La uni me consume, lamento mi ausencia. Pero.... :C
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La uni me consume, lamento mi ausencia. Pero.... :C
Uno de mis grupos de folk de preferencia <3 The Moon and the Nightspirit - Holdtanc
When a great idea strikes but then I actually go to write it
.
JAJAJAJAJAJA así me siento hoy :C
Escuchar esto y pensar en Elaine!
@aesshide ESO NO SE HACE... TE DENUNCIARÉ o_ó)9
@midnightring ya de paso regalame los gatitos con el onrol <3
@aesshide creí que a los perros no le gustaban los gatos -va a dormir en el sofá por andar de bocón(?)-
@midnightring Bueno, pero yo ya no se si soy bruja, lobo o que wtf T.T quiero mis gatos!
@aesshide Uhm, buen argumento... ¿Qué te parecen nueve gatos y un hurón? :B No, ya. Tendrás a tus gatos
Evil {Starter Privado}
{con: @mujer-que-te-peinas}
Se debe temer sólo aquello que puede perjudicar a otro;
lo demás, no, que no da miedo.
—Dante Alighieri.
Un muerto; un museo; ningún sospechoso… Tampoco hubo evidencia.
¿Qué rayos había ocurrido en el Museo Británico la noche anterior? Nadie dijo nada, nadie sabía nada. El cadáver yacía tirado en medio de las instalaciones del departamento de antigüedades medievales; estaba boca abajo, con la cabeza girada hacia un lado y los ojos abiertos; la mueca en el semblante del hombre, daba a entender que segundos antes de su muerte, la sorpresa lo atacó por la espalda. Los investigadores llegaron a altas horas de la mañana, no permitiéndole acceso al público de ningún tipo. La muerte debía ser completamente confidencial, pues, se trataba de un importante diplomático alemán.
La pregunta era: ¿Qué motivos llevaron a ese hombre a infiltrarse en las instalaciones del Museo Británico a altas horas de la noche?
—¿Lograron deducir la causa de la muerte? —preguntó un hombre elegantemente vestido.
—Presuntamente se trataba de un “infarto” —respondió el otro que lo acompañaba.
Ambos rieron. Se miraron con cierta complicidad en la mirada.
—Mantenme informado de lo que descubran los investigadores, yo mientras tanto, me encargaré de encontrar a los demás que hagan falta. Ha caído uno de cinco. No podemos dejar libres a los demás.
Fausto era un hombre excesivamente meticuloso; las razones que lo habían llevado a Londres, fueron, desde luego, los intereses de la Orden de Malta. Esta vez, tenía que usar su máscara de hombre prestigioso para infiltrarse entre las personas que rodeaban al diplomático alemán asesinado horas antes en el Museo Británico. Se había dirigido a toda prisa hacia la embajada alemana, pues, gracias a su inigualable astucia, se había hecho amigo de aquel hombre y así logró hacerse relativamente conocido entre sus allegados. Tenía que fingir dar un pésame del cual no se condolí en lo absoluto. Pero los negocios eran los negocios y él era un arma perfectamente afilada para ello.
—Buenas tardes —dijo al estar dentro de la embajada, su característico acento italiano terminó delatándolo—. Lamento la muerte de Heinrich, soy un amigo suyo… Soy Fausto de Médici —se presentó ante la esposa de la víctima, con la educación que tanto requería la ocasión.
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La noticia la despertó a altas horas de la noche, aquello había sido por demás sorpresivo, pues el cónsul era un hombre sano que cuidaba su salud y todo. Aunque ya estaba acostada, al levantarse cuidó hasta el último detalle. El vestido, los zapatos y su cabello, ante todo debía estar presentable en todo momento.
Al llegar pidió un reporte a las autoridades y se le permitió ver la escena del crimen antes incluso de que la esposa del hombre llegara, cruzó sus brazos sobre el pecho y mordió su labio inferior, tendrían que mantener el acontecimiento en secreto si no querían causar un conflicto internacional por ese incidente.
Su teléfono comenzó a sonar, al ver la pantalla suspiró cansada, era la canciller al otro lado de la línea, Pandora suspiró, nunca sabría como es que Angela se enteraba de todo aún a kilómetros de distancia. Atendió la llamada en la cual se dedicó a decir “si” o “no” según fuera conveniente, aceptando seguir instrucciones que debía reportarle a la Jefe de Estado. Colgó y volvió al lugar para estar con la reciente viuda, conocía poco a Erika pero supuso que era mejor estar con ella a dejarla sola.
A lo lejos divisó a aquel hombre, sin embargo no se movió de lado de la mujer, simplemente se dedicó a observar de reojo sus movimientos, de lejos podía ver como las palabras que intercambió con su acompañante, como si hablaran entre líneas o con un lenguaje especialmente aprendido, no apartó su atención de ellos pero se mantuvo discreta, incluso cuando éste se acercó para darle el pésame a la rubia adentrándose en la embajada, quién parecía reconocerlo y se echó a llorar en sus brazos, Pandora se mantuvo callada hasta que llegaron los oficiales para tomar la declaración de la mujer, pues a pesar de todo era la primera sospechosa. Habiendo escuchado lo poco que el hombre dijo ella procedió a presentarse. – Soy Pandora Lemman, embajadora de Alemania aquí y colega de Heinrich.
Sus intenciones nunca habían sido buenas, estaba completamente apegado a sus creencias y no le importaba en lo absoluto ensuciarse las manos de sangre para cumplir con sus más oscuros fines. Pero, esa era la vida oculta de Fausto. Para cualquier persona común, él era un simple economista corriente con suficiente influencia en el mercado europeo. Fue esa misma imagen la que usó para infiltrarse entre las personas cercanas del cónsul alemán. Tenía que cazarlo a él y a los suyos, como bien lo decía la doctrina de la ya "extinta" Santa Inquisición. Ni siquiera se había acercado a las instancias del Museo Británico esa mañana, simplemente, actuó como de costumbre y se hizo el desentendido cuando le llegó la noticia.
Al llegar a la embajada, no estaba solo, como era de suponerse. Tampoco los investigadores forenses lo estaban. Habían infiltrados de la Orden de Malta en todas partes, sólo que las demás personas lo ignoraban. Todos aquellos que conformaban dicho grupo tenían los disfraces perfectos para pasar por alto en todos los estándares de la sociedad. Por eso, es que Fausto de Médici, no era sospechoso de nada. ¿Cómo alguien de su estatus iba a cometer un crimen tan horrible? Era algo inimaginable y menos teniendo una reputación tan impecable.
La actuación de Fausto había sido perfecta, lo supo cuando la esposa del cónsul, prácticamente, se echó a sus brazos. Correspondió a aquel gesto de la mujer, fingiendo que también lamentaba la muerte de Heinrich.
—Lo lamento mucho, él era un gran hombre. La policía hará todo lo que esté a su alcance para descubrir al culpable —dijo, mientras, acariciaba los cabellos de la dama—. Todo va a estar bien...
Le aseguró, atreviéndose a limpiar una lágrima que resbalaba de la mejilla de la viuda. Al parecer eso la tranquilizó un poco y le permitió hablar con la policía. El italiano tenía a Erika de su lado, aquello era más que suficiente o al menos eso creía. Cuando la otra mujer que acompañaba a la esposa del fallecido, decidió presentarse, Fausto no tuvo más alternativa que esbozar una sonrisa ladina y extenderle la mano como gesto de cortesía. No se esperaba ver a un nuevo rostro entre los amigos de Heinrich. Automáticamente, la embajadora entró en su radar de sospechosos.
—Un placer, señorita Lemman —finalmente habló—. Debo decir que me siento honrado al conocerla. No siempre se tiene la oportunidad de tener en frente a una diplomática tan joven. Estar en un cargo de ese nivel requiere mucha suspicacia. La felicito.
Y sí, la embajadora podría acarrearle problemas y eso era algo que un Médici detestaba más que nada.
Last Ritual {Starter Privado}
El hombre tenía razón, era extraño que una mujer se paseara sola por los bosques y más en esas circunstancias. Pero la había tomado por sorpresa, en especial, por el agotamiento físico que ahora sufría. Elaine no estaba preparada para aquel encuentro y tampoco esperaba que alguien fuera a estar deambulando por el bosque a esas horas. Ella se conocía ese paraje y jamás había visto que alguien viviera por aquel lugar. Sin embargo, su cambio de opinión fue, precisamente, por notar la naturaleza de ese hombre; las energías que emanaba eran diferentes a las de alguien común y corriente y por ende, siempre podía ocultarse entre las sombras de un sitio tan apartado como lo era un bosque.
—Lo lamento, no tengo a donde ir y en la ciudad no me siento segura —murmuró, bajando la mirada—. He venido aquí porque son pocos los inquisidores que deciden adentrarse en estos lugares. Le temen a los lobos.
Le observó con curiosidad, por alguna extraña razón, no confiaba del todo en aquel ser. Luego, le echó un vistazo al cielo gris, no se veía nada bien. La lluvia tenía la capacidad de debilitar sus poderes y era algo que detestaba, tenía que hallar un lugar seguro, aunque tuviera que ser en el hogar de ese hombre. Su seguridad estaba primero.
—No pensé que alguien fuera a vivir en un lugar así. Las personas suelen distanciarse de la naturaleza —admitió, sintiendo luego una gota fría golpeando en su mejilla—. Por favor, se lo ruego… Permítame quedarme en su morada, al menos, mientras pasa la lluvia. Prometo no ser una molestia.
Originally posted by teamemilydidonato
Aquella mujer podría prometer lo que quisiera, pero por supuesto que molestaria. Cyern era una persona demasiado alejada de su parte humana, al menos en el sentido que le llevaba a relacionarse con otras personas. Era como si alguien entrara en su zona de confort, y con que tocaran cualquier cosa, con que dijeran algo fuera de lugar, en ocasiones simplemente con que respiraran o se movieran, ya le sacaban de quicio. Para él, la mayoría de humanos que había conocido no eran dignos de tenerse en cuenta…y dudaba seriamente de que ella fuera la excepción a aquello.
-Puede venir -contestó al final acompañando las palabras por un largo suspiro de los labios- pero no le aseguro que sea un lugar cómodo, ni apacible…igual que no se lo aseguro de mi mismo.
El hombre metió las manos en los bolsillos del abrigo mientras examinaba a aquella mujer de arriba abajo completamente, sin el más mínimo atisbo de encontrar algo en ella que le gustara. No es que fuera un eunuco, por supuesto era capaz de apreciar la belleza cuando se la encontraba, pero una mujer debía ganarle por su carácter y su inteligencia,no por la envoltura externa.
-¿Puede caminar? -preguntó nuevamente clavando aquella mirada azul e intensa sobre la de ella.
Mientras tanto los perros seguían sentados junto a él, tranquilos pero centrados en la mujer, en sus movimientos y el tono de su voz, en todo lo que pudiera indicarles si era peligrosa o no.
Para Elaine, cualquier lugar que la resguardara de la lluvia era cómodo, sin importarle las condiciones. Se sentía débil, cansada y sinceramente no quería que la tormenta deshiciera sus energías. Necesitaba más que nunca de sus poderes, de su esencia... Pero quizás, aquella petición, se la había hecho a la persona equivocada. Su corazón se revolvió en su pecho y no pudo evitar fruncir el ceño. No quería regresar a la ciudad, bien sabía que había notado a un par de inquisidores cerca, aunque ellos, por suerte, no repararon en ella. Elaine empezaba a sentirse profundamente disgustada.
—Si no quiere ayudarme, sólo dígalo —replicó—. Si de verdad, no le agrado o le soy una molestia, hubiera pasado de mí... Quizás muerta estaría más segura. —Bajó la mirada, clavando sus uñas en la piel de sus manos. Era una manera para tranquilizar sus nervios—. Hay inquisidores en la ciudad, ellos asesinaron a mi familia porque no colaboraron con los impuestos para la Iglesia. Yo me escapé y tengo miedo a que me reconozcan luego. Pero eso a un hombre como usted no le importa, ¿verdad? Tampoco le estaba pidiendo que me dejara vivir ahí, sólo necesitaba un techo en donde refugiarme mientras tanto.
Le miró. Elaine jamás pensó en que iba a soltarse a hablar de aquella manera, pero estaba mal, así se lo hacía saber su cuerpo. Si se enfermaba, no podía cumplir con lo que le encomendó su padre antes de morir; ella era muy leal a la memoria de su progenitor y por eso, era que tenía que bajar la guardia con aquel hombre huraño. Tampoco podía decirle que era una hechicera. Aunque si la descubría, no iba a hacerle ningún daño. Elaine tampoco era de ese tipo de practicantes que buscaban de dañar a otros, al menos que se sintiera amenazada.
—Si puedo caminar. Todavía me quedan fuerzas para hacerlo... —contestó finalmente—. Sólo dígame una cosa, ¿de verdad piensa que voy a hacerle algo? Ni siquiera puedo controlar los espasmos en mi cuerpo, señor. Entiendo que esté acostumbrado a estar solo, pero...
Dio un paso en falso. No logró culminar sus palabras cuando su vista se nubló por completo y perdió el control de su propia mente. Su cuerpo había aguantado mucho. El cansancio acumulado, el desvelo y la mala alimentación, finalmente, hicieron que Elaine cayera desplomada en el suelo, quedando completamente inconsciente.
To be Free... {Starter Privado}
{con @aesshide}
Se encontraba jugando distraídamente con una pequeña pelota, como lo haría cualquier niño. Pero el aburrimiento así lo ameritaba. Ayden solía ser bastante dedicado a su trabajo, sin embargo, aquel día, no había demasiadas cosas que hacer en su oficina. Terminó acertando otro tiro en la papelera, que hacia de canasta de baloncesto y luego se quedó mirando el techo, mientras tarareaba una canción. En ese momento, si alguno de sus allegados lo vería, no creería que aquel que se hallaba cantando cualquier cosa, con los pies apoyados sobre el escritorio y con el típico comportamiento de un niño, fuera Ayden McGregor.
De un momento a otro, se acomodó y se puso a revisar algunos documentos que su asistente le había dejado durante la mañana. Todo estaba en perfecto orden, pero aún así, Ayden sentía que algo faltaba. Quizás su instinto felino le reclamaba libertad, que saliera de la rutina en la que vivía constantemente o simplemente, debía salir a dar un paseo.
Optó por lo último.
Antes de marcharse de su oficina, dejó clara instrucciones a su secretaria y terminó retirándose del lugar. Aunque en un principio había optado por su auto, Ayden, prefirió cambiar, por primera vez, su medio de transporte. A veces era necesario salir de la rutina y desde muy joven, las motocicletas siempre llamaron su atención, por lo que hacía un par de años, había decidido adquirir una de su preferencia: Una Harley Davidson último modelo.
Estaba listo para recorrer la ciudad, no sin antes, hacer parada en alguno de los restaurantes de comida mediterránea que uno de sus amigos le había recomendado. Sólo bastó un pequeño descuido para no darse cuenta que alguien se había atravesado en la vía y casi atropella a aquella persona. De inmediato, Ayden dejó a un lado su moto y fue a ver si la muchacha no había sufrido algún daño.
—Lo lamento mucho, ¿está usted bien?
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Aquel era uno de esos días en los que te levantabas con el pie izquierdo. Jana era una persona que por norma general no solía tener mucha suerte, por despistada, por curiosa, quien sabe, pero siempre acababa metiéndose en todo tipo de problemas sin buscarlo. Aquella mañana por de pronto se había colocado un zapato de cada color, se le había olvidado peinarse y se había tirado el café por encima, pero nada de ello era demasiado en comparación a lo que estaba a punto de pasar.
Caminaba por las calles como siempre, con aire distraído y observando todo a su alrededor, desde los edificios junto a los que pasaba hasta la gente con la que se cruzaba en la calle. Esa fue la razón principal de que no se diera cuenta de que una moto estaba cruzando la calle hasta que fue demasiado tarde. No vio venir la moto aunque si la escuchó y sui el hombre que la conducía no hubiese echo un rápido giro de volante seguramente la hubiera atropellado. Jana apenas pudo reaccionar para dar un paso atrás, un paso que principalmente gracias a los tacones la hizo precipitarse junto al suelo, sobre el que se apoyó con unas manos cuyas palmas quedaron completamente desgarradas.
Luego le escuchó aproximarse, y entonces sí pudo alzar la voz sin problemas, y aquellos ojos grandes y expresivos para observarle.
-Estoy bien…no ha sido nada…-contestó mientras alzaba las manos quitándose las piedrecitas que rodeaban la herida con cuidado- ha sido totalmente culpa mía, lo siento. ¿Estás bien tu?
Sacudió la cabeza luego de todo aquel incidente. Era la primera vez que le pasaba algo así; jamás se había descuidado en la vía y se sentía profundamente culpable. Ayden era un hombre honesto, algo neurótico con el orden, pero, alguien paciente y sensato. Si cometía algún error, lo admitía abiertamente y buscaba la manera de remendarlo, así estuviera disgustado. Era de ese tipo de personas con un carácter llevadero y con quien no era difícil lidiar. Lo que le preocupó más, en todo ese desastre, fue el porqué fallaron sus sentidos como cambiaformas. ¿Estaba perdiendo sus poderes? Esa pregunta le arrebató la conciencia por unos segundos, mientras se acercaba a la chica. Sin embargo, estando en aquel lugar, era algo que debía cuestionarse luego.
Se acercó a toda prisa, ella se había caído. Quizás fue por la reacción que tuvo al momento en que sintió que iba a ser atropellada, hasta a él mismo le hubiera pasado. Ayden dejó el casco a un lado y se inclinó para ayudarla. Por unos segundos se quedó observando aquellos ojos tan expresivos de la joven y tras aclararse la garganta, decidió prestar atención a las heridas de su mano. Frunció el ceño. Estaba disgustado consigo mismo.
—No, no... Es mi culpa, debo tener más cuidado cuando conduzco. Quizás perdí la costumbre —sonrió y tomó sus manos para limpiarlas con un pañuelo—. Estoy bien, no te preocupes. Al menos no te pasó nada grave, pero hay que tratar estas heridas antes de que se infecten. —Observó a su alrededor—. Justo iba a ir a almorzar a un lugar cercano, ¿te gustaría acompañarme? Así compenso mi torpeza de hoy.
¿La estaba invitando a salir? ¿Qué rayos estaba haciendo? Era una muchacha muy linda y hasta parecía adorable. Pero eso no era correcto, podía ganarse una merecida bofetada por andar de coqueto.
—No te vayas a ofender... Es que, uhm, me sentiría mal si no trato de arreglar lo que pasó. En serio...
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@aesshide creí que a los perros no le gustaban los gatos -va a dormir en el sofá por andar de bocón(?)-
YO QUIERO! D:
Night of The Wolf {Starter Cerrado}
Entre los soviéticos también habían vampiros, de eso no cabía la menor duda. Sin embargo, era un grupo aparte, al que mantenían alejado de los licántropos. Cada bando era elitista a su manera, a pesar de apoyar a una misma nación. Desde luego, como soldados, mercenarios, espías, etc., tenían que conocer a su contrario, no podían perder detalle alguno. Así se lo habían hecho saber desde el primer momento en que fueron reclutados para servir a la URSS. Las rivalidades entre razas sólo debían reservala para sus enemigos.
Desde luego, Natasha, reconoció el origen de su objetivo, lo atacó con algo que pudiera lastimarlo y supo cómo proseguir en su misión. Para ella, aquel hombre desconocido, podría ser cualquiera de los norteamericanos que acechaban en los alrededores; no podía dejarlo escapar tan fácilmente, no hasta conocer cuáles eran sus verdaderas intenciones.
Al patearlo, con toda la rudeza que la licantropía en sus genes demandaba, consiguió que su contrario la soltara. Los ojos de Natasha se tornaron de un color ámbar brillante, revelando parte de su propia naturaleza. Observaba fijamente al vampiro, sin bajar la guardía. Todo gesto pareció borrarse de su semblante… Si él atacaba, ella no se quedaría de brazos cruzados; además, cargaba armas con las cuales defenderse bastante bien, en caso de que su oponente llevara alguna ventaja física.
—¡Silencio! —Replicó—. No te he concedido el derecho de palabra… Ahora me dirás porque estás aquí. ¿Quién te envió?
Inquirió, casi como una orden de su parte, demostrando en sus palabras, que no era una mujer tan común y no sólo por la licantropía, sino, por su particular “oficio”.
Sabía que si le apuntaba con el arma, él se defendería; la posición de su cuerpo, así se lo hacía entender. Así que no esperó otro movimiento de su parte, cuando se abalanzó sobre el vampiro, sujetándole con brusquedad las muñecas e intentando inmovilizar el cuerpo masculino con el peso del propio.
—¡Habla ya!
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El vampiro gruñó. Lo hizo cuando sintió el cuerpo de la mujer. No, no de la mujer. De la mujer lobo abalanzarse sobre él buscando reducirle. Sabía bien que un hombre lobo solía tener más fuerza que la de un humano normal. También que si se convertía sería un problema. Pero eso funcionaría para los vampiros jóvenes. Sin embargo él no era un neonato. No era un vampiro recién creado que tuviera que pelear contra su propia naturaleza.
La tenía asumida. La tenía controlada. La aceptaba. Y, por qué no decirlo, la deseaba. Una cosa era lo que pudiera mostrar al exterior, otra muy distinta lo que en realidad era. Utilizó la fuerza que la mujer estaba utilizando, con su propio cuerpo, para buscar apresarlo e hizo un barrido que provocó que ambos terminaran en el cuello. Las tornas se cambiaron y ahora quien estaba aprisionada era la mujer, con él encima, la mirada azul oscuro con un brillo rojizo fija en la suya y el rostro serio.
—Hay algo que parece que no entiendes… —susurró y entonces el tono bajó de intensidad, sin apartar la mirada de los ojos de la mujer que tenía debajo—. Estás tensando la cuerda y vas a terminar con mi paciencia y, te aseguro, que no es buena idea.
Se movió entonces con rapidez, apartándose de ella e incorporándose hasta volver a estar a unos pasos de ella esta vez con los brazos cruzados delante del pecho mientras la miraba durante unos segundos desde su altura esperando a que se incorporara. Había sido solo un aviso. Un aviso que le indicaba a aquella mujer lobo que el hombre, el vampiro, estaba mostrando tener paciencia, pero que esta podía desaparecer en cualquier instante.
—No me ha enviado nadie. —Decidió decir al final.
Publicación original de vibraniumtoolbox
Estaba consciente de que los vampiros iban adquiriendo fortaleza con el pasar de los siglos, lo mismo que un licántropo. Ambas razas tenían sus virtudes y debilidades, como todos. Pero, quizás, la agresividad y los impulsos desmedidos de los licántropos, solían traerles consecuencias a la hora de enfrentarse con un vampiro. Natasha lo sabía, claro que sí. Sin embargo, era demasiado terca y a veces no medía sus acciones. Tal vez ya se había acostumbrado a que los enfrentamientos que solía tener eran con humanos algo corrientes; algunos manipulados mediante drogas y ninguno comparado con el verdadero poder de uno de los suyos o de razas contrarias.
Esa confianza exagerada se desvaneció de un momento a otro. Aquel hombre no era un neófito, su resistencia al dolor y la manera en como sacó ventaja de un momento a otro, le indicaban a Natasha que él tenía muchos más siglos que ella. Eso la hizo molestar, pero no debía perder ventaja, esta vez tenía que ir con más cuidado. Por más que la rabia la consumiera por dentro, tenía que controlarse.
Sus ojos perdieron ese brillo ambar tan propio de un lobo y volvieron a su tonalidad normal. Respiraba lento, no porque estuviera temerosa, era, más bien, una manera para regular sus emociones. Así se lo habían enseñado en el orfanato, cuando apenas era una niña. Sus labios permanecían quietos, formando una línea fina. Las palabras que aquel ser profería no le causaban el más mínimo recelo; le daban completamente igual. Sólo permaneció quieta bajo el cuerpo masculino, aguardando la ocasión para atacarlo y tenerlo bajo sus garras, de ser posible. Estaba empeñada en que era un espía del gobierno norteamericano y nadie podía hacerla pensar lo contrario.
Se incorporó entonces y le miró de arriba abajo.
—¿Quién eres? Estás en territorio protegido por la milicia. Eso es ilegal... —dijo, con toda la paciencia que fue capaz de conservar en ese momento—. ¿Cómo pretendes que le crea a un extranjero? Si sólo traen problemas a nuestro país.
Alzó, nuevamente, el arma. Le apuntó directo al corazón, pero cuando fue a disparar, el revólver no funcionó, algo dentro se había atascado y no permitió que la bala saliera. Natasha gruñó, no era su día, al parecer. Guardó de nuevo el objeto, no tenía tiempo para ponerse a revisar lo que había ocurrido, sólo sintió la ira consumiéndole desde lo más profundo y cuando estuvo de pie, se precipitó con toda la cólera contenida y atestó el cuerpo del hombre contra un árbol, que pareció crujir desde su interior. Lo apresó por el cuello, con garras en vez de uñas y acercó su rostro al suyo, tanto, que casi podía rozar los labios del otro.
—¿Dónde están los otros espías? ¿Acaso me crees estúpida? Sé que andan en los alrededores, pero ya es demasiado tarde para los tuyos, están rodeados. Hay bases militares y campos de minas en todo el territorio. Así que mejor, ve cooperando desde ya, vampir. —farfulló, apretándole más el cuello.
¿Será que me dejo caer en la tentación y hago musas nuevas?
Send me a "♡" if you want to ship our muses
@midnightring aqui tienes a Cyern :P
@aesshide ¿tú me quieres matar de un infarto? DDDDD: -rueda enloquecida-. Ya verás, me vengaré con algo de Elaine -1313(?)-
ACOTAR Aesthetics | The Spring Court
Aaaw, me recordó al primer capítulo de la primera historia que escribí <3
Kilchurn Castle is a ruined 15th and 17th century structure on a rocky peninsula at the northeastern end of Loch Awe, in Argyll and Bute, Scotland.