Cruzó los brazos y observó el panorama, cualquier cosa que no sea el hombre que tenía al frente y que lo hacía sentir incómodo con tanta atención dedicada al movimiento de sus labios. Cuando por fin el otro empezó a hablar con su pobre y esforzado léxico, volvió a estudiarlo con suma seriedad — No sé qué te habrán dicho, pero … — Abrió los ojos al creer darse cuenta de algo — ¿Eres gay y buscas ayuda? Entiendo que estés avergonzado pero no hay necesidad de poner las clases de baile como pretexto, en serio — Dijo con una expresión casi compasiva, la misma que regalaba a cada uno de sus pacientes — Exactamente, un cambio.
Las actitudes del otro sujeto habían pasado desapercibidas por su persona, hasta que la nueva pregunta llegó hasta él. De haber sido alguien más, se hubiese ofendido, como mínimo. Pero el otro hombre prueba alguna no tenía y sabía, los estadounidenses solían ser igual de problemáticos con ese tema como los cubanos— No... no vengo por eso, de verdad... y no en negación, enamorado yo... de una señorita —admitió con una sonrisa boba en los labios en pensar en cierta fémina— ¿Cómo a ti hacerte... entender? ¡Salsa! ¡Clases! —A punto de rendirse estaba cuando una sonrisa brillante apareció en sus labios, curvándolos de forma alegre— ¡Ya sé! Clase Gratis...











