causa de él.
Y, especialmente, quería tenerte debajo suyo ahora mismo, mientras balanceaba sus caderas en un ritmo que pronto se volvió tan frenético que le entrecortaba la respiración, y tan obsceno que agradecía estar solo en casa, para no tener que contener todos los sonidos y balbuceos que se le escapaban.
—Ah… Sí, así…
Kentin estaba completamente perdido en la fantasía de tu cercanía. Sus cuerpos, unidos, yendo a un mismo compás, bajo el mismo ardiente deseo de dejarse consumir el uno por el otro. Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal. Se había prometido que ya no iba a pensar en ti de esa manera, pero, ¿cómo podía detenerse? Llevaba deseándolo durante toda la tarde, tal vez incluso todos los días, desde que tomó esa estúpida decisión. Y ahora ni siquiera recordaba el por qué. En su mente solo había lugar para una cosa, y era la idea de hacerte completa e inequívocamente suya.
Al recordar el tacto de tu piel, el roce de tus muslos desnudos contra su rodilla cuando se sentaron juntos, el contacto de tu mano contra su pecho cuando intentaste detener sus avances, fue como si algo se rompiera dentro de lo que quedaba del reprimido Ken. Sintió su miembro palpitar en sus pantalones, ansioso por ser liberado. Necesitaba sentirte más cerca, más profundo, más...
En un instante, sus pantalones militares estaban desparramados por el suelo, junto a la última pizca de restricción que le quedaba. Iba a hacerlo. Estaba a punto de dejarse corromper por sus deseos cuando una oleada de culpabilidad azotó su mente y, en ese mismo instante, su celular vibró en la mesita de noche.
Un nuevo mensaje.
¿Una señal, tal vez? Kentin dudó en continuar y, repentinamente sacado de su ensueño, el sentimiento de vergüenza cayó sobre él como un balde de agua fría. ¿Qué estaba haciendo? Había hecho una promesa consigo mismo, para protegerte a ti, y ni siquiera era capaz de cumplirla. No podía fallarte de esa manera. Se levantó de la cama, completamente frustrado, acalorado y perlado en sudor, con la intención de ir a darse una ducha, cuando su celular volvió a vibrar.
Frunció el entrecejo. Lo que menos necesitaba en esos momentos era seguir conectado al mundo exterior, así que lo tomó para apagarlo cuando, por reflejo, leyó el remitente de aquellos mensajes y el corazón casi le explota en el pecho.
Eras tú.
“Todo bien, Kentin?”
“Lamento lo de hoy, me puse un poco nerviosa, con todo este tema de los conejos jaja… en fin. Fue divertido”
“Deberíamos repetirlo”
“Lo de hacer locuras juntos, quiero decir”
“Como en los viejos tiempos”
“Que tengas una linda tarde ♡”
Estabas… nerviosa.
Tal vez incluso tan avergonzada o arrepentida como él.
Y deseabas repetirlo.
Kentin soltó el aire, sentándose nuevamente en su cama, se cubrió la cara con sus manos, sintiendo cómo empezaba a arder, y sonrió como un idiota.
Realmente ibas a ser su perdición.
Te deseaba más que a nada en el mundo entero y, ¿qué iba a hacer con eso? ¿Acaso existía una salida honorable de todos aquellos sentimientos? ¿Podía realmente escapar para siempre de ellos, ocultarlos, reprimirlos incluso de sí mismo, en todo momento, bajo cualquier circunstancia?
¿Y si en realidad… no necesitara hacerlo?
Deberíamos repetirlo.
Kentin volvió a leer tus mensajes una, dos, tres veces, hasta que sintió sus extremidades cosquillear una vez más, su corazón acelerarse al ritmo de sus pensamientos, cada vez más bochornosos, y sus mejillas arder tanto que creía estar a punto de derretirse ante tus inocentes palabras de amabilidad.
Tal vez esto era exactamente lo que necesitaba.
Sí, Kentin tenía que aprender a controlarse, pero enfrente de ti. No quería hacerte sentir incómoda ni presionarte con su amor. Y si esto era lo que necesitaba para dejar de actuar tan impulsivamente en tu presencia, para comportarse como un caballero y no un animal cada vez que percibía el calor de tu piel sobre la suya, entonces…
Deberá hacerlo.
Seguido.
Por ti.
Con menos culpa oprimiendo su pecho, volvió a dejarse caer sobre la cama. Estaba nervioso, pero ansioso por hacerlo, y preocupado, pero aún más excitado. Hace ya largos meses que dejó atrás el adictivo placer que solo la imaginación de tu persona podía brindarle. Uno que incluso llegó a convertirse en obsesión. Pero el pasado era el pasado, y había tomado una decisión, con las emociones a flor de piel, pero estando lo suficientemente lúcido —y desesperado— como para creer de todo corazón que era la correcta.
Entonces, iba a hacerlo.
Primero se acarició por encima del bóxer, sintiendo la rigidez y humedad que evidenciaba lo mucho que necesitaba ser atendido. Ojalá estuvieses ahí para hacerlo. Aquel pensamiento sumado al contacto de sus propias caricias hizo que diera un espasmo y, cuando cerró los ojos y lo único que pudo ver fueron tus lindos dedos, tuvo que morderse el labio para contener un gemido.
Sin embargo, se conocía lo suficientemente bien como para saber que si seguía así iba a causar un desastre, por lo que, antes de sumergirse nuevamente en la tentadora fantasía, se libró de la última capa de ropa. Kentin estaba desnudo, tirado en su cama con la cabeza apoyada en la almohada, su mano izquierda recostada en su vientre, bajo la camiseta que aún llevaba puesta, y su mano derecha sujetando tímidamente la base de su pene. Por un segundo, se sintió más expuesto que nunca. Pero cuando dio el primer jalón, cualquier rastro de culpa o vergüenza abandonó su mente. Y tú lo reemplazaste.
Estaba más sensible de lo normal, como era de esperarse, llevaba meses reprimiéndose cruelmente, y las ganas contenidas habían vuelto al deseo tan intenso que amenazaba con consumirlo por completo apenas empezar. Pronto, la habitación se llenó de sus suspiros y jadeos, del sonido tan obsceno de su mano chocando una y otra vez contra la humedad de su piel, y del olor tan inconfundible a la esencia masculina de Kentin.
La idea de lo que hubiera pasado si correspondías su beso se instaló en su mente y, esta vez, no la dejó ir. Dios, aún podía sentirte, el calor de tu cuerpo, la suavidad de tu piel, tu respiración entremezclándose con la suya. Había estado tan, tan cerca. Se odió a sí mismo en aquel momento, pero ahora mismo estaba agradecido, pues aquellos milímetros que los separaban fueron tan fáciles de rellenar en su mente como en ningún otro escenario que se haya imaginado en la vida.
Sus pensamientos se fueron enredando, mutando, volviéndose cada vez más oscuros y más húmedos. En un momento estaban en el suelo, enroscados en la deliciosa fricción de sus pelvis al besarse, y un segundo después, te tenía arriba de una de las mesas del aula, completamente abierta y entregada a él.
Se preguntaba qué tipo de sonidos harías. Si dirías su nombre. Si el rubor en tus mejillas se extendería hasta el borde de tu cuello, o tus hombros, que él mordería con posesividad. Si extenderías tus brazos hacia su cuerpo para tocarlo, arañarlo, o atraerlo hacia ti. Comenzó a hundir su otra mano bajo su camiseta ante este pensamiento, dejando que sus dedos recorrieran la piel pecosa y ardiente como si fueran los tuyos. Cómo desearía que lo fueran.
El ritmo de su muñeca aceleró a la par de sus pensamientos, que pronto se volvió tan desenfrenado como el que había marcado minutos antes, cuando aún estaba vestido y la fricción contra su cama bastó para llevarlo a perderse en la posibilidad de que fueras tú.
Ahora, cada segundo que pasaba lo acercaba más al límite. No se permitió abrir los ojos, simplemente se dejó desbordar en la fantasía de tenerte encima de él, hundido por completo en ti, entre besos demandantes y exhalantes súplicas. Él sería la causa de ellas. De tenerte tan húmeda, sonrojada y nublada de placer que le implorarías, con tu delicada vocecita, que termine dentro de ti.
Y aquel pensamiento terminaría por enviarlo al mismísimo infierno.
Kentin se dejó llevar, dando una, dos, tres sacudidas más, hasta que la presión que llevaba acumulándose en su vientre terminó por explotar, tensando y relajando los músculos de su cuerpo en un orgasmo que terminó siendo tan abrumador que lo dejó al borde de las lágrimas. Se vino con tu nombre en los labios, entre gemidos, jadeos y súplicas para nada decentes. Tuvieron que pasar varios minutos antes de que dejara de temblar. Pero luego se sintió tan relajado como pocas veces en su vida, y sonrió tontamente, al darse cuenta de que podría volver a hacerlo tantas veces como lo necesitara.
Cuando finalmente abrió los ojos y miró hacia abajo, resopló.
ꕤ nota de autora 💬 : y con este doy por terminada la primera tanda de headcanons ദ്ദി(。•̀ ,<) espero regresar pronto con más!!
Cuando Kentin te besa, puedes sentir todo su amor… y desesperación.
Sabes lo mucho que te quiere. Hablamos de Ken, la persona más obviamente enamorada de ti en todo el universo. Pero otra cosa muy distinta es poder sentirlo. Y eso solo lo consigues cuando tus labios se funden en los suyos, entre caricias y suspiros que te roban el aliento, inhabilitando tu capacidad de pensar en cualquier otra cosa que no sea él.
La calidez de su cuerpo.
El ritmo de su respiración.
Sus manos. Sobre ti. En cada roce, en todas partes.
Los besos de Kentin son un acto de adoración. Encuentras en cada uno de ellos la misma pasión del primer día, que no es otra que la de un hombre que lleva años soñando con poder hacerlo. Es difícil que tu corazón no se derrita ante su afecto tan sincero y palpable; la suavidad con la que acaricia tu piel al sostener tu rostro y correr mechones de tu cabello, o la forma tan tierna que tiene de entrelazar sus manos sin que te des cuenta, o de sonreír entre beso y beso.
Pero la línea entre pasión y desesperación es muy delgada.
Kentin puede ser una persona tan afectuosa como insegura. Pero una vez más, no solo lo sabes, también puedes sentirlo cuando esa dulzura tan característica en él es reemplazada por algo que ya conoces: la intensidad de quien teme que cada beso pueda ser el último. Y aunque te apena el origen de estos sentimientos, ¿cómo podrías no dejarte consumir por ellos? La urgencia con la que te besa cuando tiene miedo de perderte es, muy a tu pesar, deliciosa, y hay algo peligrosamente adictivo en sentirte tan necesitada por él.
Tampoco es como si pudieras permitirte analizarlo en el momento. Estás demasiado ocupada intentando seguirle el ritmo, correspondiendo besos cada vez más profundos, húmedos y hasta un poquito bruscos. No es su intención forzar su ritmo sobre ti, pero a veces no puede evitarlo: la idea de tenerte completamente para él (o peor aún, de dejar de tenerte) demasiado embriagante como para no dejarse consumir entero por ella.
Es vertiginoso el contraste entre su agarre, cada vez más firme, y la suavidad de sus dedos recorriendo cada centímetro de tu piel. A Kentin le encanta ser tu sostén, sujetarte por la cintura, el cuello, mentón; sentir tu cuerpo tensarse ante sus caricias, tenerte cada vez más cerca... incluso cuando ya no es físicamente posible. Es entonces cuando lo sientes inclinar un poco más su cabeza, la presión sobre tu nuca aumentando, con la esperanza de fundirse aunque sea un milímetro más en ti.
Con el tiempo, aprendes a vivir con esta dualidad tan desestabilizante en sus muestras de cariño. Sin embargo, por mucho que Kentin adore besarte, generalmente se reprime a sí mismo de hacerlo tanto como le gustaría; en especial, cuando están en lugares públicos y sabe de antemano el efecto que tus besos provocan en él. Encuentras adorable lo poco que le toma emocionarse ante tus caricias. Así que, para mala suerte de tu avergonzado —y necesitado— novio, de vez en cuando eres tú quien disfruta testeando sus límites y guiándolo hacia la perdición.
Kentin tuvo que esperar muchos años de su vida para poner en práctica todo el conocimiento que adquirió a través de su amplia colección de novelas y películas románticas. Tal vez pueda ser inexperto y un poco torpe a veces, pero jamás lo verás siendo poco entusiasta.
¿Cómo podría? Lo había deseado durante tanto, tanto tiempo.
Y cuando finalmente sucedió, se dio cuenta de que ninguna obra de ficción podría capturar a la perfección lo que un beso, tus besos, son capaces de hacerle sentir.
ꕤ nota de autora 💬 : llevé a cabo ejercicios de visualización muy interesantes para la creación de este headcanon... muy, muy interesantes. uso y recomiendo (੭˃ᴗ˂)੭
Los abrazos son una de las muestras de afecto favoritas de Kentin.
En un principio, porque fueron los que le permitieron acercarse más a ti cuando aún eran solo amigos. Los abrazos entre amigos están bien. Así que, cada vez que se presentaba una nueva oportunidad, él aprovechaba cada maldito segundo.
Tu olor. Tu calor. Tus respiraciones, caricias y palabras de aliento.
Kentin lo atesoraba todo.
Mentiría si dijese que, más de una vez, no exageró un poco su malestar con el único fin de verse envuelto por tus muestras de compasión, esa bondad tan característica por la que cayó rendido desde el primer día. Todavía recuerda con cariño todas las veces que él acudió a ti y tú lo recibiste, con los brazos abiertos y, a sus ojos, la mayor de las virtudes: un corazón de oro.
Cuando los años avanzaron y la relación entre ustedes empezó a cambiar, pronto las excusas —alegres o melancólicas— dejaron de ser necesarias para arrojarse a los brazos del otro. Y en el corazón de tu (ahora) novio no podía caber más felicidad. ¿Sentir tu cuerpo contra el suyo, en cualquier momento, solo con... desearlo?
Nunca echarás en falta sus abrazos.
Los abrazos de Kentin son envolventes. Fuertes. No le gusta darlos a medias. Necesita sentirte lo más humanamente cerca posible, sin dejar ni un solo centímetro de espacio entre sus cuerpos. A pesar del tiempo que llevan juntos, la fuerza de sus brazos nunca deja de sorprenderte. Podrías quedarte atrapada entre ellos por horas. Su agarre es tan firme que a veces tienes la sensación de que teme que desaparezcas en cualquier momento, y entonces, haces lo posible por ayudarlo a relajarse contra ti, de la mejor manera que conoces: con caricias, besos y dulces palabras.
Aunque adora tenerte cerca de cualquier forma posible, Kentin tiene dos tipos de abrazos favoritos.
El primero es cuando te acercas a él llena de energía y enroscas tus brazos en su cuello, llevando a que te levante por unos breves instantes. Adora cuando te aferras a él con tanta intensidad, cuando siente que buscas su tacto tanto como él busca el tuyo. La vibración de tu risa contra su pecho. Una vez que ambos recuperan el equilibrio, suele darte besitos o esconder su rostro en el hueco de tu cuello, provocándote cosquillas.
El segundo es cuando es él quien rodea tu cuello y te atrae hacia sí, en un gesto que busca ser protector, pero que para Ken es más bien estabilizante. Sostenerte entre sus brazos así, por varios minutos, despeja cualquier ansiedad o preocupación que pueda estar dando vueltas en su mente. El consuelo de tu tacto es instantáneo. Sentirte aferrándote a su espalda, buscando igualar la fuerza de su propio agarre, derrite su corazón una y otra vez.
La realidad es que le cuesta trabajo despegarse de ti. Cuando te abraza, no intentes alejarte de él demasiado rápido… o podrías llegar a romper su corazón (sí, a veces continúa exagerando). Después de todo, tu novio es experto en el uso del arma más eficaz en la faz de la Tierra: sus ojos de cachorrito.
¿Cómo podrías ser capaz de resistirte a eso?
No lo eres, por eso siempre esperas a que él deshaga el abrazo primero. Pero nunca te deja ir sin antes despedirse con un tierno beso en la frente.
¿Cuáles son las formas en las que Kentin expresa naturalmente su amor hacia su pareja? ¿De qué maneras prefiere recibirlo?
ꕤ nota de autora 💬 : uff, este puede variar mucho de persona a persona, espero haberme acercado aunque sea un poquito :p
Nadie que conozca la verdadera naturaleza de Kentin se sorprendería al saber que su lenguaje primario del amor es el contacto físico. Desde que empezaste a salir con él, ¿alguna vez lo has dudado?
Ten por seguro que la falta de muestras de cariño será la menor de tus preocupaciones en tu amorosa relación. Porque Kentin es, por definición, intenso. La persona más pegajosa que conoces. Y no lo cambiarías por nada en el mundo. Es conmovedora la forma en la que te necesita, a ti para vivir con propósito, y a tu tacto para recargar sus energías en el día a día.
Cada instante a su lado, tendrás la certeza de su amor en su forma más tangible. Kentin no solo está presente, compartiendo los mismos espacios y actividades que tú, buscando estar siempre cerca. Él necesita sentirse unido a ti. Físicamente. Necesita exteriorizar la conexión de sus corazones, evidenciarla ante los ojos del resto... y asegurarse de que sigue siendo correspondido.
El idioma de los abrazos es, sin duda, su favorito. Espera muchos, muchos abrazos. ¿Acaso existe una mejor sensación que la de sentir tu cuerpo aferrándose al suyo? También espera besos por doquier, incluso en los momentos más cotidianos, donde a veces te toma un poco desprevenida. No puede evitarlo, simplemente eres demasiado besable. ¿Esa es una palabra? No importa. ¿Y qué hay de tu mano? Es decir, su mano. Ambas cosas. Tu mano es ahora hogar de la suya, y desde que sus dedos se entrelazaron por primera vez, caminar junto a él sin unirlas se siente tan prohibido y erróneo como si nunca hubiese sido una posibilidad.
El afecto físico es, naturalmente, la forma favorita en la que Kentin prefiere expresar y recibir amor. Pero no es la única.
Desde el inicio de su relación, cuando solo eran amigos, el afecto de Ken se caracterizaba por una cosa: tratarte como a una princesa. La misión de su vida era hacer más fácil la tuya. Por supuesto, en un principio estos actos de servicio eran gestos simples como ayudarte con la tarea, compartir apuntes para los exámenes, darte dinero para el recreo y otros favores típicos entre compañeros de clase. Pero a medida que su relación fue creciendo, los gestos también lo hicieron. La atención de Ken se volvió mucho más personal y, antes de darte cuenta, empezó a llevarte el almuerzo al instituto, preparar útiles y proyectos escolares por ti, y a nivel general, lo veías siempre dispuesto a ofrecerte su favor, por grande o pequeño que fuese.
Nada aumentaba más la valía de Kentin que sentirse útil para ti. Visto de afuera, sus atenciones daban la impresión de estar sujetas a otro tipo de motivos, pero sus intenciones eran puras: solo buscaba ser lo suficientemente digno como para continuar disfrutando de tu compañía. Tu amistad era lo más preciado en el mundo para él. Intentar cuidarte, a su manera, era la única forma en la que conseguiría seguir estando a tu lado. ¿Por qué lo querrías cerca, de lo contrario?
En la actualidad, motivado por la misma sensación de carencia en su persona —aunque no con la misma intensidad que antes—, Kentin continúa haciendo su mejor esfuerzo por ser el mejor novio del mundo.
Nunca se lo pedirías, pero hay gestos que continúa haciendo una y otra vez, a pesar de todo. Es un caballero. A su lado, nunca volverás a abrir una sola puerta, sostener un solo bolso o pasar frío, su chaqueta te pertenece. Por otro lado, hay cosas que antes no podía hacer y se siente feliz de ser capaz ahora, como encargarse de las tareas pesadas, cargarte cuando te duelen los pies, o protegerte cuando existe alguna amenaza real. Cuidar de ti es, sin lugar a dudas, su segunda forma favorita de expresar su amor.
Pero, ¿qué hay de sus formas favoritas de recibirlo? Kentin tal vez sea un hombre más de acciones que de palabras, pero una cosa no quita la otra, y aunque a veces un abrazo o un beso puedan decir lo que con mil palabras él jamás podría expresar, encuentra en tus halagos, confesiones y promesas una plenitud que, día tras día, llena su corazón del más sincero amor. Las palabras de afirmación significan el mundo para él; especialmente, luego de una vida de tantos abusos.
Solo dile que lo amas, y tendrás al hombre más feliz de la Tierra a tus pies. Para Kentin, las palabras son cosa seria. Conoce el poder que albergan, lo experimentó en su propia piel durante toda su adolescencia, siendo definido constantemente por otras personas. Es una de las razones por las que a veces se siente tan cohibido y vulnerable cuando están teniendo una conversación honesta: aún teme salir lastimado... incluso por ti. Pero no puedes culparlo. Por muchísimo tiempo, los insultos, las burlas y los apodos denigrantes fueron todo su mundo, lo único que conocía.
Con tu ayuda y la de sus seres queridos, descubre que las palabras pueden tener un efecto tan nocivo como curativo en su autoestima. Cuando le dices lo mucho que lo quieres, lo feliz y agradecida que estás de tenerlo en tu vida, sus viejas heridas comienzan a sanar. Y encuentra en ellas la esperanza suficiente como para confiar en que son verdaderas.
Entre tantas muestras de cariño, es difícil escoger una favorita. Todas son importantes para mantener la chispa viva en una pareja, pero hay una en particular que siempre tendrá un lugar especial en su relación, por lo definitoria que fue desde un principio: el dar regalos.
¿Recuerdas el osito de peluche? Fue solo el inicio de una tradición muy, muy bonita entre ustedes dos. A Kentin se le da naturalmente. Cumpleaños, aniversarios, fechas especiales... siempre está preparado. ¿Cómo podría no estarlo, si es la persona más atenta que conoces? Cada detalle mencionado, por minúsculo que parezca en retrospectiva, es información valiosísima para este enamorado, que es capaz de lo que sea con tal de ver a su amada feliz. Es adorable.
Pero cualquier gesto, por grande o pequeño que sea, no se compara a la paz que le produce a Kentin simplemente estar a tu lado. Disfruta mucho del tiempo de calidad que pasan, como pareja y mejores amigos.
Incluso antes de empezar a salir juntos, siempre disfrutó de tu compañía.
¿Cómo es el lenguaje corporal de Kentin a lo largo de su adolescencia?
ꕤ nota de autora 💬 : siento que podría incluir muchísimos detalles, tics y hábitos más… pero en algún momento tenía que parar (╥ ᴗ ╥)
🌱 ♡ KEN . . .
Por lo general, Ken da la impresión de ser una persona que está siempre en alerta. Intranquilo. Incómodo. A veces, un poco triste.
Recorre los pasillos del instituto a toda prisa, intentando no estar en el camino ni llamar la atención de nadie. Si pudiera, desearía ser invisible. Pero como no lo es, hace su mejor esfuerzo por desaparecer entre la multitud. Camina con la cabeza gacha, cargando en su espalda el peso de su mochila y ese horrible sentimiento que lo acecha donde quiera que vaya; su mirada siempre fija en sus pies y el camino que tiene por delante.
Nada bueno surge del contacto visual. Lo sabe.
Muy a su pesar, no siempre puede evitar la mirada de los demás. Mucho menos, ignorarla. Casi puede sentir cuando alguien lo está observando, físicamente, en la boca del estómago, como si hubiera desarrollado una especie de sexto sentido. Pero, ¿quién no lo haría, luego de aprender que ser percibido es ser humillado?
El único problema de su instinto es que la mayoría de las veces aparece demasiado tarde. La amenaza deja de ser solo una sensación en su cuerpo y pasa a materializarse frente a sus ojos. Y por más que no quiera hacerlo, cuando inevitablemente alza la vista, ahí están: las miradas maliciosas que tanto deseaba evitar.
Ken sabe que ya no hay nada que pueda hacer para huir de ellas (o de las situaciones que estas desencadenan). Lo sabe. Pero no puede evitar encogerse aún más de todos modos, la idea de mimetizarse con la pared demasiado tentadora. Si fuera más tonto, tal vez intentaría escapar. Y si fuera más valiente, se defendería. Pero como no es ninguna de las dos cosas, hace su mejor esfuerzo por soportar la situación de la mejor manera posible, en la única forma que conoce: haciendo nada.
Durante estos momentos, encuentra confort en el firme agarre de su mochila, el salvavidas que lo mantiene a flote en medio del mar de gente riéndose y burlándose de él.
Y por muy curioso que parezca, a veces incluso él se ríe.
Desde pequeño, Ken siempre fue una persona muy risueña, al igual que su madre. Gracias a ella, la alegría estuvo presente en cada momento de su crianza y pronto pasó a formar parte de su propia identidad. Pero cuando el acoso llegó a su vida, el gesto comenzó a tomar otra forma. Otro propósito. En situaciones donde está en peligro o se siente amenazado, empezó a dibujarse en su rostro como una respuesta automática e involuntaria.
Una reacción ante el estrés.
Su sonrisa se transformó entonces en una herramienta de supervivencia, con la que intenta una y otra vez apaciguar tanto a quienes lo atacan, como a sí mismo. Es muy diferente de su sonrisa genuina, que tienes la fortuna de conocer tan bien. Aparece demasiado rápido, antes incluso de que exista razón para sonreír, y desaparece con la misma rapidez; sin alcanzar jamás sus ojos, que a menudo reflejan sus verdaderas emociones.
Esta es, en realidad, una de las características centrales de quién es como persona: su expresividad. Por mucho que se esfuerce, no es capaz de ocultar lo que siente. Su rostro siempre lo traiciona. Cuando está feliz, cuando está triste, cuando está nervioso, cuando tiene miedo, cuando está enojado…
Ken es como un libro abierto. Y esa es una de sus más grandes vulnerabilidades.
Durante las clases, a menudo se lo puede ver fantaseando. Ken es un soñador nato, se distrae fácilmente y disfruta dejándose llevar por su imaginación hacia lugares mucho más agradables que el mundo real.
🌱 ♡ KENTIN . . .
Por lo general, Kentin recorre los pasillos del Sweet Amoris con desinterés en su rostro. Es su cara neutral, o mejor dicho, la que terminó adoptando por costumbre.
Ya no intenta ocultarse como antes, no lo necesita. Es más bien al contrario: ahora encuentra satisfacción en mostrarse, que todos vean lo mucho que ha cambiado, crecido y madurado —especialmente a su regreso. Camina erguido, con la mochila al hombro y una seguridad que parece impenetrable, aunque a un ritmo relajado. No va demasiado rápido a menos que tenga una razón en particular. Y aunque ya no tema hacerlo, sigue sin buscar el contacto visual de nadie.
Su recién formado orgullo tal vez le permita levantar la cabeza ahora, pero la desconfianza en su corazón aún lo mantiene desconectado del resto del mundo.
De hecho, la mayoría del tiempo pareciera estar… ensimismado. Cuando mira hacia otra parte, da la impresión de estar divagando profundamente acerca de algo, soñando despierto, o simplemente, distraído. Pero cuando tu mirada choca con la suya, ya sea de forma intencional o por casualidad, nada podría parecer más lejos de la verdad. La mirada de Kentin es tan profunda, tan intensa, que suele tomar desprevenido a quienes no frecuentan su persona. ¿Cómo alguien que parece tan distante, es capaz de hacerte sentir tantas cosas cuando enfoca toda su atención en ti?
Aún así, a Kentin le cuesta sostener su mirada durante demasiado tiempo (especialmente, cuando la persona en cuestión eres tú). Sigue siendo tímido, por mucho que intente demostrar lo contrario. Puedes verlo en la forma que tiene de encogerse de hombros, pasar la mano entre sus cabellos y rascarse la nuca, ni hablar del calor tan evidente que suele expandirse por sus mejillas, orejas y cuello apenas se tocan temas sensibles.
Él jamás lo admitiría, por supuesto, pero sigues siendo su mayor debilidad. Cuando lo observas ocultar su rostro con el dorso de la mano, fingiendo rascarse la nariz, sabes que hubo algo en tu comportamiento que hizo acelerar su corazón.
Te sientes agradecida por que este tipo de momentos sigan existiendo entre ustedes. Pero no puedes evitar recordar con añoranza la expresividad del pequeño Ken… y desear que no se hubiese vuelto tan bueno reprimiendo sus sentimientos.
Aunque, en realidad, nunca podrá hacerlo del todo.
Desde pequeño, Kentin siempre tuvo tendencia a reaccionar profundamente a sus emociones y entorno, lo cual se intensificó aún más luego de la escuela militar. Solo que ahora… algunas emociones predominan más que otras. El espacio que antes ocupaba la vergüenza, el miedo o la tristeza, ahora lo ocupa la ira y el rencor. Aprendió a exteriorizar estas emociones negativas para sobrevivir.
Por eso, en situaciones de amenaza —que debido a sus creencias, suelen ocurrir seguido— se lo ve mucho más tenso, sobre todo en sus hombros, mandíbula y manos (o mejor dicho, puños). Nadie quiere provocar la ira de Kentin. Es aterrador, y verdaderamente triste para ti, cuando lo ves consumido por ella.
En el día a día, suele poner las manos en los bolsillos, cruzarse de brazos o apoyarse en paredes y otras superficies. Si no lo conocieras, te parecería que Kentin es, en realidad, una persona bastante relajada. Pero como sí lo conoces, sabes que solo se esfuerza por parecerlo. Hay una cierta tensión en sus movimientos que nunca lo abandona del todo. Además, su cara neutral no es la más cálida o acogedora del mundo, por lo que muchas veces da la impresión de “no querer ser molestado”; y su físico tampoco ayuda a que se vea menos intimidante.
Es una de las facetas suyas que más extrañas. La risa dejó de ser común en él, en cualquier caso, esa explosión de alegría que tanto lo caracterizaba en el pasado. Ahora cuando sonríe, es habitual que lo haga con intenciones burlonas o arrogancia. Ganas de provocar... o esconder lo que realmente siente.
Lleva su tiempo que pueda relajarse lo suficiente como para reír con la misma libertad que antes, pero vale la pena. Es cuando mejor puedes apreciar que la persona que conoces sigue estando ahí.
¿Cómo es la voz de Kentin? ¿Y cómo va cambiando a lo largo de su vida?
ꕤ nota de autora 💬 : qué lindo pensar en cómo fue cambiando a lo largo de los años aaa (ㅠ﹏ㅠ)
🌱 ♡ KEN . . .
La voz de Ken es suave, reconfortante y tan dulce como él mismo.
Cuando está en ambientes ruidosos o con muchas personas, a veces le cuesta hacerse escuchar. Por eso, se siente más cómodo socializando en lugares donde pueda hablar tranquilo, prefiriendo las charlas de 1 a 1 en particular. En grupos nunca logra sentirse seguro.
Al igual que todo adolescente, su timbre es más agudo durante esta etapa de su vida. Cuando está emocionado, feliz o nervioso es cuando más se le nota (lo cual suele pasar seguido cuando está cerca de ti).
Si hay algo por lo que Ken se caracteriza es por ser expresivo —además de intenso y un poquito demasiado honesto con sus sentimientos—, así que su tono, que por lo general suele ser bastante bajo y tímido, es en realidad tan fluctuante como él mismo.
A Ken le gusta mucho charlar. Es un poco torpe en ello, sí, pero entablar una conversación con él es tan fácil que no puedes evitar preguntarte cómo eres la única en todo este tiempo que consiguió ganarse su amistad. Es una persona alegre y risueña cuando su ambiente se lo permite, y especialmente, cuando están a solas y sabe que puede bajar la guardia.
De vez en cuando, la emoción pareciera ganarle en rapidez a sus palabras; pero aunque a veces te cuesta seguirle el hilo, no lo cambiarías por nada. Ken en toda su honestidad y alegría pura es la persona más sincera que conoces.
🌱 ♡ KENTIN . . .
Al volver de la escuela militar, se puede apreciar como a Kentin la pubertad lo golpeó de muchas maneras distintas. Su voz es una de ellas.
La voz de Kentin durante esta etapa de su vida ya no es tímida, ahora se hace escuchar con facilidad. En ocasiones, especialmente al principio, con demasiada facilidad. Eleva la voz tan seguido que a veces temes por sus cuerdas vocales (y por las inevitables amonestaciones de los profesores).
Su timbre cambió y ahora es más grave. Suena más maduro, pero también mucho más seco. Más áspero. Encaja de maravilla con su nueva fachada, sus maneras y actitudes tan cortantes como evasivas. Cuesta creer que alguna vez fue una persona abierta y transparente con sus sentimientos... especialmente contigo.
Por fortuna —tanto para él como para ti—, una vez que vuelve a sentirse cómodo a tu lado su voz recupera la amabilidad y suavidad tan características del Ken que conoces. ¡Aunque lleva su tiempo!
Pronto te das cuenta de que algunos hábitos nunca cambian. Tal vez no tan seguido como antes, pero sigue teniendo los mismos tics cuando está avergonzado: o se pone a murmurar algo que nunca alcanzas a escuchar, o habla demasiado rápido, o eleva la voz sin darse cuenta (para luego huir despavorido). No puede evitarlo, es obvio cuando habla con la persona que le gusta.
Pero hay otras cosas que sí cambian.
A Kentin no le cuesta encontrar las palabras, le cuesta decirlas. Está tan acostumbrado a cambiar lo que quiere por lo que debe decir, que cuando el silencio llena el espacio entre los dos, probablemente esté pensando qué debería decir a continuación.
🌱 ♡ KENTIN VA . . .
A sus veintitantos años, la voz de Kentin sigue siendo igual de reconocible para ti que su olor, su mirada o el resto de su ser.
No existen grandes cambios en su textura o color, más allá de sonar más... asentada. Menos juvenil. En los años que estuvieron separados, parece haber ganado mucho más control sobre ella (sobre muchas facetas de sí mismo, en realidad). Cuando lo escuchas hablar, es obvio en su manera de comunicarse mucho más relajada, pero segura. Su voz fuerte y clara, ahora llena los espacios con el volumen necesario.
Se podría decir, entonces, que el verdadero cambio está en la forma en la que es usada. Durante esta etapa de su vida, Kentin ya no busca intimidar. Se permite ser su versión más auténtica.
Su voz refleja las genuinas intenciones de quien ya no teme ser escuchado.
¿Cómo es el aroma de Kentin? ¿A qué huele su presencia?
ꕤ nota de autora 💬 : primer post en tumblr, qué nervios aaa (˃͈ ˂͈ ) siempre fui fan de la plataforma (o mejor dicho, de sus usuarios: todas las personitas que contribuyeron a mis queridos fandoms a lo largo de los años); pero el contenido dirigido a hispanohablantes es bastante escaso, así que voy a estar compartiendo mis desvaríos por acá también :p empezando por... ¡hc randoms de kentinito!
La esencia de Kentin puede sentirse a través de su aroma.
Cuando acaricia tus sentidos, te transmite inmediatamente a lo cotidiano, a la seguridad y el confort de aquello que es familiar, pero también íntimo. Cercano. Y cálido. Es tu olor favorito en el mundo entero y lo reconoces a la perfección, donde quiera que esté.
Por las mañanas, te diste cuenta de que huele a recién salido de la ducha. Como sale a correr antes de ir al instituto, las duchas matutinas lo dotan siempre de una esencia refrescante que identificaste como shampoo y suavizante para la ropa. Su madre es muy atenta a los pequeños detalles, aunque él ni siquiera lo note.
De vez en cuando, te divierte encontrarle unas deliciosas notas acarameladas que, igualmente, atribuyes a sus hábitos matutinos (y un poco a las muestras de afecto de su madre). Ya no tan seguido como antes, pero Kentin sigue adorando los dulces. Pastelitos, bizcochos, cookies. Cuando se quedan impregnados en su ropa, automáticamente sabes lo que desayunó. Y te invaden las ganas de devorarlo.
Sueñas con algún día visitar su hogar, cocinar juntos, adentrarte en su espacio seguro… y verificar si realmente lo es, pues es lo menos que unas personas tan dulces como Ken y su madre se merecen.
Su naturaleza sencilla suele inclinarlo a ir por la opción menos pomposa. Así que, aunque tiene una colonia que hace no mucho le obsequiaron, casi nunca recuerda usarla. Cuando sí lo hace… es peligroso. Para ti. Su fragancia, que naturalmente ya encuentras adictiva, se vuelve intoxicantemente encantadora. Te cautiva en maneras que él jamás hubiera esperado y, si nota que gracias a ella estás más pegajosa de lo normal, ten por seguro que intentará usarla más seguido. Es una promesa que se hace a sí mismo cuando te descubre, por tercera vez en el día, hundiendo tu nariz en el hueco de su cuello.
En realidad, su aroma tal vez sea una de las pocas cosas de sí mismo que no encuentra necesario enmascarar, y te sientes agradecida por ello, porque el aroma natural de Kentin es una de las cosas más reconfortantes del mundo. Incluso en los momentos más difíciles, un abrazo y tu piel contra la suya es todo lo que necesitas para volver a sentirte a salvo. Disfrutas perdiéndote en la seguridad que te transmite. Es tu cable a tierra.
Encuentras en él la misma felicidad y ternura que en cada uno de sus otros atributos. Una esencia tan varonil como dulce, e indiscutiblemente Kentin.