Roma sin romance
Habían pasado apenas unos días desde que terminaron las clases cuando decidí irme a Roma. Se acercaba la Navidad, yo tenía poco dinero y el viaje parecía pertenecer a esa clase de deseos que uno guarda para después, cuando la vida esté más ordenada. Pero una semana antes de partir ocurrió algo inesperado: alguien me pagó una deuda que llevaba más de un año cobrando. No era una fortuna, pero fue…







