La carta que nunca leerá.
Es estupido creer que podemos mentir a nosotros mismos y es eso lo que he estado haciendo o al menos tratando, he querido ocultar de mi misma mis verdaderos sentimientos, he tratado de ignorar cuanto a dolido, para ver si así desaparece, he tapado mis oídos cuando mi mente grita lo que piensa, he tratado pasarte por alto, pero mira, mirame amor, no he podido.
Quizá y sí te permita leer ésto, porque no niego que me causa curiosidad ver tu reacción, observarte mientras pasas tu mirada por cada renglón, y tú sabiendo que el título de éste texto realmente lleva tu nombre.
Créeme por favor cuando te digo que me alegra saber que con ella eres feliz, créeme cuando te digo que les deseo las mejores cosas, créeme, porque yo creo en ti y en esa sonrisa que derriba tristezas yo creo en esos ojos que transmiten tanta paz, créeme que te quiero, yo lo creo cuando me lo dices tú.
No había querido escribir sobre todo lo sucedido, quizá para no darle importancia, como dije al principio, quería pasarte por alto, pero no puedo; no puedo dejar de hablar sobre todo lo que contigo me permití vivir, que aunque fue poco el tiempo, la intensidad de cada sentimiento, de cada emoción fue tan verdadera, fue tan intensa, tan real, no se necesitó de años, bastaron unos pequeños momentos para que yo esté aquí en plena madrugada dedicandote letras.
Quiero decirte que realmente me encantó conocerte, ten por seguro que mis labios formaran una sonrisa cuando escuche a alguien mencionar tu nombre; el miedo a perderte aún no se me va, aunque yo irónicamente soy quien se aleja, pero cariño, es sin intención siento que es como una forma de defensa o más bien de protección, me da miedo salir lastimada, no encuentro la forma correcta de actuar, tenme paciencia que trabajaré en ello.
Independientemente de lo que suceda, te quise, te quiero y te voy a querer.