Alv esta si sera una gran batalla :'v #savemartha ?
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las capturas de pantalla de mis dos juegos para 3DS favoritos jajaja juas juas jaaaaaaa  ( screenshots of my two favorite games for 3DS lol juas juas jaaaaaaa
las capturas de pantalla de mis dos juegos para 3DS favoritos jajaja juas juas jaaaaaaa  ( screenshots of my two favorite games for 3DS lol juas juas jaaaaaaa)
Truth or Dare
Okay, now it’s your turn!” Chloe cheered loudly.
“Sssshhh! You’re going to wake up your mom,” said Krissie.
“Oops, sorry. Teehee… So truth or dare?”
“Erm… truth…” Krissie seemed to be hesitating, but Chloe couldn’t have it.
“Why truth? That’s boring! You never pick dare… Chicken!”
“But I…”
“Chicken! Chicken!” Chloe crossed her arms and turned away.
“Fine. Dare then. What do you want me to do?”
“I want you to… Go to my mother’s room, flicker the lights and slam the bedroom door shut,” Chloe pointed towards the door in the hallway. Right next to Chloe’s bedroom, facing the stairs. “Just to scare my mother, because she forbade us to talk so late at night,”
“Are you sure?” Asked Krissie. “Won’t I get caught? Maybe she’ll find out we’ve been up all this time. Maybe she’ll get mad and maybe I won’t be able to come over anymore,”
“Why of course not, silly! She’ll probably blame me anyways. Now go for it, go,”
Krissie went into the hallway and as Chloe said, she flickered the lights, closed the bedroom door with a loud slam, enjoying the sound of her mother’s loud gasp and returned to Chloe’s bedroom, closing the door behind her. They giggled together about what Krissie just did.
The giggling stopped when Chloe’s mother had found her way to the hallway, stomping towards Chloe’s room frustrated. Chloe quickly gathered the Ouija board, candles, books and other mickmack, threw it in a corner, jumped in her bed and pretended to be asleep.
Her mother opened the door, about to say something, but didn’t. She sighed, stood there for a second, then closed the door again. She retrieved to her bedroom, went back to sleep, keeping the lights on and the door closed this time.
After a few minutes Chloe crawled out of bed quietly, grabbed the Ouija board and searched the ground for the playing chart. She then sat down in the middle of the room again, lighting four candles and spelling out the words:
“That was a close call,” on the Ouija board.
¿Qué hace a un monstruo un monstruo?
Por favor, no me preguntes en dónde trabajo. No te diré la escuela. No te diré la ciudad. Ni siquiera te diré el estado. Es mejor que no lo sepas.
Trabajo como oficial de policĂa del campus. «CamPo», como nos llaman los estudiantes. Y he visto cosas. TĂş pensarĂas que es un trabajo fácil, cuidar a chicos blancos acomodados y privilegiados haciendo cosas de chicos blancos acomodados y privilegiados. Pero no lo es. Es aterrador. Y creo que eso es porque estuvimos condicionados a creer que los monstruos deben mostrarse a sĂ mismos. Que podemos distinguirlos de una multitud.
«Dibuja un monstruo. ÂżPor quĂ© es un monstruo?». Janice Lee dijo eso. Y esa es una pregunta válida. ÂżQuĂ© hace a un monstruo un monstruo? Estamos acostumbrados a categorizar a los monstruos como esas cosas deformadas y grotescas. Pero la verdad es que los monstruos reales no se ven asĂ. Se ven como gente normal. Se ven como tu vecino, se ven como tu madre, se ven como tu padre. Y, a veces, se ven como chicos blancos acomodados y privilegiados.
Su nombre era Joshua Simmons. Ese no es un nombre falso. SĂ© que no es Ă©tico usar nombres reales en este tipo de cosas, pero Ă©l no se merece la cortesĂa del anonimato. No importa, de todos modos. No vas a encontrar nada en Ă©l. Sus padres se aseguraron de eso. Incluso despuĂ©s de todo, supongo que el dinero hace que el mundo se mueva, y el universo se lo comiĂł. Pero estoy adelantándome.
Joshua Simmons se veĂa como alguien normal. Y para todos los efectos, eso es exactamente lo que era. Un hombre adulto joven de la variedad de fraternidades que pensaba que el mundo se trataba sobre Ă©l. Ya conoces ese tipo. Y eso es lo que opinaba sobre Ă©l, hasta que las chicas empezaron a entrar.
HabĂan demasiadas. Dios, habĂan tantas. Primero, segundo, tercer y cuarto año. Chicas que iban a esa escuela y chicas que no. Y todas ellas tenĂan dos cosas en comĂşn, y eso era que cada una tenĂa algo que les faltaba que se supone que debĂa estar ahĂ, algo desagradable pero importante, y que cada una de ellas estaba ahĂ para hablar de Joshua Simmons. Y tuve que escuchar cada una de sus historias, y tuve que tratar de decirles que a menos que estuvieran dispuestas a testificar, no harĂamos ni una maldita cosa.
Creo que… creo que al principio no querĂa creer que era Ă©l. Que pudiera ser Ă©l, pudiera ser alguien que conocĂa, alguien que veĂa todos los dĂas. No querĂa creer que Ă©l podĂa caminar sobre las escenas de sus crĂmenes como si nada estuviera mal, como si fuera otro dĂa más. QuerĂa pensar que era alguien más, un intruso, un desconocido o, si era un estudiante, uno de mis estudiantes; al menos que se sintieran culpables por eso. Que se los estaba comiendo la culpa. Que no pudieran ir a clase, que ni siquiera pudieran levantarse sin vomitar despuĂ©s de hacer algo asĂ. Pero Joshua sĂ fue a clase, y lo hizo bien. JugĂł en todos los partidos de fĂştbol del equipo. Fue a todas las fiestas. SiguiĂł viviendo la vida como si nadie pudiera tocarlo. Y por un largo, largo tiempo, no pudimos.
Y luego Amy apareció. A diferencia de Joshua, Amy no es su verdadero nombre, y no te voy a decir cuál es. Es todo lo que pude hacer por ella, pero se merece ese poco.
Amy no era como las demás «No como las demás chicas»… es un dicho que nunca tolerĂ©. ÂżQuĂ© significa, «como las demás chicas»? No significa nada. Es un Ăndice que usan los idiotas para describir a sus manĂacas chicas mágicas. Pero cuando digo eso, no me refiero a que no fue como ninguna otra chica antes. Digo que no era como las chicas que vinieron despuĂ©s.
HabĂa algo en ella que me ponĂa nervioso, hacĂa que se me pusieran los pelos de la nuca de punta. Algo peligroso en la forma en que veĂa a las personas, como si hubiera perdido todo y más. «Nunca pongas a alguien con la espalda contra la pared». Mi padre solĂa decir eso todo el tiempo. «Nunca pongas a alguien en la posiciĂłn donde no tienen nada que perder y todo que ganar». No era la forma en que ella actuaba, exactamente. Si tuviera que resumirlo todo a una sola cosa, dirĂa que eran sus ojos. Dicen que los ojos son la ventana del alma, y si eso es cierto, no sĂ© quĂ© dirĂa sobre ella, porque sus ojos estaban muertos. FrĂos y sin emociĂłn y salvajes, como si pudiera arrancarte la garganta con sus dientes sin siquiera parpadear. Y la diferencia entre Amy y las demás chicas es que ella estaba lista para testificar.
El juicio fue en noviembre, justo antes del DĂa de AcciĂłn de Gracias, y recuerdo que no tenĂa nada para agradecer. No por estas chicas. Y Amy contĂł su historia. No llorĂł. Su voz no se estremeciĂł. Ella ni siquiera mirĂł a Joshua Simmons, sentándose tres metros lejos de ella, sonriendo como si supiera que era intocable. Ella contĂł su historia y el cuarto entero estaba en silencio. Y cuando terminĂł, se sentĂł ahĂ en silencio hasta que el abogado le hizo unas preguntas; e incluso esas las respondiĂł tan calmada como era posible. Y cuando fue descartada y se fue a sentar, la audiencia entera comenzĂł a hablar en voz baja hasta que el juez pidiĂł orden en la sala.
El resto del juicio fue un borrĂłn. SĂ© que habĂa testigos que estaban ahĂ para atestiguar la integridad de Joshua. SĂ© que sus amigos estaban ahĂ para excusarlo. SĂ© que Joshua Simmons se comportĂł tan arrogante como podĂa ser, y sĂ© que querĂa usar la Biblia sobre la que Ă©l habĂa jurado para aventársela a la cara convirtiĂ©ndola en una pulpa sangrienta. Pero no recuerdo las preguntas que hicieron, ni las respuestas que dieron. No recuerdo nada desde la mirada que Amy me dio luego de testificar. DespuĂ©s de eso, recuerdo haber esperado, sostenido mi respiraciĂłn, rezado por que el juez tomara la decisiĂłn correcta. Recuerdo pensar que la verdad estaba justo ahĂ, tan cerca que genuinamente cualquier persona podrĂa verla. ÂżCĂłmo no podrĂan?
Joshua Simmons fue declarado inocente. Y en ese momento, lo supe. Supe lo que significaba para alguien estar sobre la ley. Supe lo que significaba para alguien ser intocable. Y querĂa matarlo. QuerĂa estrangularlo, borrándole esa media sonrisa arrogante en su cara y hacerle entender lo que significaba tener miedo. Pero no lo hice. Porque soy un oficial de la ley y eso significa seguirla aunque no estĂ© de acuerdo con ella. «Bueno —pensé—, hicimos lo que pudimos». Pero en realidad no creĂa eso, y no se sentĂa de verdad. Pero no habĂa nada que pudiera hacer.
Y pensé que eso era todo hasta que recibà la llamada dos semanas después.
Encontraron a Joshua Simmons en una cabaña abandonada tres horas lejos del campus. Fueron capaces de salvarlo, pero creo que quizá esa fue la intenciĂłn de Amy a pesar de todo. Ella fue cuidadosa con la forma en la que lo lastimĂł. QuerĂa que Ă©l viviera con el recuerdo. QuerĂa que Ă©l viviera con las cicatrices.
Hubo un segundo juicio, por supuesto. Y recuerdo haber pensado: «AquĂ estamos de nuevo». Pero no era lo mismo. No realmente. Un crimen que nadie creĂa que fuera un crimen, y un acusado que nadie creĂa que fuera un criminal.
Amy volvió al estrado y calmada contó la historia como si estuviera hablando del clima, como si no tuviera contacto con la persona que lo hizo. O quizá como si no le importara. Como si estuviera más allá de importarle. Eso es algo que da miedo ver. Alguien que está más allá de importarle. Es como que la gente pierde un poco de lo que los hace humanos cuando llegan a ese punto.
DescribiĂł cĂłmo se acercĂł a Ă©l en la fiesta, cĂłmo le coqueteĂł, cĂłmo lo tentĂł. CĂłmo lo sedujo. HablĂł sobre cĂłmo le dio la bebida con droga. JugĂł con su deseo, y una vez que sus ojos se comenzaron a cerrar, le habĂa susurrado toda clase de fantasĂas en su oĂdo, que solo podrĂan cumplirse si Ă©l se iba con ella. Y lo hizo.
Lo condujo afuera de la fiesta hasta su auto. Para ese momento ya le costaba caminar. Para cuando llegaron a la cabaña de Amy, Ă©l no podĂa mantener los ojos abiertos, y lo supo. Supo que algo iba horriblemente mal. Pero no tenĂa la fuerza de voluntad para luchar contra eso. «¿QuĂ© me hiciste? —dijo arrastrando las palabras—. ÂżQuĂ© me hiciste?». Y Amy vio al juez directamente a los ojos al dar la respuesta a esa pregunta: «Oh, cielo, no te he hecho nada aĂşn, y no harĂ© nada más de lo que te mereces».
Lo metió en la cabaña y lo encadenó a la mesa del comedor. Cada miembro a cada pata del mueble. Luego esperó hasta que se despertara.
«Él gimiĂł como un banshee —dijo Amy—. Gritando y llorando como un bebĂ©. Y rogĂł. Oh, cĂłmo rogó». Pero Amy no habĂa hecho todo eso para negociar con Ă©l. No estaba interesada en un trato porque no habĂa nada que Ă©l pudiera ofrecer que ella quisiera. Ella tenĂa un propĂłsito en mente, y habĂa hecho un plan, y se iba a apegar a Ă©l.
«Paró de gritar cuando vio el cuchillo —dijo ella—. Empezó a susurrar como si estuviéramos en la iglesia. Pero he aprendido una cosa de todo esto, y es que Dios no es real. Y si lo es, no está escuchando ni una puta cosa de lo que decimos».
Ella dijo que Ă©l empezĂł a rezar. EmpezĂł a implorar. EmpezĂł a invocar a todas las deidades que conocĂa entre gritos.
«La piel era tan fácil de cortar, como papel de seda mojado rompiĂ©ndose bajo mi roce». Cuando terminĂł, dijo: «Su pene habĂa sido cortado en cuatro partes exactas, de forma perfecta. Como un hot dog cortado a lo largo». Ella sonriĂł a esto, la primera vez que vi que su cara se iluminĂł desde que entrĂł a mi oficina. El dĂa en que todo cambiĂł.
No lo hizo todo de una vez. Él seguĂa alternando entre desmayarse y despertarse en una niebla, demasiado drogado con las endorfinas que su cerebro estaba liberando para entender quĂ© estaba pasando. Ella esperĂł, esperĂł hasta que Ă©l se diera cuenta del horror que venĂa.
«Le preguntĂ© si querĂa —dijo, y su voz se volviĂł atroz—. Le preguntĂ© si querĂa que continuara, y dijo que no, y lo hice de todos modos. Le dije que seguro que lo querĂa porque su pene estaba duro cuando empecĂ© y siguiĂł asĂ hasta que terminé».
Siguieron los testĂculos. UsĂł un escalpelo para separarlas el una del otra, y luego usĂł un martillo para destruirlos. Y cuando estaban aplanados, los cortĂł y aserrĂł las cuatro partes de su pene y le dijo que se los comiera. «Ponlos en tu boca —dijo—. Ponlos en tu boca y chupa. ÂżNo es eso lo que me dijiste a mĂ? ÂżNo fue eso lo que le dijiste a las otras chicas?». Él estaba llorando y ella forzĂł esos pedazos sangrientos dentro de su boca. EmpujĂł y le tapĂł la nariz. Y se los comiĂł. Le hizo comer sus propios genitales, y lo hizo muy cuidadosamente. Lo hizo tomar cada gota de su propia sangre.
Luego llamĂł a los reporteros. No les dijo lo que encontrarĂan, solo que seguramente querĂan ser los primeros en descubrir la noticia. Les dijo adĂłnde ir y cĂłmo llegar ahĂ. Que la puerta estaba abierta. Que trajeran sus cámaras. DespuĂ©s condujo a la estaciĂłn de policĂa, con ropa sangrienta y todo, y se entregĂł.
«El bastardo ni siquiera me recordaba», se rio Amy. Recuerdo esa parte distintivamente. Se oĂa como cuando estás más allá de que te importe.
«Ni siquiera me recordaba. Ni siquiera recordaba mi nombre».
De todo lo que dijo, eso fue lo que más me enfermó. Loco, ¿no? Como la cosa más inofensiva puede ser lo que te empuja al nerviosismo.
El juez volviĂł antes de que se cumpliera una hora. Inocente por razones de locura. Y querĂa llamarlo una victoria, pero luego recordĂ© la forma en la que Amy se rio, y supe que no era una victoria. Porque no habĂa perdido el juicio, habĂa perdido algo más importante y mucho más definitivo que una decisiĂłn en la corte. Y cuando la estaban llevando lejos, me mirĂł y sonriĂł.
A veces me pregunto cuántas chicas habĂa. Cuántas no declararon. Cuántas hasta este dĂa ni siquiera saben, no se acuerdan suficiente de esa noche para reunir las piezas y descubrir lo que les hicieron. Me pregunto cuántas chicas habrá salvado Amy. Me pregunto cuántas veces la persona equivocada cae por el costo de la retribuciĂłn. Me pregunto cuántas veces el precio es algo que no puede ser devuelto. Y no sĂ©. No lo sĂ©.
No se confundan, Joshua Simmons es cien por ciento el antagonista de esta historia. Las cosas que hizo fueron más allá de lo monstruoso. Pero la peor cosa de todo esto es que no sĂ© si Joshua era un monstruo. Creo que podrĂas hacer un caso con eso. Pero a veces me siento en el balcĂłn a fumar y a preguntarme si Ă©l simplemente era una persona.
Quiero creer que el mal es el verdadero culpable, que las personas son solo un conducto para que la oscuridad actĂşe a travĂ©s de ellos. Eso hace a las cosas más fáciles. Eso hace que sea más fácil declarar, superarlo. «Lo hizo sin pensar». «Él no sabĂa quĂ© estaba haciendo». «AprendiĂł su lecciĂłn». Si la persona no está viciada por sĂ, entonces hay una fuerza exterior actuando sobre esa persona.
Y quiero creer en eso, pero creo que la verdad es que Ă©l sĂ estaba pensando, que sabĂa quĂ© estaba haciendo, que la Ăşnica cosa que aprendiĂł es a no ser visto la prĂłxima vez. Porque con gente como Joshua, siempre hay una prĂłxima vez.
Si no es una fuerza del exterior, si no hay otra persona que hizo que Joshua hiciera las cosas que hizo, entonces fue él. Solo fue una persona. No un monstruo. Solo un hombre.
Y lo que asusta es que eso es lo que somos, solo personas. Y si Joshua pudo hacerlo, ¿entonces quién dice que no podemos? ¿Quién dice que no podemos tomar a una persona como Amy y destruir su humanidad?
ÂżQuĂ© hace a un monstruo un monstruo? Estamos acostumbrados a categorizar a los monstruos como esas cosas deformadas y grotescas. Pero la verdad es que los monstruos reales no se ven asĂ. Se ven como gente normal. Se ven como tu vecino, se ven como tu madre, se ven como tu padre. Y a veces, se ven como la persona que ves en el espejo. Y eso es lo más aterrador de todo esto.
STREAM ON! gonna be streaming some pokemon comic stuff
ya no puedo esperar ha jugarlo :3
mierda desde que vi a cinthia en pokemon diamante me enamore de ella asi toda pixeliada y sexi (jeje que raro) la primera campeona de los juegos
dimenciones
fantamas.....yo digo dimenciones entrelazadas muchos ya sabemos que despues de la muerte hay un nada infinito  no hay dios no hay infierno solo queda lo que hacemos las acciones que hacemos en la vida repercuten en como seremos recordados yo pienso que una persona realmente mueres cuando se olvidan de ella.. mientras que existen millones de dimensiones alternas realidades paralela divirgentes o sobrepuestas ala nuestra todas ellas tecnicamente inobservable se ha teorisado  que todas las dimenciones funcionan con acciales y causales que repercuten en las demas que provocarian una misma accion un sinumero de veces con diferentes desenlaces una moneda cae de cara y cruz al mismo tiempo en una ciudad hay una gran proliferacion de agua mientras que del otro lado del velo es la ciudad mas seca del mundo entre estos hay infinitas posibilidades pero el velo que nos divide aveces se entreborran por esa razon las dimenciones se entrelazan por poco tiempo dejandonos ver levemente esos mundos y personas aquellos fenomenos paranormales fantasmas poltergeist y psicofonias podrian ser resultado de esos enborronamientos
muy buena cancion me hace vibrar