Intentó sonreírle, pues en ese momento lagrimas no servirían de nada. Sunshine lo sabía, pero ver a la mujer que amaba en ese estado no ayudaba mucho a su compostura. Tenía que ser fuerte, fuerte para ella. La apretó contra su pecho, acariciando su cabello y la tomó de las piernas; caminó hasta el andén, pues sabía que si seguían allí, iban a ser atropelladas tarde que temprano.– Sé que lo estarás. Vas a estar bien ¿me escuchas?– dijo, mientras ponía una mano en su mejilla y dejaba suaves caricias allí– No voy a dejar que nada malo te pase, no otra vez. Estaré pegada a ti día y noche. Esto no volverá a pasar; te lo prometo.– Le susurró al oído, mientras la poca paciencia que tenía se iba haciendo cada vez más corta al ver que la ambulancia no llegaba y que su novia se desangraba.
Se hundió en el abrazo, sintiéndose segura estando entre sus brazos. Respiró hondo, tratando de que el dolor se disipara, pero las lágrimas comenzaron a brotar por sus ojos de nuevo. Cuando Sunshine la tomó para llevarla al andén, soltó un quejido de dolor, ya que todo el cuerpo estaba cubierto en heridas y le costaba trabajo aspirar aire, sin embargo le volvió a sonreír ya que no quería que se sintiera mal, no quería verla llorar. —Estoy bien, Sunny... E-en serio. —Le susurró, frunciendo el ceño, antes de acariciar su mejilla. —Le pudo pasar a cualquiera, el Tirano... Es así, simplemente escoge víctimas y las hace sufrir por gusto... Te juro que estaré bien.












