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@aguaycristal
Ausencia y permanencia
Este fragmento de la película Up retrata un día en la vida de Carl Fredricksen tras la muerte de su mujer, cuya pérdida se convierte en el leitmotiv de dicho retal. La historia se representa con una sucesión de planos en los que predomina un marcado eje central que, más que dividir la escena en dos realidades completamente contrapuestas como lo son el lleno y el vacío, la vida y la muerte, parece contar la historia de una simetría incompleta, una única realidad que ha sido despojada de una de sus partes, como una perfecta mariposa cortada por la mitad.
No se trata de una contraposición pues, sino de la reminiscencia de un pasado no muy lejano. El plano de la cama, con la mitad que pertenece al viejo Fredricksen cuidadosamente compuesta con objetos, con el despertador, la montaña de libros debajo de la mesa, las cajas de pastillas, el bastón y las zapatillas colocadas a los pies de la cama, y la mitad que pertenecía –y que en realidad, sigue perteneciendo incluso con más fuerza- a su mujer, cuidadosamente vaciada de todo enser, en la que tan sólo aparece una lámpara encima de la mesita que parece no haber sido encendida en años y que, si pudiéramos asomarnos por encima de ella seguramente comprobaríamos que ya ha sido despojada de su bombilla.
Exactamente lo mismo ocurre en el plano del desayuno, en el que además la luz que entra por la ventana, tamizada por la cortina, ilumina la parte de la mesa y la silla vacías, dándole el protagonismo que un foco le da a la soprano cuando el resto de voces quedan en silencio y las luces se apagan. También en la escena anterior aparecía iluminado el lado vacío de la cama, pero la forma de incidir y el lirismo de la luz de la cocina otorga al plano una atmósfera más escenográfica. Viene a la mente la imagen de Montserrat Caballé dando vida a Norma en el aria Casta Diva. Fredricksen asiste desde la sombra a la protagonista de la historia, la ausencia de su mujer, presente también en el plano donde el viejo aparece limpiando la ventana y no está ella en el otro lado, moviendo el trapo en círculos a su compás dibujando una perfecta coreografía.
Es de esta manera como este fragmento de la película representa la pérdida de un ser querido. No bastaba con su propia ausencia, era imprescindible que ningún objeto contaminara con su presencia la parte que le pertenece. No podía aparecer un libro, ni tan siquiera un reloj encima de su mesita de noche; en su mitad de la cama el edredón debía aparecer impoluto, sin tan siquiera una arruga; ningún objeto podía ocupar la parte de la mesa que le corresponde, ensuciando su inmaculada ausencia. Es una historia de personas y enseres, de pérdida, de ausencia y permanencia.