Es tan inevitable sentir a veces, hacerse el fuerte y esconder todo lo que se siente solo por el temor a perder. A veces dudo y me tengo miedo. Mi manera de soltar conlleva un lÃmite del cual no estoy orgullosa: permito que me lastimen, que las actitudes del otro me destruyan. Qué idiota al pensar que todo puede mejorar con el tiempo, cuando ese final ya está escrito. Quedar con las ganas de hacerlo y que luego la otra parte decida ya no continuar.
No busco culpables y espero que nadie los busque; esto es de parte y parte. No nos podemos aferrar cuando todas las señales se han presentado desde un inicio, pero hago caso omiso, me vendo los ojos y entrego todo de mÃ, arriesgándolo todo.
Qué tan hermoso es conocer a alguien de cero y que, con el pasar del tiempo, te des cuenta de que se pueden vivir muchas primeras veces. Se puede tener un nuevo amor de la vida; fallamos al pensar que solo hay uno. SÃ, estuvo ese alguien a quien amamos perdidamente, que, por más malo o bueno que haya sido lo vivido, fue quien te enseñó una forma de ver el amor y de amar también. Pero no podemos pretender que es la única manera.
Agradezco a mi primer amor por mostrarme su forma de amar. Lo probable es que no vuelva a amar de esa manera, o que mi amor se intensifique y sea mejor. Es indescriptible el sentimiento de ver cómo se pasa de estar en todo y para todo, y luego sentir que todo se vuelve desconocido. Es un temor que tengo. Sé que no se llega a conocer a alguien con plenitud, pero duele que lo poco que sabes, distingues y conoces se desvanezca en un abrir y cerrar de ojos.














