Nunca he tenido miedo de decir lo que pienso, pero esas pequeñas fracciones de mi ser, las que no le digo a todo el mundo, son las que me hacen ser quien soy. Pocos las conocen y no por egoísta sino por precavida, aún así irreparablemente llegaste a mi vida y sin darme cuenta había desnudado mi alma antes tus oscuros ojos, llenos de profundidad cual océano miraste cada pedazo de mi alma, las naufragaste, las moviste, las acariciaste, las admiraste, las transtornaste, las transformaste, ahora entro en profunda soledad cuando me miro al espejo y veo que esas partes te extrañan, sin embargo ahora las guardo a todos, por miedo a que sean usurpadas por otros ojos, por otras miradas.














