Cosimo Galluzzi
cherry valley forever
I'd rather be in outer space 🛸

Janaina Medeiros

@theartofmadeline
No title available

JVL
No title available
DEAR READER
Sweet Seals For You, Always
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year
trying on a metaphor

titsay
Cosmic Funnies

No title available

oozey mess
sheepfilms
Lint Roller? I Barely Know Her

祝日 / Permanent Vacation
Alisa U Zemlji Chuda

seen from Singapore

seen from Netherlands

seen from Malaysia

seen from France

seen from United States
seen from United States
seen from Vietnam
seen from Malaysia
seen from Malaysia

seen from Türkiye
seen from United States
seen from Netherlands

seen from United States
seen from Singapore

seen from Romania

seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from Türkiye
@aesshide-blog
Jace in “Blood Calls to Blood”
To be Free... {Starter Privado}
Sacudió la cabeza luego de todo aquel incidente. Era la primera vez que le pasaba algo así; jamás se había descuidado en la vía y se sentía profundamente culpable. Ayden era un hombre honesto, algo neurótico con el orden, pero, alguien paciente y sensato. Si cometía algún error, lo admitía abiertamente y buscaba la manera de remendarlo, así estuviera disgustado. Era de ese tipo de personas con un carácter llevadero y con quien no era difícil lidiar. Lo que le preocupó más, en todo ese desastre, fue el porqué fallaron sus sentidos como cambiaformas. ¿Estaba perdiendo sus poderes? Esa pregunta le arrebató la conciencia por unos segundos, mientras se acercaba a la chica. Sin embargo, estando en aquel lugar, era algo que debía cuestionarse luego.
Se acercó a toda prisa, ella se había caído. Quizás fue por la reacción que tuvo al momento en que sintió que iba a ser atropellada, hasta a él mismo le hubiera pasado. Ayden dejó el casco a un lado y se inclinó para ayudarla. Por unos segundos se quedó observando aquellos ojos tan expresivos de la joven y tras aclararse la garganta, decidió prestar atención a las heridas de su mano. Frunció el ceño. Estaba disgustado consigo mismo.
—No, no… Es mi culpa, debo tener más cuidado cuando conduzco. Quizás perdí la costumbre —sonrió y tomó sus manos para limpiarlas con un pañuelo—. Estoy bien, no te preocupes. Al menos no te pasó nada grave, pero hay que tratar estas heridas antes de que se infecten. —Observó a su alrededor—. Justo iba a ir a almorzar a un lugar cercano, ¿te gustaría acompañarme? Así compenso mi torpeza de hoy.
¿La estaba invitando a salir? ¿Qué rayos estaba haciendo? Era una muchacha muy linda y hasta parecía adorable. Pero eso no era correcto, podía ganarse una merecida bofetada por andar de coqueto.
—No te vayas a ofender… Es que, uhm, me sentiría mal si no trato de arreglar lo que pasó. En serio…
Jana parecía divertida con la forma de preocuparse del hombre, sobre todo porque la gente normal no solía ser así. A ella en realidad no le había pasado nada salvo unos raspones en las manos que no sería difícil para nada curar, pero a pesar de todo el se preocupaba y terminaba siendo realmente adorable.
-De verdad no ha sido nada...no te preocupes, solo me he caido y… es mucho más peligroso ir en moto…¿Seguro que estás bien? -pregunto una vez más intentando olvidarse del intenso escozor que sentía en las palmas de las manos- de verdad lo siento, tenía que haber mirado al pasar pero soy tan despistada que...en fin, no es la primera vez que causo un accidente.
Y tras decir eso las mejillas de la chica se enrojecieron tantísimo que ella pudo sentir el calor acudiendo a ellas. Era cierto, no era la primera vez que causaba un accidente aunque por lo normal se trataba de escenas donde no entraba en peligro la vida de nadie, sino más bien cosas graciosas, recuerdos de esos que terminaban relatándose en el futuro.
-Te acompañaré -contestó finalmente, porque, ¿como negarse?- pero invito yo, sin discusiones porque sigo pensando que esto era culpa mía.
Solo agradecía llevar los pantalones para no haberse herido las piernas, haber tenido que mojárselas para limpiarlas habría sido un gran problema, uno al que si que se había enfrentado muchas veces antes.
-Me llamo Anjana por cierto...aunque todo el mundo me llama Jana.
Le tendió la mano para saludarle hasta que se dio cuenta de que estaba sucia y ligeramente llena de sangre, así que la apartó y en su lugar le dedicó una nueva de aquellas sonrisas.
Primera taza de café {Starter cerrado}
El hombre puso ambas manos sobre la barra, escuchando con suma atención la explicación de la mujer y notando como aquella receta parecía ser más bien el éxito del lugar entero, frunció el entrecejo un poco y sonrió triunfante al notar que su paladar no le había fallado y había dado en el clavo: canela era el toque secreto. Alzó su brazo para ver la hora, aún tenía tiempo de sobra así que un poco de tarta no le vendría mal. – Si está tan bien como el café definitivamente quiero.
-¿Que tipo de cafetería seríamos si nuestra tarta no fuera lo suficientemente buena?-preguntó la chica mientras le guiñaba un ojo y desapareció por una puerta detrás de la barra.
La comida la tenían en la pequeña cocina de la parte posterior para evitar que se contaminase o se pusiera en mal estado mas rapido de lo que debía. No tardó demasiado en cortar un generoso trozo de tarta, colocarla en un plato y volver a salir para dejarla frente a él. Lo que quedaba bastante claro es que era completamente casera.
-Hagamos una cosa -dijo entonces, justo después de dejar los cubiertos en el plato- si no te parece lo suficientemente buena, yo invito, y si esta bien, tienes que volver otro día para repetir.
Algo más que un profesor {Starter privado}
Orlando la escudriñó con la mirada, observando con sumo cuidado cada una de sus expresiones. La ternura de las chicas de preparatoria era demasado para él, y aunque siempre intentaba evitar los problemas por razones azarosas siempre terminaba metido en situaciones riesgosas. Arrugó un poco el entrecejo al verla tan alterada y nerviosa y sonrojada, tenía claro que Nicole siempre era una alumna callada y tímida, de esas que siempre pasan desapercibidas para quien mira de reojo, pero no para observadores innatos como él. Asintió ante su explicación y le tendió sus libros de regreso. – Bueno, por lo que veo tu mochila se ha descompuesto. - señaló con descuido. – ¿Quieres un poco de ayuda con eso?
El profesor era amable, pero el problema era que cuanto mejor la trataba peor y más nerviosa se ponía ella hasta que al final consiguió meter el estuche y todo lo demás en la mochila a toda prisa y agarrar esta contra su cuerpo.
-No estaría mal pero… -tomó aire antes de seguir hablando sin saber si la broma que estaba a punto de hacer estaba fuera de lugar o no- no se como podría arreglar esto profesor, no parece la típica persona a la que se le de bien coser y...bueno, esas cosas.
Entonces sí, aceptó los libros con una sonrisa ligera en los labios. Lo malo de todo aquello es que uno de los bolígrafos parecía haberse destintado encima del manual de la asignatura, pero ya compraría uno cuando consiguiera el dinero.
-Aun así...muchas gracias por la atención y lamento si le he retrasado en algo de lo que tenga que hacer.
En todo momento intentaba no mirarle a los ojos, esa mirada...le ponía demasiado nerviosa.
Como el dios de la guerra {Starter privado}
Jude pensaba que al ser la oveja negra según sus padres jamás conseguiría que ellos le apoyasen, de hecho no habían ido a verle a ningún partido, solo sus hermanas se dignaban a apoyarle y defenderle contra sus padres, pero estaba claro que eso servía de poco. Se pasó una mano por el pelo, probablemente sus padres no aceptasen que él tomase el camino deportivo y si lo hacían no permitirían jamás que fuese a la universidad con ese propósito.
—Mis padres jamás lo permitirían, ya sabes, piensan que lo que hago no vale y preferirían que atendiese como recepcionista en la agencia antes de dejarme hacer eso —respondió el adolescente, sabiendo a la perfección lo que acabaría ocurriendo con él a pesar de sus esfuerzos.
Revisó con la mirada el lugar, se parecía a los sitios donde su tío se emborrachaba cuando aún vivían en Alemania, si conseguía olvidar ese detalle podría pasar una buena noche con el profesor. Tenerlo tan cerca le puso algo nervioso, no lo entendía, jamás se había fijado en otro hombre, era algo que no debía hacer, pero ahí estaba. Le dijo que quería una cerveza antes de ir a buscar un sitio cómodo, donde no hubiese demasiado ruido.
-¿Hay algún adulto que haya hablado con tus padres? -preguntó Ares con curiosidad.
Y no es que considerara al joven un niño, pero era de sobra conocido por su experiencia que aquellas cosas resultaban mejor cuando eran los profesores los que hablaban con las familias y les explicaban los pros y los contras de ese tipo de cosas. Muchas personas mayores simplemente pensaban que para ganarse la vida había que estudiar alguna de las carreras típicas, pero los profesores estaban alli tambien para abrirles los ojos a los padres y ayudar a sus alumnos a tomar caminos diferentes a los esperados.
Ares terminó pidiendo dos buenas jarras de cerveza y llevándolas el mismo hasta una mesa apartada donde se escuchaba me4nos la música y los gritos de la gente, es decir, donde ellos podrían hablar mejor. Allí se despojó de la chaqueta quedando solo con una camisa blanca de lino que marcaba los músculos de sus brazos y su torso lo justo y lo necesario.
-Aun así, no importa lo que quieran o no tus padres, al fin y al cabo quien va a vivir tu vida eres tu y no ellos, y en cuanto al dinero, si eres lo suficientemente bueno en deportes te darían una beca para estudiar en dicha universidad, y por supuesto también para tu manutención.
Algo que no se puede evitar {Starter privado}
Un paso, apenas un sólo paso bastó para entrar en una pequeña caja de metal que les daba un poco de privacidad, sin embargo Josephine no dijo nada, observándolo a través del reflejo del metal, inspirando muy hondo. Sonrió de lado al escuchar sus palabras, suavemente aquella curva color carmín en sus labios se deformó para dar paso a las palabras. – No, pero eso ya lo sé. - dijo conteniendo ligeramente el aire ante la cercanía de él, aunque su mirada seguía clavada en el reflejo. Al ver aquella mano que se dirigía a su cuello ladeó lentamente el rostro para dejarlo tocar su piel. – Quizá es porque aunque tengas muchas aventuras de una noche, al final de la semana siempre terminas volviendo aquí. - murmuró al tiempo que las puertas del ascensor se abrían.
El hombre sonrió de medio lado ante las palabras de la fémina. No podía culparla de que le viera como un mujeriego, primero porque en sus tiempos lo habían sido y luego porque después de todo… estaba teniendo una aventura con ella, una aventura que su mujer desconocía.
-Te he dicho decenas de veces que eso no es así…
Quizás aquello fuera una exageración porque no se trataba de un hombre que expresara sus sentimientos fácilmente, pero no hubiera engañado a su mujer con cualquiera, y por lo tanto no lo haría con varias. Ella era así la única en un sentido extraño de la palabra, la única que le desesperaba y a la que necesitaba de aquella forma, y estaba seguro de que lo sabía, y de que jugaba con el. Claro que...aquel juego era una tortura que ansiaba.
Aprovechó que las puertas del ascensor se abrían para deslizar la mano de su cuello por toda la columna vertebral, sobre el vestido y apenas rozándola, hasta llegar a las nalgas en las que dejó caer un pequeño azote invitándola así a salir.
-Pero te gusta hacerte la sufrida, y te gusta que te repita estas cosas…¿no es así? -preguntó saliendo tras ella.