…Those who really love, love in silence, with deeds and not with words.
Carlos Ruiz Zafón, The Shadow of the Wind (via thelovejournals)
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…Those who really love, love in silence, with deeds and not with words.
Carlos Ruiz Zafón, The Shadow of the Wind (via thelovejournals)
𝙾𝚗𝚎 𝚜𝚝𝚎𝚙 𝚊𝚝 𝚝𝚒𝚖𝚎.
Había dejado de ser el joven aventurero y dedicado a cortejar señoritas de alta cuna, bajo el cielo teñido de penumbra, llegó a un pueblo del que nada conocía verdaderamente; rumores traídos como brisas frescas y efímeras, relatos únicos de circunstancias impensables. No obstante, eso no era suficiente para detener el andar de aquel hombre que tenía la sonrisa cálida, pero la mirada convertida en protagonista de escenarios crueles y lejanos de cordura. La maleta pesaba más que su vida misma, pero no era la ropa lo pesado, sino sus compañeros fieles, los mismos que le causaron viajes dobles y fantasías (ciertamente torpes). Libros. Manchados de café, de perlas alguna vez provenientes de sus luceros y otras sustancias de las que nadie quería saber su proveniencia. Mijail Kolvenik se había convertido en un hombre bastante singular, no hablaba a menos que fuera necesario o bien, si alguien lograba ocasionarle confianza. Eso no le había privado de los disfrutes de la vida, al contrario, algo parecía ser atractivo para el sexo opuesto.
Las mujeres, más locas que con los pies en la tierra, caían sobre él como moscas muertas y no, no le molestaba, pero con el paso del tiempo, sentía la agobiante necesidad de huir, abandonarlas como si fuesen un jabón usado y gastado para continuar con su existencia muda. Jamás las trató mal ni les levantó la mano, sólo sentía cómo el cariño se convertía en una ilusión, provocando que la distancia brotara con un simple roce de los dedos.
Después de tanto pensar y tomando el consejo de uno de los pocos amigos que consideraba tener, viajó hacia la tranquilidad de un pueblo decente, con magia, esperando que de esa manera, pudiese encontrarle un sentido a su presencia en el mundo. Un suspiro se le arrebató, como el alma desviviéndose en carne viva, estaba agotado y no encontraba el lugar donde debía alojarse. Una dirección miró en la minúscula y acabada tarjeta, acarició el papel viejo, esperando que no se despedazara o bien, deseando que eso funcionara como un murmullo dedicado para elaborar un deseo. — No puedo tener tan mal sentido de la orientación, estoy cansado. Hablaba consigo mismo. Quizás fue su estado embebido o la travesía del viaje, pero de lo que estuvo seguro, era de que algo comenzó a golpetear en su cabeza de chorlito, recorriendo paulatinamente y con cierta nostalgia; la lluvia brotó del cielo como un llanto imposible de continuar, causando que Mijail tuviese que encontrar cualquier lugar para evitar empaparse. Aunque corrió, acabó igual que un perro desubicado. Bufó, hizo el amago de sacudirse, pero incluso la maraña de cabellos oscuros estaba hecha un desastre total. No tenía remedio y su futuro estaba predicho... Pescaría un resfriado si no encontraba su alojamiento. — Ah, joder, pero qué frío...
Los recuerdos que uno entierra en el silencio son los que nunca dejan de perseguirle.
El Laberinto De Los Espíritus. Carlos Ruiz Zafón.
“ Will he howl for me when I’m dead, as Bran’s wolf howled when he fell? Jon wondered. Will Shaggydog howl, far off in Winterfell, and Grey Wind and Nymeria, wherever they might be? “ - Ghost in 6x01
All memory of you will d i s a p p e a r
¡Un nuevo prólogo!
La noche se había pintado de ceniza debido al clima, aunando frío con un toque de neblina; era la noche perfecta, más bien, una de sus favoritas. Urameshi, después de tantos debates mentales y dramas innecesarios en su existencia, decidió comenzar de nuevo, justo como si fuese el hombre de las máscaras infinitas a quien tanto idolatraba. El mismo hombre de cierto programa moderno transmitido en la televisión. Ah, ese joven resultaba un dolor de cabeza para amigos y compañía, siempre perdido en platicas de “lords” o damiselas guapas que había visto detrás de una pantalla. Era poco comprensible, pero de malo, no tenía ni el cabello. A pesar de eso, mantenía oculto un secreto. Uno que nadie debía saber y era su vida como servidor en el mundo espiritual. Sí, joder, el mundo espiritual. No, no se trataba de un cielo o el mismo infierno, sino de un sitio intermedio donde las almas residían en la espera de su destino. Él corrió con buena suerte puesto que después de un accidente, perdón… Un torpe accidente automovilístico, murió y fue directamente al lugar en donde ahora prestaba sus servicios. Tuvo que pasar por pruebas difíciles para entender, que siempre existe una oportunidad para todos y su recompensa tras arduo trabajo, fue el regreso de la vida misma. Ahora, le concernía mantener el orden, tanto en el mundo humano, como en el mundo demoníaco. No sería tarea fácil, sin embargo, Urameshi tampoco era uno de esos clásicos muchachos aburridos. Flojo quizás, pero no aburrido. Y también era fuerte. Era él el postulante idóneo para cuidar de aquel mundo, ahí donde residían las almas sorpresas cuales cajas de Pandora…
Status #1
Es posible encontrar paz, cuando una mujer latosa finalmente cede al llamado de Hipnos.
Thought #1
«A girl can be complicated sometimes».
Thought.
«No bastó con jurar, sino que también tenía que demostrar. Entonces, me sentí cansado, harto de tener que ir y venir en la misma dirección, ¿para qué? Ya no me complacía nada, tampoco vivía para complacer. Solamente hacía eso, respiraba, esperando a que un día, el corazón dejara de latir».
﹟₁ / Tʜᴇ ᴠᴇʀʏ ғɪʀsᴛ ᴅᴀʏ.
La señora Selene decidió encomendarle a donde mejor pertenecía. No tenía vuelta atrás.
Él se encontró en el bosque Puzzlewood donde su nuevo hogar, le esperaba. Existían rumores de otros seres que habitaban el mismo sitio, no obstante, poco le importó la situación. Necesitaba un sitio lleno de paz, en el cual, solamente sus hermanos lycan podían ser capaces de encontrarlo. No deseaba ser parte de los disturbios, aunque bien supo que su presencia sería requerida en cualquier momento. Talbot pidió que su morada tuviese todo lo indispensable, más la pregunta era, ¿para qué? Su naturaleza lobuna no requería nada de esos servicios.
¿La realidad? Ese hombre velaba por el futuro que esperaba, se le concedieran tras dos años de injusto pesar. Una niña con cabellos tan oscuros como el ébano, con ojos luminosos, los más bellos que pudo haber visto jamás; una pequeña que resultó el producto de su encuentro con una mujer quimérica; las diferencias consiguieron hacer mucho impacto en su relación al grado, de que su pequeña niña de jade, resultó ser arrebatada de las manos de su progenitor sin dar pista alguna de su ubicación, a excepción de un detalle, una palabra más bien: «Amatista».
Talbot luchaba día tras día para resolver ese acertijo y quizás así, encontrarse con lo único que le mantenía con vida y presente en su actividad como Philodox.
La locación del hombre pareció imponerse en el frondoso bosque, con la madera siendo lo más evidente y en el interior, habitaciones cómodas y una biblioteca donde «La Letanía» asomó gallarda, opacando al resto. Un tragaluces y ventanales, brindaron iluminación, resultando un gran apoyo durante el día.
En un rincón especial, la decoración más sutil envuelta en un toque femenino, no para él, sino para la pequeña que no podía olvidar, aparecía en la vista del lobo, obsequiándole un momento de pura calma.
Para su fortuna, la paz reinó. No eran tiempos de guerra así que, de manera austera, las visitas se hacían presentes. Era preferible estar en un entorno tranquilo, aún si su llegada no fue percibida como tal; no le molestó, no era indispensable hacerse como un personaje importante.
Estaba al tanto de sus hermanos licántropos; Sí, Talbot inspiró profundamente al recordar a su familia. Absorbió el aroma de las afueras, siendo la carne y el sudor de sus iguales, lo que le hizo mantenerse alerta a cualquier situación donde ellos fueran involucrados. Era difícil no querer realizar visita alguna a los pobres que cayeron en malos pasos...
El lycan aprovechó la soledad reciente. Cada recuerdo lo llevó al punto donde reconocía que el mundo seguía girando; perdido en los sueños donde los fantasmas iban y venían, donde los recuerdos le abandonaron más pronto de lo que demoraban en llegar; un hombre que tenía vagas esperanzas descansaba mirando al exterior, leyendo todo lo que pudiese, recabando vestigios de información. Así era la vida sosegada de Talbot.
Todo detalle en ese punto de su infortunada existencia, era bienvenido. La vida misma le había resultado fría e indiferente a su sentir, así que ¿por qué no luchar para poder obtener lo que con mucha posibilidad, le hacía feliz? No, no se trataba de un amor común como cualquiera pensaría, sino de esa verdadera unión entre la sangre, entre lo que resultaba la conexión más poderosa: La relación entre un padre y su hija única. Una niña perdida, alejada sin pensar en consecuencias y por ende, sin la protección de algún guardián...;Talbot tuvo un vuelco en el corazón.
Tras una noche llena de pesadez, suspiró y poco a poco, los ojos fueron completamente sellados. Probablemente, tendría que lidiar y cuidar el honor de sus similares o quizás, la vida le entregaría la llave para encontrar a la princesa que no vio crecer durante cierto tiempo.
Lux Aeterna.
Había vivido mucho más que cualquier otro ser, sobre todo si la comparación era con un humano; siempre al tanto de lo que ocurría en el mundo, notando cambios que favorecían y desfavorecían a su raza, no obstante, la vida se hacía cada vez más compleja de llevar. Siempre se consideró, con apoyo de su señora Luna, un partidario justo, que decidía aconsejar incluso al alma más moribunda que le visitara, dejando a un lado su sentir, viviendo crudezas y desajenándose de estas. Fue entonces, que cerca del milenio que vivía, una oportunidad rezumó y brotó como las semillas del granado; él no dudó en tomarla para sí mismo, teniendo en cuenta que quizás, todos esos años bien vividos le servirían finalmente. Y así fue. La Luna Media sonreía gratificante ante la escalada de uno de sus hijos prometedores. ¿Y quién sabe? Las responsabilidades de una manada recaerían sobre él, serían liderados con Cuando más le necesitaban, él disponía la última decisión, la misma que llevaría, si así lo deseaban, a la mismísima gloria entre leyes. Debates y discusiones acabaron zanjados cuando él entregaba la última palabra. Había disconformidades, pero el tiempo transcurrido, les entregaba el sosiego al darse cuenta, que la paz, resurgía. Cuando era hora, sus hermanos recibían la capa honoraria para hacer relucir a la raza. Ningún veneno, ninguna herida, era capaz de conseguir derrotar a los fieles licántropos, esos guerreros que eran comandados con todo. Ahí fue que conoció a Gael, un guerrero dispuesto a todo y al cual le recitó rumbos correctos para las circunstancias que agobiaban durante su primer encuentro. Fue entonces cuando se forjó una alianza basada en muchas noches en vela, de pensamientos y sobre todo, paciencia, pues un dictamen erróneo, podía ser fatal. Así era él, un Philodox sabio, sereno, que resolvía disputas y advertía las consecuencias de faltar a las normas ya establecidas. Vivía como la Luna le ordenara, como sus allegados requerían y bien, como él mismo había sido creado para ser siempre teniendo en cuenta la imparcialidad en los temas a tratar. Una vida que parecía sencilla, pero que por la cual, muchos fallarían en llevar a cabo.
— 𝙼𝚘𝚖𝚎𝚗𝚝𝚘𝚜 𝚎𝚡𝚊𝚌𝚝𝚘𝚜.
25 de octubre del año 2016.
“Si fuera por mi vida, yo no me salvaría”.
Ahora miro el reino con desdén, sobre todo a la gente sonriendo, preocupada, enfadada... Ninguno de sus sentimientos me resulta familiar. He abandonado toda algarabía y me dedico a lo único por lo cual se me solicita.
Las peticiones llegan, las leo, desecho las que suenan repetitivas y encuentro una salida a todo el bullicio que me agobia y me causa intranquilidad. No deseo más ser un asesino, pero el dinero va y viene. Estoy solo, pero me alimento por dos. Me dispongo a los paseos, por dos. Me dedico a los viajes, imaginando que aún le tengo a mi lado. Quizás es una tontería, pero aún anhelo encontrarle. “El mundo es redondo”, eso me repito con insistencia.
Presentí, evidentemente. Predije muchas veces que de manera irremediable, la distancia sería lo suficiente para mantener a cada uno por caminos diferentes. Fue mi actitud, la poca capacidad para expresarme. Fui un indiferente ante tanto amor que se me entregó. Al final, decidí irme otra vez, como un tremendo cobarde. Como lo había hecho en repetidas ocasiones.
Ahora, emprendo caminatas incluso si la luna no brilla. Miro a la nada y creo sentir su pequeña mano sosteniendo la mía. Me embarga la tristeza, pero ¿no será ella feliz? Otra persona podrá besarle el alma, amarla como siempre se mereció, causarle risas de verdad. ¿Celos? ¿Envidia? Como todo hombre, lo siento, aunque ¿no es justo dejar ir a la persona que siempre amé y amaré? Pensando en su bienestar, en que puede ser digna de una felicidad plena, llena de alegrías.
Mi vida ha dejado de ser la misma. Ahora, no solamente tengo el malhumor día tras día, sino que no encuentro sentido para continuar. Me he rendido, dedico lo que me queda a cumplir órdenes, a ignorarlas, sabiendo las consecuencias que eso pueda traer.
Aún después de todo este tiempo, estoy tratando de asimilar que ella se ha ido. Que no está más su aroma ni su calor a un lado del lecho que compartíamos. He estado pensando más de lo que debo, he estado sintiendo como no lo había hecho y ahora, no está. No está más, no lo estará. Quizás, el destino quiso que todo sucediese de esa forma, para darme una lección que sin duda, no lograría olvidar.
Mi pequeña excéntrica, deseo que te conviertas en la persona más feliz de todos los mundos habidos y por haber, incluso si yo no soy parte de tu vida.
— S. K.